Ahora que los resultados de las pasadas elecciones autonómicas y municipales ya son pura estadística para los sociólogos, he de manifestar que la noticia que más me impactó fue la perdida de la alcaldía de Ceutí por parte del socialista Manolo Hurtado, que gobernaba los destinos de ese pueblo de la Vega media desde las primera elecciones de la democracia, con mayorías absolutas aplastantes.

La democracia es así, dicen que el mejor de los sistemas entre los peores, y ahora le tocó perder creo que por cuatrocientos pico votos. Nadie discute los resultados, aunque uno tenga la sensación de que dos elementos de carácter nacional han polarizado con bastante fuerza el debate de esas municipales, ya saben el “Agua para todos” y el terrorismo.

Manolo Hurtado no merecía salir así por la puerta trasera del ayuntamiento de Ceutí, perdiendo por los puntos, seguro que él hubiera preferido una derrota contundente.

A nadie con dos dedos de sensatez se le ocurre negar el gran trabajo que Hurtado ha hecho en todos los sentidos por su pueblo. Un pueblo que en el apartado cultural ha tenido una repercusión nacional muy importante. Hurtado fue el pionero en esto que ahora está muy de moda, este asunto de poner esculturas en rotondas y sacar la pintura a la calle con sus famosos murales.

En su centro cultural se ha realizado multitudinarias exposiciones plásticas con motivos solidarios en las que han participado desinteresadamente pintores, escultores y fotógrafos. Se ha programados unos excelentes carteles de música y teatro, hasta tal punto que Ceutí se había convertido en un referente cultural en la Región, y, a veces, fuera de ella. Yo creo que Manolo Hurtado se merece un gran homenaje por parte de los creadores de esta Región.

Si el presidente Ramón Luis Valcárcel practicara la cohabitación al estilo de Nicolás Sarkozy, que después de meter a varios socialistas en su gobierno y de proponer para el Fondo Monetario Internacional al también socialista Dominique Strauss-Kahn, a buen seguro que hubiera nombrado a Manuel Hurtado consejero de Cultura. Yo no dudo que sería un gran consejero de la cosa.

Como lo fue el ahora nuevo alcalde de Bullas, Esteban Egea, que esto sí que es el recopetín, cuando la Región era roja y las mayorías socialistas eran aplastantes, hasta que de repente cambió la tortilla. A muchos jóvenes eso de las mayorías absolutas socialistas durante varias elecciones en la Región de Murcia ya les debe sonar a memoria histórica.

Algunos, menos jóvenes, le echarán la culpa a la Logse y otros a Zapatero, que por entonces andaba de diputado por León. Entonces los socialistas murcianos pensaban que iban a estar toda la vida en el gobierno, como ahora lo piensan los populares. Sus motivos tienen los Partido Popular para pensar en ello, después de la gran victoria en la Región. Aunque otros dirán que torres más altas han visto caer.

En aquellos tiempos de las mayorías absolutas sociatas, que ya digo suenan a memoria histórica, los colectivos culturales con las uñas afiladas le reivindicaban más y más al entonces consejero Esteban Egea, entonces es que se reivindicaba mucho. Y ahí aguantó con elegancia el de Bullas. Un dialogante Esteban que ahora practicando la cohabitación ha propuesto que sea Valcárcel, ni más menos, el “Maestro del Vino y que su esposa Charo Cruz sea la pregonera de las próximas fiestas de Bullas. Pues, oiga, yo esto sí que lo veo muy bien. Esto no sí se parece un dialogo de civilizaciones, pero es un dialogo muy civilizado.

Lo más fácil es nombrar a uno de tu cuerda que te palmea, piropea con baba, y te hace unos juegos florales de mucho fuste. Así se debe de entender la política. Cada uno puede defender sus posiciones con verdadera pasión, pero lo cortés no quita lo valiente. Ese es el estilo político que a mí me interesa, es por eso que me impactó lo de Manolo Hurtado, porqué siempre me pareció un gran político, con sus cosillas dirán unos pocos, pero humano es vivir, y es ahora la mejor ocasión para hacerlo público, puesto que no lo hice en privado en su momento. Manolo Hurtado se merece un gran homenaje.