La bailaora Saras Baras llegó como un tsunami arrasando con su poderoso baile en su espectáculo “Sabores”, con unas texturas y unos aromas que despiertan al más pintao. Desde luego que no hay que tener un hambre atrasada para degustar el manjar flamenco tan exquisito que ofrece, uno puede acabar de pegarse un atracón y todo es ver la fragilidad grácil de la Baras con esa fuerza poderosa, para que de nuevo por los ojos te entre otra hambre nueva..
Mucho antes de subir ya había puesto el primer cartel de no hay billetes, para disgusto de bastantes seguidores que a priori se quedaron fuera; aunque quizá con persistencia y paciencia, algunos, más tarde lograran entrar. En la Unión todo es posible, y algún milagro que otro se produce. En todo caso, también en estas lides quien resiste, gana.
En este espectáculo dedicado a su madre Concha, lo que predomina es el baile estado químicamente puro, sin aditamentos, prescindiendo de una coreografía y del colorido habitual del vestuario, todo es sobriedad en este trabajo que recorre, dándole pinceladas de color, los diverso palos del flamenco, transitando por: la seguiriya, el taranto, los tanguillos, las alegrías, el martinete, la zambra, la soleá y las bulerías.
Sin embargo, la Baras no está sola, si no que muy bien acompañada por sus músicos y su cuerpo de baile. Uf, ¡Menudo cuerpo de baile! Menudo deleite para la vista. Aquí sí que lleva razón el maestro Goethe: “De cualquier modo que uno se imagine, siempre nos imaginamos viendo. Creo que el hombre sueña solamente por no dejar de ver”.
Y para ver como un estupendo mirón y gozar, ahí estaba el cuerpo de baile con: Alicia Fernández, Ana González, María Vega, Cecilia Gómez, Charo Pedraja, David Martín, Daniel Saltares, Raúl Fernández, José Galán y David Nieto.
Mas dos artistas invitados, dos bailaores como la copa de un pino verde, que viene pidiendo guerra, Luis Ortega que bailó por siguiriya y José Serrano que lo hizo por alegrías.
La Baras solamente bailó sola por tarantos y martinete, y zambra y bulerías con el cuerpo de baile. Uf, menudo cuerpo de baile, disculpen que me reitere, pero es que se me repite como un buen gazpacho. La Baras que es muy torera, solo hace faenas cortas pero muy intensas, le sobran con veinte minutos, como si lidiara dos toros con los estilos de Curro Romero y Rafael Paula.
Menudo martinete que hizo, con esos movimientos sensuales de caderas, que yo me imaginé que estaba ejecutando el cordax, aquel baile erótico festivo que los coros realizaban con su continúo movimiento en las tragedias griegas.
Supongo que le gustaría mucho a la japonesa Kyoko Shikaze, que escribe para Paseo Flamenco, y que ya tiene sus gustos definidos, ya lleva más de veinte años de experiencia en la cosa. Tanto como le encantó a la periodista Isabel Calleja, de la sección de Internacional de la agencia efe de Madrid, que vino exclusivamente a verla. Y ya no digamos a María José Palazón, a su hermana Mari Carmen, y a Conchi, que después de su plantón de dos horas ante las taquillas se quedaron sin entradas, para después entrar milagrosamente y pásaselo la mar de bien, como también disfrutó de lo lindo la rusa Elena Nikishkina.
Sin embargo, en el cartel también figuraba un buen cantaor, el cordobés Julián Estrada que se está haciendo un hueco en el escalafón de las figuras, y que gustó mucho a la gran mayoría del público, siendo en diversas ocasiones jaleado, que hizo cantes de trillas, soleá por bulerías, cantes de Levante, malagueña y fandangos, y que fue acompañado por la guitarra soberbia de Manuel Silveira, y en la parte de fusión también por Alberto de Paz al piano y Juanfran González a la percusión.
Una noche muy completita, en la que el respetable salió murmullando como si acabaran de asistir a una gran corrida de toros, y digo lo de toros por si alguna mente calenturienta interpreta la corrida en otro sentido. Qué, oiga, a cualquiera le puede pasar, con el calor que hace.
En la apretada agenda cultural, mucha gente importante se mueve por aquí, y el otro día estaba el ex ministro de trabajo Manuel Pimentel (que bien me cae este personaje) que tiene una buena editorial Almuzara, que en su sección de flamenco dirige Génesis García. Y también estuvo la diligente directora Pilar Membrives de Carena Editorial para presentar el libro “Sernita de Jérez ¡Vamos a acordarnos! La memoria cabal de su casta”, del excelente escritor y crítico José Manuel Gamboa.
Le pedí un libro a Pilar y me recordó que estos libros que le entregan por el morro a los medios de comunicación tienen un objetivo, que se hable de ellos. Como Carena puede también tener las acepciones de engaño o pulla, comprobará que lo que se promete es deuda.
No voy a desvelar como acaba el libro, pero si sus primeras líneas: “Curro de Jérez (hijo de Sernita): hoy es día 24, Nochebuena, y estoy en casa de mi madre, en Madrid, en la calle Laurel, que son las siete y media de la tarde. Y nadie puede hablar, porque todo el mundo empieza a llorar. Pero en el libro no van salir las lágrimas, van a salir páginas escritas, y tenemos que hablar cada uno lo que sepamos de él. Que el mundo sepa quien fue mi papa. ¡Vamos a acordarnos!