¡JO, QUE NOCHE!, ¡QUE NOCHE LA DE AQUEL DÍA!
La otra noche del martes 25 iba yo caminando por la avenida de Juan Carlos I arriba, a merced de la suave brisa nocturna, mientras pensaba en las pequeñas nimiedades cotidianas ya acaecidas, cuando de pronto barruntando en lo que podría pasar al día siguiente, a esa misma hora, me encontré con una banderola colgada de una farola que decía: "este partido se juega en Europa". Y me dije: "vaya no está mal el doble juego de esta frase. Ciertamente el gran partido se jugaba en Roma.
Así que volví a pensar en el día D y en la hora H en la que el equipo de Pep Guardiola se había conjurado para ganar la Champion y hacer historia con el triplete. Iba, pues, jugando con la metafísica del tiempo y unos metros más allá de nuevo me sorprendió un cartel publicitario en las que reconocí los rostros del señor Mayor Oreja y del señor Fernández Aguilar en el que de nuevo publitariamente se jugaba con el tiempo haciendo alusión al pasado y al futuro más inmediato, y entre el ayer y el hoy, estaba yo ya como deseando que llegara el verdadero día del partido.
Y efectivamente llegó. Esa mañana después de leer a varios augures de la derecha mediática o de centro o liberales o conservadores, vaya usted a saber, que pronosticaban con una fe visionaria que el partido ya estaba perdido con la sola presencia del Presidente Zapatero, al que le colgaban la medalla del sambenito, llamándole gafe, intuí que ya algunos habían vendido la piel del oso antes de cazarlo ¡Pobres augures! ¡Qué manera tan espantosa de hacer el ridículo! Claro, que no crean que esta especie de augures deportivos y políticos es exclusiva de la derecha, ¡quiá!, también abundan por doquier en el sector progresista o en la izquierda. ¡Ar! Resumiendo que en cuestión de augures, en todos los lugares cuecen habas. Y se trata ya de habas negras, habedlas la hay en todos los lugares. Precisamente, hablando de lugares, me entró también a mí un punto supersticioso y me dije que si bien me había ido en las semifinales contra el Cheseal en la cafetería Zalacaín, de nuevo tenía que regresar al lugar de los hechos para encarar la finalísima.
Y comenzó el espectáculo, después de los momentos inquietantes del Manchester con las fulguraciones del portugués Ronaldo al que muy pronto se le acabó la luz y se el agrió el carácter, y comenzó el recital de juego artístico del Barsa. Un arte nada especulativo, un arte realista que se puede contemplar en toda su dimensión, sin tener que hacer un master en artes emergentes y conceptuales, un arte bello, a ratos sublime, que emociona al espectador, que lo atrapa sin remisión en sus redes geométricas. Un arte realista, con momentos de pinceladas abstractas en algunas veladuras de su composición ¿Cómo definir el cabezazo de Messi a la red? ¿Cómo entender el gol de Etoó, sino existiera un Dios en los cielos para comprender su petición de marcar?
El caso es que marcó Etoó el primero, y después de mirar al cielo, comenzó a darse manotazos en su antebrazo derecho sin cesar. En esos instantes el realizador de la televisión, muy oportuno nos mostraba el codazo cómplice del Berlusconi al rey Juan Carlos y momentos después el papi Berlusconi se sumía en un dulce sueño; en otro momento sublime de la noche el realizador nos volvía a mostrar el carraspeo incómodo del rey Juan Carlos que alertaba discretamente tratando de despertar al magnate italiano. Ni era el momento de dormirse ni estaba el partido para dormirse. El Partido se estaba jugando en Europa.
La otra noche, la del miércoles 26, después de pasar por la Redonda, volvía a transitar por la misma avenida Juan Carlos I arriba, y para abajo bajaba un mar de coches con las banderas del Barsa al viento entre una sinfonía de cláxones que anunciaban a los cuatro vientos la gesta del Barsa, al que estrena un señor inteligente y humilde que sabe respetar a los contrarios, un tal Pep Guardiola. La otra noche, en este rincón del sur, también oí una y otra vez cantar a cientos de españoles el himno del Barsa en la bella lengua catalana, sin darle más sentido que el que tenía. Y después de volver a mirar la misma banderola en la farola, de la noche anterior, pensé que definitivamente este partido se juega en Europa.
