Y el mal tiempo se templó con los cantes festeros de Aurora Vargas
El recinto del festival de Lo Ferro al aire libre sigue teniendo un encanto especial, en mitad del campo, aunque ya sus alrededores han crecido chalecetes y se adivinan resort por doquier.
Aún recuerdo la impresión que tuve al llegar por primera vez a ese lugar polvoriento, tuve la certeza de haber llegado a Comala, aunque yo no iba en busca del padre como el personaje de Pedro Páramo de Juan Rulfo, sin embargo, aquella noche la luna también estaba brava.
Afortunadamente aún se mantiene en pie el viejo molino de Alberto Roca Tomás, propietario y molinero como su padre. Precisamente ahora su nieta Sandra Karaqueli es responsable de prensa del Festival.
Lo Ferro, con voluntad de hierro, hasta ha creado su propio cante por ferreñas que tiene un premio de 6.000 euros. ¿Que qué cosa es la ferreña, me preguntan? Pues según dicen los estudiosos es “un cante flamenco derivado al parecer de los antiguos fandangos de las zonas malagueñas y levantina, con caracteres musicales propios que le confieren una forma especifica. El alcalde de Torre Pacheco, Daniel García Madrid, ya ha solicitado a la Real Academia de la Lengua, la inclusión de este nuevo término en su próximo diccionario. Y el secretario de la Peña “Melón de Oro”, Juan Miguel Roca fue quien tuvo la iniciativa, ha realizado el proyecto y ha aportado a la solicitud los necesarios documentos que la fundamentan. Ahí queda eso.
Y vayamos directamente a las semifinales del pasado viernes, con mucho viento de Levante que dificultó por momentos la concentración de los cantaores y una intermitente y leve llovizna que se apiadó afortunadamente de los circunstantes, en detrimento de los agricultores. En primer lugar Elena del Carmen, de Huelva, cantó tientos-tangos, caña y fandangos. Y continuaron Sebastián Navas, de Málaga, que lo hizo por soleá, mirabrás y petenera. Raquel Cantero, de Cáceres, intervino por soleá, cartagenera y tangos. Raúl Alcántara “El Troya” lo hizo por malagueñas, bulerías soleá. Isabel Guerrero, de Fuengirola, interpretó malagueña, cartagenera y tientos-tangos. Y cerró Alberto Sánchez “El Almendro” cantando soleá, petenera y fandangos.
Excelentes a aficionados como Enrique López, presidente de la peña “El ventorrillo de las minas” de la Unión, o Antonio Balsalobre de la peña “El Cabrero de San Javier, disfrutan de estas noches.
Pero volviendo a la noche del viernes, a buen seguro, que los cantaores durmieron con la mosca en la oreja, esperando que llegara la mañana del sábado en la que verían si su nombre estaba en la lista de los siete magníficos, los siete elegidos que anoche cantaban en la final.
A esa misma hora de la mañana del sábado, pongamos que a la una, les estoy escribiendo esta crónica, mientras escucho los Sketches of Spain del gran Miles Davis, con los aires del maestro Joaquín Rodrigo, sabiendo ya los nombres de los finalistas. Y después de una rápida mirada, intuyo que la lucha por el gran “Melón de Oro” estaba muy reñida. Un candidato con muchas posibilidades y que gustó mucho al público en la noche del viernes era Raúl Alcántara “El Troya”, que a buen seguro tendría que competir con Alberto Sánchez “El Almendro” que ya tiene en su haber un “Melón de Oro”. Claro que entre estos dos, el jurado también podría apostar por la joven onubense Elena del Carmen que canta muy bien, lo que sería apostar por el futuro. O qué se yo, salir por unas buenas peteneras, y premiar a Pedro Cintas, un eterno candidato, ya son seis las veces que compite, o a cualquier tapado, qué se yo.
La clave iba a estar en la templanza que los cantaores tuvieran a la hora de subir al escenario en la noche del ayer. Desde luego que si “El Troya” cantaba como lo había hecho en la del viernes, muy mal se le tendrían que poner las cosas, para no llevarse la pasta gansa.
Sin embargo, la artista invitada de la noche era la cantaora Aurora Vargas que brilló con luz propia, como una estrella, muy intensa en la ya de por sí oscura y cerrada noche. Le acompañaba a la guitarra Diego Amaya que estuvo magistral y dos palmeros de lujo: Rafa, cuñado de Moraito Chico y el “Electrico, ¡Qué lujo de palmeros!, sin subir a la palma. Uno, debe de confesar que tiene debilidad por las palmas, de manera especial cuando escucha esas palmas destempladas, fuera de compás, que algunos incautos se atreven a esbozar, no exentos de una gran alegría. Claro qué sí es en favor de la alegría, yo le disculpo, todo sea por la alegre patria.
Pero para alegría y de las buenas, la que comenzó cantando la Vargas para templarse, a la que le siguió una recia soleá que remató por bulerías. De nuevo volvieron a salir los palmeros y a la noche se le fue la mano, por lo festero, siguiendo por tangos, que no eran tanguitos, si no tangazos. Y la fiesta global llegó por bulerías, ahí la Vargas se soltó el pelo y comenzó a cantar a capela, de un lado al otro del escenario, que se le quedaba pequeño metiéndose al público en el bolsillo que no tenía, cuadrando el círculo, ante la admiración de su marido Pansequito que la escuchaba en la trastienda, mientras conversaba con el gran pope, con el actual managers de todos los grandes cantaores y bailaores, un tal Antonio Montoya, que desde Orihuela llegó un día a Sevilla, para hacerse el rey de la cosa.
La Vargas, cantando a palo seco, bailando como en la fiesta de un patio de Triana, disfrutaba tanto como el público que puesto en pie le aplaudía, llegando hasta a parar el mal tiempo de la otra noche de aquel día.