¿Acción de gracias? ¡Sí, gracias!
Con el novelón Acción de gracias cierra Richard Ford un gran ciclo narrativo de veinte años que comenzó con El periodista deportivo y prosiguió con El día de la independencia, con un gran personaje Frank Bascombe, que más nos parece de carne y hueso que de ficción.
Para poner el broche de oro a esa trilogía se nos presenta a un Frank Bascombe en la que todas las formas de la vida se le manifiestan a los cincuenta y cinco y le afloran como amapolas a su alrededor. Cualquier lector que no conozca las peripecias anteriores del personaje en cuestión no debe de preocuparse, lo único bueno que le puede ocurrir es que al acabar esta novela, busque las que le anteceden.
En esta ocasión se nos presenta a un Frank Bascombe que se dedica al negocio inmobiliario en la costa de Nueva Jersey, en la que después de haberle implantado sesenta semillas de yodo radiactivo recubiertas por cápsulas de titanio implantadas en su próstata se enfrenta a la muerte, desde una perspectiva vital, que no deja de ser un gran canto a la supervivencia.
La acción trascurre en los días previos a esa fiesta nacional tan peculiar de la sociedad norteamericana, en la que se come pavo, con las elecciones y la dura batalla electoral del año 2000 entre Bush y Gore. Con un ritmo trepidante Frank Bascombe nos llevara por las carreteras de Nueva Jersey, con su socio tibetano Mike Mahoney, entre clientes y pelotazos inmobiliarios, con los recuerdos de su primera y segunda esposa y sus dos hijos que aparecen y se esfuman en los recuerdos como nubes fugaces., mostrándonos a la sociedad norteamericana con todas sus miserias y sus grandezas.
Cuando se lee Guerra y Paz de Tolstoi se nos muestra un retrato casi perfecto de la sociedad rusa del XIX, de la misma manera que cuando leemos Acción de gracias contemplamos un cuadro de la sociedad americana, recién comenzado el siglo XXI. No es nada fácil mantener la tensión de la acción durante más de setecientas páginas, en algunas obviamente la intensidad decae, y sin embargo a la postre Richard Ford lo consigue con maestría.
Curiosamente en sus últimas páginas ya se nos avisa de la enorme y reluciente burbuja inmobiliaria, que recientemente ha explotado. ¿Acción de Gracias? ¡Sí, gracias!
