Cada concierto de Paco de Lucía se transforma en una gran fiesta flamenca, en un gozo inigualable ético y estético para los sentidos, y como no podía ser de otra manera en el Auditorio de Murcia, con el recuerdo de su soberbio recital en el último Festival del cantes de las Minas de La Unión, se le esperaba con ganas y con todo el papel vendido.
Nada más salir al escenario ya recibió un atronador aplauso; comenzó a templar la guitarra y de repente una voz sonora, exclamó: "monstruo". A la que Paco, siempre parco en palabras sobre el escenario, le respondió con guasa gaditana: "Eso me lo dices después en la calle". Ahí estaba plantado, solo ante el peligro escénico, toda una leyenda viva, todo un referente mundial, para muchos la mejor guitarra de todos los tiempos del flamenco. Nos llegaba Paco de Lucía, a punto de cumplir los 63 años, del Teatro Real de Madrid, en la que había ejercido de embajador ante la candidatura presentada ante la UNESCO para declarar el flamenco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, que apoyan conjuntamente Andalucía, Extremadura y Murcia. Y ahí estaba la guitarra universal de Paco, ya patrimonio de la Humanidad, comenzando su vuelo estratosférico. Ahí estaba todo un genio y maestro que cada día que sube al escenario lo hace con su mono de trabajo: sus pantalones y chaleco negro y su camisa blanca. Y comenzaba la gran faena, arrancándose por un toque por mineras, templando los tiempos con sus falsetas poderosas, rematando por fandangos de Huelva, buscando los sonidos limpios que muy pronto encontraba y que ya no le abandonaron en toda la noche. Comenzaba un largo recorrido con su fenomenal grupo, por su discografía, por bulerías, alegrías, siguiriyas, rumbas y tangos. Y se lucían las voces de Duquende y David de la Jacoba en la bulería "Volar", por un lado la ya muy veterana de Duquende alcanzando a veces agudos imposibles y la más joven de David, también de estilo camaronero, con la percusión precisa y perfecta rítmicamente del cajón flamenco de "El Piraña", cuando interpretaban otro tema mítico como "Canastera".
Improvisaba Paco de Lucía, que de pronto pasaba de un "palo" rítmico a otro como el rayo que no cesa, con esos largos fraseos y esos riffs, marca de la casa, divirtiéndose con sus músicos, dándoles protagonismo, ora con el portentoso sonido del bajo de de Alaín Pérez; ora con la siempre sorprendente armónica de Antonio Serrano "El Boquerón". Hasta que le tocaba el turno al bailaor Farruco, que en un rectángulo de apenas un par de metros, bailaba magníficamente por bulerías y siguiriyas, con un taconeo poderoso y unos brillantes desplantes que deleitaban a los espectadores, siendo muy aplaudido. El maestro, que se mostraba muy contento, comenzaba a presentar a sus músicos para que recibieran su recompensa en una salva de aplausos mientras realizaban un solo instrumental. Y ahora era el momento de su segundo guitarra Antonio Sánchez, que demostraba su gran talento para ser un primer guitarra. Antonio tiene un buen maestro: es nada menos que sobrino de un tal Francisco Sánchez Gómez, conocido artísticamente como Paco de Lucía. Y a la noche se le fue mano. ¡Benditas manos!, y después de más de dos horas, con un descanso de quince minutos, todos queríamos más. Se retiro el maestro en loor de aplausos con el público puesto en pie y después de cinco minutos de insistencia palmera al compás del respetable, volvió a salir y llegó el éxtasis con esa banda sonora que forma parte de nuestra educación sentimental, sonaba "Entre dos aguas", esa pieza con la que muchos guitarristas ha comenzado a querer ser algo en el planeta de los cabales. Un gran concierto, una gran fiesta flamenca, y al final ante los camerinos, un pequeño ritual. Unos cuantos guitarristas esperaban que Paco de Lucía bautizara su instrumento con su firma, entre ellos uno muy especial y muy bueno, el sevillano Antonio Carrión, con su hija Inma. Ni que decir, que el maestro también cumplió fuera del escenario. Al final el público salió contento y feliz con la sensación de haber estado ante una leyenda viva, que ya es historia, más allá de la leyenda del tiempo.
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