Las listas de los presuntos imputados por presuntos corruptos
Desde hace un tiempo he estado con la mosca detrás de la oreja, esperando a que en cualquier momento el motorista municipal tocara el timbre de mi puerta y me entregara la citación para ser presidente de mesa electoral; en las últimas ya lo fui. Creo que definitivamente no llegará.
En las primeras elecciones democráticas me tocó repetitivamente ser presidente de mesa una y otra vez; aquellas elecciones sí que eran una auténtica fiesta de la democracia. Y una y otra vez, repetíamos en las mesas electorales, el cura Antón, que era cura obrero, y un servidor que por entonces se sentía como el bachiller Sansón Carrasco, del Quijote. Afortunadamente en mi barrio ya hay más bachilleres, título requerido por lo visto para ser presidente de la cosa.
Hace unos días mi buen amigo Salvador, de profesión médico, se encontró conmigo y muy circunspecto, me preguntó: ¿te puedo hacer una pregunta? Le respondí: bueno, y dos si la primera es pequeña. Salvador me espetó: ¿Tú te presentas a las elecciones? Le contesté que no. Y me dijo: "Uf, pues me has quitado un peso de encima, pensaba que te habías vuelto loco. Ya decía que no podía ser que hubieras cambiado tanto". Le aclaré a mi amigo Salvador que me estaba confundiendo con otro Patricio, estupendo catedrático de Filosofía, que se apellida Peñalver Gómez y que se presenta por la candidatura de UPy D, y que aunque entre patricios andaba el juego, yo me apellido Peñalver Ortega. Y ahí quedó la cosa y la anécdota de otra confusión más, de las cientos, entre mi tocayo y yo.
No me presentó, pues, a las elecciones, y sin embargo estoy pensando en presentarme a las próximas, por la cantidad de perras que pierdo con la cosa política si ser político; espero ofertas.
En estas elecciones municipales y autonómicas, en las que se presentan más de un centenar de imputados por corrupción, en algunas localidades o autonomías, da grima votar. Y mucha más irritación puede uno sentir cuando escucha, a ciertos dirigentes, que dicen que las urnas les absolverán. Y puede que así políticamente sea, a tenor, de aquellos votantes que van a la urna con anteojeras. Sin embargo, una cosa son las decisiones políticas y otras las judiciales. La absolución o la condena, sólo la justicia la puede impartir. Ojala los jueces no se dejen impresionar por esa presión encubierta.
De un tiempo a esta parte, estamos asistiendo a una berlusconización de la política española, especialmente en la zona levantina. Y mucho más anacrónica puede resultar esta situación, después de leer una importante encuesta, en la que se analiza que "los españoles rechazan mayoritariamente que haya políticos imputados en las listas electorales, aunque luego no castiguen en las listas a los partidos que lo hagan. Hasta un 83% de los ciudadanos considera que esas candidaturas no deben de incluir a personas con procesos judiciales abiertos".
La presunta corrupción de los presuntos corruptos por presuntos imputados de los presuntos, presuntos, por utilizar una terminología kalkiana, nos deja un panorama abstruso. Si ética no hay estética y estas listas nos pintan un cuadro muy sombrío. Cada vez se hace más necesaria una regeneración democrática. No sé si el escenario podría aminorase con la posibilidad de poder votar a las personas más que a los partidos, con la posibilidad de incluir listas abiertas, y tampoco entiendo porqué los partidos mayoritarios no plantean esta posibilidad. Lo que sí sé es que hay cientos y cientos de votantes que votan a sus siglas y a su partido aunque las encabece el Tato. ¿Por cierto quién es el Tato?