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La Coctelera

Patricio Peñalver Ortega

Un ser seco que se complace en los absurdos metafísicos

15 Marzo 2008

¡Mayte, eres muy flamenca!

Después de quince años la cumbre flamenca de la CAM volvió a sus orígenes, a su salón de actos, debido a las reparaciones que se llevan en el Teatro Romea. A favor tiene el recogimiento, el silencio y la intimidad, en contra su capacidad con un aforo de 375 plazas que se llenó a rebosar, eso sí, quedándose en la calle más de 200 personas. Las actuaciones son gratuitas y los primeros que llegan son los que se colocan. Se colocan coloquialmente de flamenco del bueno. Una buena adicción que no resulta perjudicial y qué más que quitar vida, da vidilla. Para que todo estuviera preparado por allí andaban de un lado para otro Juan José Mouliáa, que después se relajaría y disfrutaría de la actuación, junto a su esposa Ana López. Así como el responsable de los asuntos técnicos, que tanto sabe de cumbres y otras cosas, Luis Barberá.

Después de este necesario introito, la parte teórica la puso el lunes con su estupenda y mágica conferencia Jesús Quintero “El loco de la colina” que llegó al valle murciano desde la parte de Sevilla. Y desde la parte de Barcelona, nos llegaba la majestuosa y armoniosa voz de Mayte Martín con sus melismas particulares el pasado martes 4.

Por fin salió Mayte Martín, vestida de traje de chaqueta y pantalón negro, con muchas ganas de estar cumbre, comenzando su actuación por malagueñas, al estilo de Antonio Chacón y El Canario, que adornó con cantes abandolaos (que el corrector del ordenador me corrige como si fueran abandonados, como los eje de mi carreta) que ya anunciaban cante grande. Y por ese camino, el de la verdad, después de darle al respetuoso público las gracias por estar ahí, desde los cantes de Málaga se fue a los de Granada y nos dejó dos granaínas con mucho almíbar, con las letras clásicas que cantara Chacón que también hace Enrique Morente. Sin comparar. ¡Vaya par de genios!

La faena iba in crescendo, entre un espeso silencio, y ya Maite más relajada pasó a presentar a su excelente guitarra, Pedro Sierra con el que no volvía a tocar desde 1984. Decía: “Es un misterio que yo tenga canas y él no. Ya le preguntaré cómo lo hace”.

Y se fue ahora para Jerez con una portentosa siguiriya de Manuel Torres que remató con la Cabal de Silverio, con esos aires dulces de los cantes de ida y vuelta. Mientras el respetable, siempre expectante, también iba de menos a más en la prolongación de sus aplausos.

La cantaora, acompañada por una guitarra muy sobria y siempre atenta, pensó que era el momento de cambiar de tercio, y, sin más dilación de los cantes trágicos se pasó a la parte festera, de todo tiene que haber en la viña del Señor, no todo va a ser sufrimiento en esta vida. Desde luego que no, Y ahí estaba la cantaora para demostrarlo dejándonos caer una serie de cinco o seis fandanganzos con mucho empaque, que nos predispusieron a gozar de la otra serie de alegrías, con mucho aroma marinero de la bahía liberal de Cádiz, por donde gozaban Espeleta o Pinini, y lo sigue haciendo el maestro del compás, un tal don Chano Lobato. Unos cantes por alegrías que nos contagiaron la alegría de vivir. La parte festera llegaba a su cenit con la serie por bulerías, olé, con las letras de Rafael Farinas y Manolo Caracol al estilo de los cuplés, o sea, coplas por bulerías. Y el respetable también ya estaba en su cenit, como demostró al despedirla puestos en pie. Muchos asistentes disfrutaban de lo lindo, entre estos, el profesor de filosofía Jorge Novella, así como la directora del Centro “Puertas de Castilla” Marta Lopez Briones y Mar González. O Luís Pérez, aficionado de pro y guitarrista, acompañado de Carmen Ferrandez, licenciada en Filosofía.

Mayte Martín que recuerda que el flamenco es su origen, y no su yugo, tampoco olvida que fue un agosto de 1987 donde comenzó a despegar después de ganar la “Lámpara minera, el máximo galardón del Festival del Cante de las Minas. Y aunque ha cantado maravillosamente bien boleros y fados, y ahora prepara un disco con poemas del excelente poeta malagueño Manuel Alcantara, aquí vino a cantar flamenco por derecho y estuvo cumbre. El público, aplaudiendo y puesto en pie, quería más. Se volvió a sentar y en esto una señora le grito: ¡Eres muy flamenca!”. A lo que Mayte respondió: “Sí se considera un piropo, bueno”. Pues efectivamente era un piropo de los buenos. Tan buenos como los fandangos con los que se despidió después de rematar una muy buena faena.

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Patricio Peñalver Ortega

Espinardo.-Murcia, España
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Mi profesión debería de ser la de lector, pero otros derroteros me llevaron a la de escritor y por ende a la de periodista. Tengo dos novelas publicadas: "El Murmullo de las Estaciones" y "Una novela sin nombre". Y otras que esperan.

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