La Unión como cualquier pueblo mediterráneo se despierta perezoso, mientras por sus empinadas calles, sus gentes y los foráneos flamencos, cuesta arriba o cuesta abajo, buscan la sombra que los libere del sol de justicia que cae a plomo deslumbrando a la vida con un luz imposible de captar por la paleta del más avezado pintor de paisajes.
En una de esas asfixiantes mañanas, de otro año, ahora recuerdo a Don Fernando Quiñones. Un pregonero muy especial de este Festival, que también tanto representó para Cádiz, contra la mentes pacatas de cierta clase social, precisamente la otra noche lo conversaba con Chano Lobato.
Un Fernando Quiñones que por lo trágico, decía: “Ven siguiriya y tráeme tu cuerpo,/ tus enormes y oscuras alcobas asfixiadas,/ tu campana mortal y tu apretado puño/ en cuyo centro late un ruiseñor sin ojos y sin lengua”.
Bueno, para ser sinceros, en la noche del jueves, cenando con Chano Lobato en el restaurante “Los Churrascos” de El Algar, no se lo pierdan los amantes de las buenas carnes y otras viandas, hablamos de otras cosas y otros cuentos que nos contó el maestro, que podrían ser un material narrativo para García Márquez.
Hay que ver que bien se come cuando se come bien, esto lo apreciamos mucho los pobres y lo echamos de menos, y resulta, pues, que estábamos ante unos platos soberbios de langostinos. Bromeando con mi compadre Antonio Parra, le dije que teníamos que pedirle el carné de identidad a esos bichos que parecían ser del Mar Menor o de Sanlúcas de Barrameda, como se dejaban comer los jodios, pero para sorpresa nuestra los muy flamencos resultaron ser de Vinaroz, muy cerquita de Burriana, tierra del gran cantaor Juan Varea.
Pues, como le decía, una de esas mañanas, sucedida en el calor del pasado, me encontré con Fernando Quiñones a las dos de tarde en la terraza del Bar Minero y nos pusimos a hablar de los divino y lo humano, la conservación con unos vinos blancos de Sanlúcas fue tomando cuerpo y la temperatura se elevó cuando llegamos a hablar de las barbas de Fidel Castro, hablábamos de los tiempos en los que él y Félix Grande habían realizado una imposible gira por Latinoamérica cantando y discurseando sobre flamenco. Y al final acabamos acalorados, con posturas similares y sin embargo contrapuestas, sin bajarnos de la burra, cada uno nos fuimos por nuestro camino a dormir la reparadora siesta.
Sin embargo, a la noche, al vernos de nuevo en el recinto de la Catedral se produjo en nosotros una metamorfosis. Y nos fundimos en un abrazo fraternal. Quizá no tuvieran la culpas las barbas de Fidel, sin embargo lo que quedó claro era que nosotros no éramos de misa de doce de la mañana.
Esas son las metamorfosis que se producen al llegar a la Catedral del cante. Es lo yo le decía la otra noche a uno: si el arte verdadero no tiene fronteras, ¿por qué pijo va a tener ideologías? Vaya el asunto para las cosas de este Festival, que tanto queremos.
La otra noche del jueves, la segunda semifinal, los cantaores, guitarristas y bailaoras, esperaban con verdadera ansía a que les llegará su turno, ya prefijado de actuación, con los nervios a flor de piel.
Y comenzaban así con el siguiente orden de actuación: en primer lugar salió la bailaora Inma Luna de Tomares(Sevilla) que bailó por caña y taranto. Le siguieron Juan A. Camino Wesceslá de Villa de Río(Córdoba, que cantó por cartagenera y malagueña. Esther Merino de Gévora(Bádajoz) que cantó minera, taranta y otros cantes mineros.
José Almarcha de Tomelloso(Ciudad Real) que a la guitarra, interpretó taranta y soleá por bulerías. María José Carrasco, de Los Palacios y Villafranca,que cantó soleá y granaína.
Juan María Naranjo "El Juani",de Fernán-Nuñez(Córdoba) que tocó por taranta y zapateado,. La bailaora Patricia Pérez, de Granada, que bailó taranto y caña.
Sergio Gómez Delgado "El Coloraito", de Granada,que cantó por soleá. Y Rafael C.Espejo Moreno "Churumbaque hijo", que cantó por mineras y cartagenera..
Muy complicado lo va a tener el jurado, el nivel en cante es muy así, digamos que no muy fuerte, y las cosas están muy igualadas en todos los sentidos. Esto es lo que hay.
Y para verlo con sus propios ojos aquí están Boris de Bonn, excelente fotógrafo, por quinta vez consecutiva que trabaja también como periodista para la revistas editada en Alemanía, “Anda” y “Redoble”. O la también periodista Susanne Zellinger. Y cómo no, un ramillete de buenos aficionados, como José, el padre de la magnifica cantaora Inma Martín; Paco Rabadán, cantaor y pintor, de la Asociación de cantaores de la Comunidad de Madrid, o Antonio Soto de la Peña minera Pencho Cross de Barcelona, que nació en la calle Ayala de este pueblo un año de 1919, y que cada año no se pierde una edición, que venía acompañado de Justo Moreno.
Tampoco quiero dejar de mencionar, ahora que estoy en su pueblo, a mi estupendo médico de cabecera, al excelente doctor don Juan Albaladejo Lloret, que tanto sabe del El Garbanzal y Herrerías, y que dirige el centro de Salud, de mi pueblo, Espinardo, y ahora el suyo. O a Carmen Pagan, que tanto participó en sus años de mocedad con este Festival, cuando entonces las entradas se vendían casa por casa a las familias del pueblo. La otra noche tenía yo que hacer otra información para otro medio de Madrid. La tenía que mandar a las cuatro de la madrugada, y ya eran ya las cuatro y cuarto, y, entonces el gran cantaor “Merenguito”, me dijo, “pues haz la crónica de las bulerías de la ambulancia.
No sé, sí se me queda alguien en el tintero, si es así, desde luego que lo es de forma involuntaria.
Sin embargo, para cerrar esta crónica, que no crítica, me gustaría resaltar la buena labor que el alcalde Francisco Bernabé, y su concejal de Cultura Julio García Cegarra, están haciendo todos los días en las presentaciones de la extensa agenda cultural del Festival. Que nadie lo tome por donde no lo es, al margen de ideologías, afortunadamente se lo han tomado en serio. El flamenco también es toda una cultura.
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