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La Coctelera

Patricio Peñalver Ortega

Un ser seco que se complace en los absurdos metafísicos

27 Marzo 2009

MIGUEL POVEDA: UN GRAN PATRIARCA, EN UNA NOCHE CUMBRE

 16 CUMBRE FLAMENCA DE LA CAM EN MURCIA

Si yo comienzo diciendo que Miguel Poveda la noche del pasado martes estuvo cumbre y que se desbordaron todas las previsiones de la presente 16 Cumbre flamenca de la CAM, algún espectador que no hubiera podido tener la suerte de poder entrar a verlo, posiblemente pudiera pensar que estoy exagerando.

Si yo les dijera que no sé sí empezar por la primera actuación o por la segunda, pensarían que estoy hablando de la primera parte de la segunda parte contratante, en plan Marx. Miguel ya había llenado el aforo y en la calle seguían otros cientos de aficionados para llenar otro salón de actos, por lo que después de unos pequeños incidentes en la puerta, el cantaor y la organización de manera excepcional acordaron un segundo pase para los que esperaban afuera. Podía extenderme más sobre los hechos acaecidos, sin embargo permitan que me centren en lo flamenco, ahora bien si una cosa me queda clara, es el gran tirón de Poveda y la gran aceptación de esta Cumbre. Desde este luego en la cuestión de aforo, está muy claro lo del maestro, que decía: "Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible".

Y lo que parecía imposible era que Miguel Poveda pudiera cantar mejor. A Poveda, la noche del lunes, la Asociación Flamenca de la Universidad de Murcia, le había distinguido con el premio "Patriarca flamenco". Y sin menospreciar distinciones anteriores, podríamos decir que nunca fue mejor concedida. Dice la Moliner en su diccionario que en lenguaje corriente, Patriarca, es la persona más respetada en una gran familia o en una comunidad. En la gran familia del flamenco la otra noche una vez más, Poveda se ganó ese calificativo, en lo personal es todo un gran señor. ¿Y en lo flamenco qué? ¡En lo flamenco todo un monstruo, oiga!

Comenzó su primera actuación cantando el pregón del uvero, continuando por unas cantiñas que rebosaban alegría y compás por los cuatro costados, con las palmas jerezanas de Carlos Grilo y Luis Cantarote y la sutil percusión de Paquito González. De Cádiz se fue por los caminos de Málaga con unos cantes abandolaos y unas malagueñas como sólo sabe cantarlas él, cuando parece que con sus agudos sube y llegar al abismo de la cumbre, está tan fresco que se permite ondear su voz limpia al límite y bajar por los tonos graves como si la cosa no fuera con él. Prosiguió con una soleá magistral, tan polar que de tanto estremecimiento daba frío en el alma, una soleá que don Antonio Mairena cogió en una noche de borrachera del cantaor "Charamuco", y que con mucho respeto Poveda la canta a su aire. Después una siguiriya, para poner los vellos de punta.Y como no podía ser de otro modo, le llegó el turno a los Cantes de Levante, sonó una minera grande, en la que se reflejaba el murciano de dinamita que lleva dentro Poveda; por sus venas corre la sangre murciana de su padre. Precisamente el próximo año se cumple el centenario del gran poeta Miguel Hernández, ¡Qué hermoso sería oír los versos del poeta oriolano cantados por Poveda, otro gran Miguel!

Y el cantaor, pensando siempre en los que estaban en la puerta, abrevió un poquito su primera actuación, y terminó cantando por la parte festiva del flamenco, por tientos-tangos y por bulerías, con una gracia que no se podía aguantar, realizando una gran faena.

Ya tenía Miguel las dos orejas y el rabo con su primera actuación. Y aquí el público estuvo muy respetuoso al abandonar la sala, para que entraran los que aguardaban, ya varias horas en la calle.

Y como Miguel tiene su guasa, recibió al nuevo respetable, diciéndole que después del pase anterior había sudado tanto la camisa, que como no tenía otra había cogido la de un empleado y que le venía grande, así que le avisaba al trabajador de su sudor. En esos momentos, una voz gritaba: ¡Huele a flamenco!

Como el ambiente estaba muy caliente, a continuación Miguel dijo que el anterior pase parecía que estaba en una rueda de prensa de Ana Obregón, por las cámaras, los móviles, y por el jaleo. Y entró en su segunda actuación por cartageneras, más cantiñas, más malagueñas, más tientos-tangos, más bulerías, que parecían sonar a gloria bendita, como si las estuviera cantando por vez primera. Sencillamente se puede pedir más y no recibir tanto, dos actuaciones en una noche. Monumental faena. Puerta Grande. Poveda, todo un señor, estuvo cumbre, y demostró ser un gran Patriarca.

 

 

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Patricio Peñalver Ortega

Espinardo.-Murcia, España
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Mi profesión debería de ser la de lector, pero otros derroteros me llevaron a la de escritor y por ende a la de periodista. Tengo dos novelas publicadas: "El Murmullo de las Estaciones" y "Una novela sin nombre". Y otras que esperan.

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