Tres melones con pepitas de oro en Lo Ferro
30 Festival de cante de Lo Ferro
Otro año más regreso a Lo Ferro y me sigue pareciendo un imposible, que en mitad de un erial, se celebré un certamen de esta magnitud, al raso de la noche donde se puede ver como tiritan las estrellas y se siente la soledad sonora de la noche y la libertad.
Muchas noches han pasado, desde aquellas en las que reunían un puñado de amigos a cantar, entre otros Sebastián Escudero, Tomás Pérez Pérez "El Cuquina" y José Cánovas García "Pepe el del Colorao", de los cuáles saldría la idea de crear, este Festival que el próximo año ya debería ser declarado de Interés Turístico Nacional.
El festival de Lo Ferro acaba de cumplir treinta años, y en su cartel del pasado martes presentaba a dos cantaores y una cantaora que han obtenido su máximo galardón: El melón de Oro".
Le tocaba abrir el turno, de la que sería una gran noche flamenca, al extremeño Miguel de Tena que obtuvo el Melón en 1999, y lo hizo a tumba abierta, venía con hambre atrasada. Comenzó ya muy bien por tientos-tangos y después de templarse se arrancó con una levantica y una taranta, que quiso dedicar al flamencólogo de La Unión y miembro de la Comisión organizadora del Festival de La Unión, Paco Paredes; y a Angel Roca, por ser el autor de la letra de la taranta. Prosiguió con una zambra, en esta ocasión dedicada a un niño que tenía mucho que ver con Los Churrascos, ni que decir que en ese restaurante del El Algar se come la mar de bien: ya no estamos en los tiempos en los que los flamencos no comían y solo bebían, como dijo aquel.
El cantaor con su voz laína y larga capaz igualar en octavas a cualquier cantante de ópera se dispuso a cantar a capela aquellas estrofas de La salvaora de Manolo Caracol y se metió literalmente al público en el bolsillo. Le siguieron más que unos fandangos, unos fandangazos, de Canalejas del Puerto Real y de Manuel Vallejo, que supieron a gloria bendita, saboreando la voz natural sin micro de Miguel. Y terminó su gran actuación con unos jaleos extremeños y más fandangos de Vallejo, levantando al público de sus asientos, siempre acompañado por la magistral guitarra de Antonio Carrión.
Después de la gran actuación, le tocaba al turno a la cantaora almeriense María José Pérez, melón de oro de 2003, que comenzó cantando por alegrías para a continuación hacer la granaína y la media granaina que cantó muy bien, después de manifestar que se sentía muy orgullosa de volver a Lo Ferro, precisamente ella recibió su melón aquel año de la manos de la Duquesa del Alba. La cantaora ya se sentía a gusto y le preguntó al público: qué querían oír; como las voces que ganaron fueron los que pedían colombianas; ella respeto la democracia y se arrancó por unas melodiosas y dulces colombianas que hicieron las delicias del respetable. Le siguieron unos tientos-tangos, y la cantaora ya estaba en su salsa metiendo las letras del anda jaleo, jaleo o mi niña Lola. Después llegaron fandangos a capela y terminó por bulerías no dando su pataíta, sino luciendo su cuerpo gentil en el baile, con otro memorable acompañamiento de la guitarra de Carrión. Otra muy buena actuación de la cantaora, que no deja de progresar.
Y como no hay dos sin tres, el turno ahora era para Raúl Alcántara "El Troya", que como no podía ser de otra manera salió a por todas, y salió por unas excelentes peteneras, prosiguió con tientos-tangos, siguiriyas, fandangos y bulerías, refrendando su buen momento. Tres eran tres como las hijas de Elena y ninguna era buena. En esta ocasión tres eran tres y todos eran buenos. Tres estilos al gusto, de cada buen aficionado.
Sin embargo para gusto y bueno el espectáculo Lunas de Arena inspirado en Yerma de García Lorca., que presentaba el Ballet Flamenco de Lo Ferro. No todo está hecho, aún quedan cosas novedosas por hacer, en este caso la dirección artística a cargo de María Dolores Ros y la dramaturgia a cargo de Paz Martínez. Un espectáculo con una gran coreografía que comienza con el cuadro La Cárcel por seguiriyas y termina con He matado con las voces bulgaras y Enrique Morente. Un final apoteósico, que puso al público en pie. Como siempre sorprendió la actuación dramática de Paz Martínez en el papel de Yerma. Y estuvieron a una altura sorprendente todo su cuerpo de baile. Un gran espectáculo de danza y teatro.
