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La Coctelera

Patricio Peñalver Ortega

Un ser seco que se complace en los absurdos metafísicos

9 Julio 2007

¡Ánimo, Valverde, a por ellos!

Creo que dicen que las bicicletas son para el verano como los bikinis lo eran para las suecas que llegaban a Benidorm en aquellos otros veranos más castos. No piensan así los ciclistas que desde hace ya un tiempo exigen un carril bici, ya, para todas las épocas del año, precisamente hace unas jornadas se manifestaron para reindicar esa pretensión y organizaron una vuelta por la ciudad en cueritatis, mientras a su paso se arremolinaban los espectadores como si estuvieran viendo el Tour y algunos mirones que mas se sorprendían por las partes pudendas de los desnudos cuerpos gentiles, que por los modelos de las bicicletas.

No sé si las bicicletas son para el verano, y sin embargo sí sé que sin el Tour no habría verano. Uno de los máximos placeres del verano son sus gloriosas siestas, que yo sólo las perdono para ver un buen final de etapa, con tal de vez a Alejandro Valverde, pongamos que uno de los mejores ciclista de España y del mundo, aunque muchos sabemos que simplemente es el mejor.

Ahora recuerdo al último gran campeón Miguel Indurain con el pañuelo rojo por san Fermín Con el clásico chupinazo comienzan los Sanfermines, una fiesta que le gustaba mucho al Nóbel Ernest Hemingway, y ya tenemos encierros para rato. Después de todo lo que se ha dicho y escrito sobre Navarra, espero que Pamplona siga estando en el mismo sitio que yo la dejé cuando fui a emular al gran escritor norteamericano. Sinceramente no creo que les pidan el carné de identidad a los toreros Rafaelillo y Pepín Líria que se las tendrán que ver con las reses de Miura y Victorino.

De momento Navarra es Navarra, el Tour es el Tour, los sanfermines son los sanfermines, y el verano es el verano. Disculpen que me ponga un pelín reiterativo, pero es la única manera de que lo entiendan todos. Claro, que por mismo, no podría decir que Pekín es Pekín, por lo que leo en la prensa: “Los ríos de ciclistas que inundaban las calles de Pekín hace tan solo diez años, a las ocho de la mañana cuando entraban a trabajar o entre las cinco y la siete de la tarde cuando abandonaban sus puestos, casi han desaparecido. Han sido sustituidas por otra marea, en esta ocasión por miles de turismos que han ocupado el mercado y el espacio que antes era de las bicicletas, e incluso amenazan la integridad física de los pocos nostálgicos que quedan agarrados al pedaleo”. No sé, no sé, no sé si es cuento chino, se lo tendré que preguntar al Séneca, un empresario que ya hacía las Chinas antes, y no ahora que se ha puesto de moda.

Me pregunto yo porqué asocio al Tour con los sanfermines, y me respondo que tal vez tenga que vez con otro verano de adolescencia, por esas fechas me compré una bici de carreras y un maillot amarillo, entonces yo también vivía en un submarino, no sé si tratando de emular a Gimondi, a Ocaña, o al propio Merck; el caso es, que después de hacer la etapa Alhama de Murcia y viceversa, pensé que aquello no era lo mío. Uf, menudo esfuerzo.

Desde aquel momento no he dejado de admirar este deporte que tan caro se está poniendo en este Tour de France. Miren si no, la Unión de Ciclistas Internacional les exige a los corredores que ponga a disposición de las autoridades su ADN cuando se les solicite y les obliga a pagar un año de salario en el caso de que sean culpables de dopaje y además se les sancionan con la suspensión de dos años. Al final todos han tenido que entrar por el aro y firmar la carta. Eso mismo tenían que hacerle a ciertos políticos, cuando los pescaran dopados con la pasta gansa. Y por si fuera poco, la organización durante la ronda ya ha anunciado que hará 150 controles antidopaje y 400 pruebas de sangre. Tres semanas dura la prueba, las mismas que antes de que empezara ha estado cierta prensa francesa acusando sibilinamente a Alejandro Valverde con la intención de desconcentrarlo y desmotivarlo, por vaya usted a saber que intereses, cuando precisamente el máximo patrocinador del murciano es la firma francesa Caisse d´Eparne. Pues, ¡naranjas de la China!, para esos señores.

No creo que le afecte a Alejandro Valverde, un autentico murciano de dinamita, esas críticas adversas. Este corredor tiene madera de campeón, pase lo que pase, es honrado y muy buena gente. Y además es capaz de sacrificarse por otro compañero, sin que se le caigan los anillos. Espero que me fastidies algunas siestas. ¡Ánimo Valverde, a por ellos!

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Patricio Peñalver Ortega

Espinardo.-Murcia, España
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Mi profesión debería de ser la de lector, pero otros derroteros me llevaron a la de escritor y por ende a la de periodista. Tengo dos novelas publicadas: "El Murmullo de las Estaciones" y "Una novela sin nombre". Y otras que esperan.

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