No sé sí como decía el poeta cualquier tiempo pasado fue mejor, pero el caso es que a veces el tiempo parece que vuela, de pronto se nos ha ido el verano y ya tenemos las primeras hojas de otoño a punto de caer, sí hasta parece que fue ayer que los sindicatos anunciaron un Huelga General y ya la teníamos a la vuelta de la esquina, y ya pasó.
Se nos fue el verano y terminó mi periplo narrativo por los festivales flamencos de La Unión y Lo Ferro y la feria taurina de Murcia, terminaron mis escritos en torno a la cosa cañi: flamencos y toros, que a fin de cuentas es lo único que nos va a quedar como algo original, ante esa uniformidad cultural anglosajona que se nos sigue ofreciendo y consumimos compulsivamente en nuestra era postmoderna, sin apenas sentido crítico ni reflexivo.
Terminó mi periplo narrativo, decía, por los intricados caminos de la cosa cañi y ya estoy aquí de nuevo, en la sección opinión, con mis lectores que son pocos y no huyen y que tal vez ya me echaban de menos, o tal vez no.
Así que, ya una vez situado ante la pantalla del ordenador, viendo como parpadea intermitentemente el cursor, me he puesto a pensar en el tema que me tocaba escribir, y, entre pespuntes y pespuntes, todos los hilos me han llevado a una madeja; a un artículo veraniego, ya escrito, que se había quedado olvidado en el congelador. Y que continuación corto y pegó. El artículo se llamaba El libro del verano, el libro de María Dueñas" y así empieza: "El pasado verano nos llegaba, como antaño venían las suecas ligeras de ropas y de equipajes, la trilogía del escritor Stieg Larsson y entre tumbonas y hamacas, los tres libros que triunfaban bajo el sol eran "Los hombres que no amaban a las mujeres", "La chica que soñaba con un bidón de gasolina" y "La reina en el palacio de las corrientes de aire". ¡Qué bonitos títulos! Entonces, el comentario primero o yo ya voy por el tercero, o me gusta el segundo más que el otro. Lo cierto, es que los más común entre los lectores, mayoritariamente féminas, o jóvenas, era el de yo estoy leyendo el títulos de la trilogía tenían a mujeres como sus protas y eran ellas las que como suecas leían mientras se tostaban al sol, obviando las miradas de los mirones, o tal vez no. Pues de todo hay en esta viña del señor, y por haberlas, haylas, que le gustas lucir y exhibir sus cuerpos cañi.
Otro verano, un 9 de junio de 2009 se lanzaba al mercado "El tiempo entre Costuras" de María Dueñas y aparecía sibilinamente en las complicadas mesas de novedades de las librerías en las que unos libros empujan a otros al abismo, con tal de ganar la gloria momentánea. El libro de María Dueñas pasaba casi inadvertido.
Entre costuras y modas, entre verano y otoño, invierno o primavera, el libro de María Dueñas desde entonces ha ido de boca en boca, y no como la falsa monea, que sí Pepita le decía a Lourdes que estaba muy bien, que sí Isabel manifestaba que a la cuñada de Antoñita le parecía superinteresante, y, así como la vida misma, de boca a oído el libro ha ido escalando puestos en la lista de los más vendido, desde entonces se sigue manteniendo en esas mesas de novedades, hasta llegar a ser el libro del verano.
Las aventuras y desventuras de la joven modista Sira Quiroga, en su viaje por el Marruecos colonial, por las ciudades de Tetuán y Tánger, entre Madrid y Lisboa, parece que engancha desde las primeras páginas. En las últimas semanas he visto a muchos políticos de ideas contrapuestas, entre ellos al presidente Zapatero, que elegían este libro como lectura de verano. Algo tiene que tener este libro cuando une más que separa".
Después de terminar de leer el artículo que entonces había titulado: "el libro de verano, el libro de María Dueñas", ya recién comenzado el otoño he observado que la editorial lo está publicitando, en diverso periódicos, como el libro del año. Y entre las costuras y el tiempo, he sacado del congelador el artículo mentado para airearlo, haciéndole un pequeño dobladillo.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados