Vamos a comenzar la crónica con lo que sucedió al final, que no fue otra cosa que el cantaor jerezano Miguel Flores "Capucho de Jerez", con perdón por el atributo, literalmente la volvió a liar otro año más. Comenzó por la parte dramática con unas soleares muy serias, después se deslizó por la senda de los fandangos, hasta llegar a las bulerías. Y en las bulerías, en esa parte festera, con ese compás jerezano que lleva en la sangre, Capucho de Jérez, como ya hemos escrito en otra ocasión es un máquina. El respetable lo iba jaleando y él se calentaba más y más, hasta que se levantó y comenzó a cantar de pie; después a bailar. Y al final después de un bis, una parte del público se acercó hasta el escenario bailando al son de las bulerías. O sea, que la lió con una gran fiesta por bulerías, con el compás de los palmeros Luis y Lali de la Tota, y con la muy buena guitarra de José Ignacio Franco.

Volvamos, pues, al principio y prosigamos diciendo que en una hermosa noche de luna llena, la del pasado miércoles, el Festival de Lo Ferro que celebra su trigésima primera edición homenajeaba al Festival del cante de las minas por sus 50 años, por sus bodas de oro, en un gesto tan hermoso y luminoso como la propia luz de esa noche. Los festivales de La Unión y Lo Ferro, o viceversa, tienen sus señas de identidad, sus características propias y sus partidarios ya muy consolidados; nadie va a cambiar ahora su idiosincrasia, por eso este gesto de hermanamiento que viene a sumar fuerzas los hace más grandes.

En un acto emotivo el coordinador del Festival, Francisco Aparicio, expuso brillantemente los méritos que concurrían para ese hermanamiento y llamó al escenario a los alcaldes de Torre Pacheco, Daniel García Madrid para que le impusiera la insignia de Melón de oro, la máxima distinción del Festival, al alcalde de La Unión, Francisco Bernabé, quien manifestó: "Hemos recibido muchos homenajes nacionales e internacionales y sin embargo el que más nos ha llegado es el de Lo Ferro porque no hay nada más hermoso que ser profeta en su tierra, este homenaje me parece extraordinario. Creo que ya han quedado en el olvido antiguas controversias que en nada ayudaban a nuestro arte, y esto es prueba de ello. No le quepa ninguna duda que la Unión y Lo Ferro van a seguir caminando juntos en el mundo del flamenco y pronto tendrán bellas noticias de actividades que vamos a organizar conjuntamente". El alcalde Daniel García, le respondió: "Este año queríamos homenajear a La Unión También por su 150 años como municipio y profundizar en nuestras raíces, porque sí en La Unión es la mina, en Torre Pacheco es el campo; si allí es esa fatiga de estar bajo tierra, aquí es la de estar bajo al sol en labores de labranza a unas temperaturas muy duras; no queríamos dejar pasar estas bodas de oro y recordar el nacimiento del Festival del cante de las Minas".

Después del necesario protocolo, para celebrar la efemérides, qué mejor que una buena noche de flamenco bajo el cielo de las estrellas en ese gran patio de verano. Y vaya, qué si hubo flamenco del bueno. Ya comenzó sorprendiendo el niño Escarpín, de Beniel, con donosura y elegancia que baila de dulce, lo hizo por bulerías con mucho desparpajo y mucho compás con las guitarras de Antonio Fernández "El Torero" y Antonio Carrión y con el cante de Elías Caballero, y se ganó el primer y atronador aplauso. Sebastián Escudero, el padre de la criatura y alma mater de este Festival, le impuso una insignia como recuerdo y el niño le dio dos besos, después de decir que era una noche muy bonita para él.

A continuación salió al escenario el cantaor sevillano Manuel Cuevas, "Lámpara minera", y de qué manera: cantó por mineras, cartageneras, y tarantas, jaleado por el público. Prosiguió con malagueñas, una zambra dedicada a Manolo Caracol, guajira y colombiana, tangos extremeños y bulerías y terminó su brillante actuación por fandangos, que cantó a capela, a pleno pulmón, con la potentísima voz que le caracteriza, y claro se metió al público en el bolsillo, que lo despidió puesto en pie. Manuel Cuevas, antes le quiso dar las gracias a sus amigos de la Unión que allí estaban y dijo: "Ojala en Andalucía se unieran dos festivales, dos concursos como estos; me duele decirlo pero tendrían que aprender por mi tierra".

Para seguir con la fraternización, le llegaba el turno al guitarrista José Ángel Cortés que ganó el año pasado el Bordón minero de La Unión, que tocó muy bien por mineras, fandangos de Huelva y bulerías.

De tierras extremeñas llegaba Miguel de Tena, "Melón de Oro" y "Lámpara minera", que comenzó cantando muy bien por soleá que remató por bulerias; le siguieron unos cantes por farrucas y granaínas y unas bulerías, con sus cuplés: "Maria de la O/ que desgraciadita tu eres teniendo to/ maldito parné. Y como antes Manuel Cuevas le había piropeado y dedicado un fandango, Miguel también le quiso dedicar unos fandangazos cantados a capela de El Pichichi, al sevillano, que fueron muy jaleados y aplaudidos por el público, que terminó puesto en pie.

Visto ya lo visto y oído lo oído, el Joven onubense Álvaro Díaz que ganó el Melón de Oro del pasado año, salió al escenario y espetó que después de ver a estos pedazos de artistas, a ver que hacía él. Y Álvaro todos los cantes que hizo los hizo muy bien: tanto por cantiñas, tarantos, como el romance de Juan de Osuna de Manolo Caracol, o los fandangos de su tierra que canta con mucho conocimiento, y que para no ser menos también cantó a capela. Álvaro Díaz que tiene unos recuerdos imborrables de Lo Ferro, acaba de confirmar su trayectoria con otro muy reciente premio: el de La Taranta de Linares.

Entre la concurrencia, que abarrotaba el recinto, de la mano de Luis Artés, director del Patronato de Cultura del ayuntamiento de Torre Pacheco, se encontraba la escritora María Dueñas, la librera Ana Escarbajal, el fotógrafo Miguel Martínez, el arquitecto Martín Lejarraga y los pintores Charris, Yayi Jonquera, Fod y Sonia Navarro.

Mucho disfrutaron, José María Portillo, Emilio Villanueva y Guillermo Fontes. Tanto como Francisco Campillo, con sus primos de Madrid. O Carlos Cegarra, que venía de Londres, María Sanmartín, recién llegada de Nueva Cork y Rosario Sanmartín y José Antonio Cegarra. O el buen aficionado, Pascual Soria Martínez, de Cehegín. Antes en una mesa redonda, sobre toros y flamencos, el torero Rafaelillo el crítico taurino de televisión y radio Mariano Molina y Paco Tinajero hicieron una gran faena de puerta grande. Y un tal Patricio Peñalver, un seguro servidor, fue el encargado de presentar y moderar esa mesa.