A cada cerdo o puerco le llega su san Martín, nos indica el refrán, advirtiéndonos de que tarde o temprano a todos nos esperan las lúgubres Parcas. En otras ocasiones el dicho se utiliza para ofender, no es éste el caso. Por San Martín se han iniciado siempre la matanzas de cerdos, llámenle chinos sin ofender, gorrinos o marranos o cochinos, gochus por Asturias o chanchos por Latinoamérica, que la cosa y el refrán lo mismo da.

Acudir a una matanza no deja de ser una ofrenda, un canto a la vida del buen yantar, un ritual por estas fechas. El pasado sábado, día de San Honesto, nos invitaba el pintor Manolo Belzunce, que por cierto cumplía 65 años, a su multitudinaria y particular matanza de cada año. La declaración de intenciones ya estaba explicita en la invitación del artista, que nos mostraba una imagen de una cerda con un cartel en el que se leía: "Tipical",  y nos decía: "¡Chicos y Chicas ha llegado el día! Este año estoy obligado a matar dos marranas, y vosotros: artistas, músicos, poetas, escritores, vividores, gamberros y demás sois los culpables, pues nunca tenéis suficiente. La Manuela, el Pablito, y yo mismo os esperamos para pasar juntos el día. Vendrán los chicos del grupo Acequia, El Juli, y nuestros amigos Los Gitanos; cantautores tímidos y tímidas, y también tendremos el fuego que todo lo purifica.

Y llegó el momento de la sensación verdadera y ya estaban los troncos echando chispas y las parrillas prestas. Más de doscientos ochenta kilos de carne comenzaron, que sí lomos,  que sí costillares, jamones, pellejos; más de de ser dos marranas, que eran dos y media, al decir de José López Guirao, que tiene que ver mucho con esta movida gastronómica, y lo corroboraba el artífice de la cosa: el matachín Paco Galera. Sin matachín no hay matanza.

El día había amanecido bueno y los primeros madrugadores, un grupo de señores llegados de Aljúcer, ya estaban en el lugar de los hechos, que no era otro que el carril de los Bartolejos de Los Dolores de Murcia. A esa hora picaba el sol y un huertano de los de entonces me dijo: "ves esas forma de palmera que forman esas nubes, pues anuncia lluvia". Dicho y hecho, al día siguiente llovía. A lo que íbamos, comenzaban a salir las primeras morcillas calientes y el personal en un goteo sin cesar llegaba, como si llegara a una performance, a esa especie de bancal. Llegaban los artistas, juntos pero no revueltos, allí estaban los pintores: José Luis Cacho, Manuel Pérez, Torregar, Buendía Martínez, Ángel Haro, Antonio Ballester, Rubén Zambudio, Miguel Fructuoso, Nicolás de Maya; la pintora cartagenera Dora Catarineau y la polaca Kartarzyna, o los escultores Pepe González Marcos o Ángel Haro, el padre del pintor del mismo nombre; que hablaban de lo divino y de lo humano, y mucho más de los restos arqueológicos hallados en San Esteban. Y en esas, Paco "El Bala", de Barriomar, felizmente jubilado de su bar, me presentaba a su novia, que no era otra que su señora, con la que comparten el calor de once nietos. Más allá los galeristas Ángel Meca, Fermín Serrano y Emilio Morales comentaban como iba lo suyo, que anda también muy movido.

Y más tranquilos en días de asueto, andaban el infógrafo de esta casa Paco Hernández y Tere González; así como la periodista Pepa García y los fotógrafos Guillermo Carrión y Joaquín Clares, con Anna Souza,  ambas parejas, acompañadas de sus retoños. O el fotógrafo José Manuel Cortés, del 4º Oscuro. O el productor cinematográfico Carlos Belmonte. O Anthon-lo, director de cortometrajes y músico del grupo Remembrances

A esas horas de la tarde ya habían pasado más de doscientas personas, y al caer la noche comenzaba la fiesta musical con Emilio Chicheri y su grupo Acequia y la anunciada actuación de Julián López Páez, "El Juli" por la parte flamenca. La perfomance continuaba, la exuberante matanza tipical proseguía.

Y yo, mientras tanto, al ver otra fuente llena de morcillas calientes, me acordaba del poeta Góngora, que decía: Coma en dorada vajilla/ el Príncipe mil cuidados/como píldoras dorados, /que yo en mi pobre mesilla/ quiero más una morcilla/ que en asador reviente/ Y rijiji y rijija/ Y Ríase la gente