José Domínguez "El Cabrero venía a La Unión con la espinita clavada de la última vez que pisó esas mismas tablas. Se le notaba con muchas ganas, de hecho tres horas antes de que le tocará actuar ya estaba por la trastienda de los camerinos, saludando a sus seguidores y firmando autógrafos a diestro y a siniestro, tranquilo y la mar de divertido. Eso sí, manteniendo su seriedad dramática.
Con ese estado de ánimos muy mal se le tenía que dar la noche para que no triunfara, pues siempre tiene detrás de él, si no a una legión, sí un tercio de regulares flamencos dispuestos a partirse la camisa. Y a la noche se le fue la mano y tocó en el timbre de la casita del duende para que ese genio sobrevolara la tablas y se aposentara en la recia voz del sevillano. Así que naturalmente El Cabrero tuvo una gran noche flamenca, quizá la mejor actuación de las muchas que ha realizado en La Unión.
Después estarán los que ya están desde hace años a negarle el pan y la sal por fobias flamencas, obviamente respetables. Sin embargo, tampoco se puede así por las buenas desde el purismo altivo descalificar a los cientos de seguidores, como si estos fueran una especie de apestados plebeyos que están fuera de la casta de los grandes entendidos.
En la noche del sábado, segunda de las galas, la mayoría del público estaba
con El Cabrero, sin estar contra los grandes artistas que le habían precedido.
Y El Cabrero, Concentrado en sí mismo, salió cantando por soleá de Triana, para pasar a la malagueña con cantes abandolaos, que terminó con su grito de "Ni guerras, ni Dios, ni amo".Y a partir de ese momento armó un buen taco.
La comunicación dialéctica entre el público y él fue imparable, el respetable le gritaba cualquier petición y el respondía con su seriedad característica no exenta de una fina ironía. El Cabrero ya había hecho su declaración de intenciones, al cerrar la larga gala:"Ya no tengo prisa porqué no tengo a ningún compañero al que hacerle esperar. Ahora voy a cantar lo que dice el reglamento, porque ahora esto de los reglamentos es muy serio.
Siguió por siguiriya, para volver otra vez a los fandangos. Y cuando se levantó de la silla para cantar de pie junto al micro, ya estaba claro que esa era su gran noche. Continúo con la zambra del carcelero de Manolo Caracol, prosiguió con una toná y martinete, su pregón por milonga, dos fandangos más. Y con el público puesto en pie, tuvo que regresar al escenario para terminar su gran noche con otro fandango natural, acompañado muy bien, con cierto toque que sonaba a clásico, por su guitarrista Rafael Rodríguez, que lo llevó entre algodones.
Muchos y buenos aficionados disfrutaron de lo lindo, como Alfonso Amores de Badajoz y Maricu Mañas de la peña “La albuera”. O Fulgencio Martínez-Abarca y Pablo Delís, que por cierto se defiende como gato panza arriba tocando la guitarra. O José María Portillo “El Porti” y su primo.
Mucho aficionados, decía, como José Manuel Abellán, concejal socialista del ayuntamiento de Murcia que venía a ver a El Cabrero, o como Javier Iniesta, director general de la Administración Local y de Instituciones de la Comunidad Autónoma, que el otro día disfrutó con Sara Baras.
Tampoco se quisieron perder la ocasión el director del Museo de Fuente Álamo, Julián Pérez Paéz, que además de gran aficionado también canta muy bien y el pintor Carlos Pardo.
Muchos y buenos artistas se daban cita en el cartel, entre ellos, el guitarrista Gerardo Núñez que también realizó una gran actuación con su potente quinteto, tocó excelentemente por soleá y bulerías, prosiguió con su hermoso tema "Sevilla" por aires de guajira. Dos momentos estelares de su quinteto fueron el martinete que cantó Jesús Méndez y la soleá que cantó Carmen Cortés. Y como siempre estuvieron muy bien Cepillo a la percusión y Pablo Martín al Contrabajo, con momentos de diálogos en entre el contrabajo y la guitarra in crescendo a un ritmo vertiginoso. Gerardo Núñez, fue despedido con una merecida gran ovación.
Y como decíamos, que como en botica, aquí hay gusto para todos, a partir de ese momento llegaron los sabores añejos de Jérez. El grupo de Jérez con la llave de la única guitarra, la gran guitarra de Diego del Morao que acompañó en primer lugar al cantaor nacido en Badajoz Antonio Suárez Salazar "Guadiana" que cantó por taranta y por soleá. A continuación, de nuevo Diego del Morao volvió a acompañar a otro gran artista jerezano, Luis "El Zambo que cantó por soleá y por siguiriya, con ese tono tan especial que se estila en la escuela jerezana, para los que no todos los oídos están preparados.
Con el compás jerezano levantaron la noche cuando cantaron todos juntos en la fiesta por bulerías con la participación de Manuel Pantoja "Chicharito, ¡qué gran palmero!, que contaba con el baile al más puro estilo clásico por bulerías de Dieguito de la Margara.
Cuatro horas duró la gala con una puesta en escena con unas maneras muy diferentes de concebir el flamenco, con una diversidad de hacer y entender flamenco. Ahí está la riqueza, cada uno a lo suyo . Desde lo más clásico a las últimas tendencias que en este caso no dejan de respirar flamencura por los cuatro costados.
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