No todos somos iguales, afortunadamente
Nunca me ha gustado el uso del plural mayestático, por ejemplo, del nosotros o vosotros, que utilizan ciertos políticos para meternos a todos en el mismo saco. Observando un poco la naturaleza de nuestro entorno mediterráneo, con una mirada de refilón, lo primero que salta a la vista, es que ni todas las naranjas, limones o melocotones son iguales. Los hay buenos y manifiestamente mejorables.
No sé sí me adivinan las intenciones, pero por si acaso no, he de decirles de antemano que en lo referente al tema que nos va a ocupar o a otro de cualquier índole, en lo referente a comparaciones, siempre hay algo superior e inferior, o lo que es lo mismo en una laxa conclusión momentánea: “De todo tiene que haber en la viña del señor”. Esto está más claro que el agua, me dirá mengano. Al mengano no le diría yo que no, y, sin embargo, le añadiría que está más claro que el agua, pero que el agua mineral. ¿Con gas o sin gas?, me podría replicar perengano, y yo como un zutano, le contestaría: al gusto.
No sé sí me siguen. Pues, mismamente, por estos andurriales podría proseguir mi cháchara hasta el final de estas líneas con la intención de venderles la moto, el oro y el moro, la Alhambra y la Catedral hasta al mismísimo sursuncorda, que esto ya sería el súmmun, con tal de ser elegante y no hablar del Gobierno autonómico recién constituido. Al flamante Gobierno hay que darle un margen de confianza de al menos 100 días, con sus correspondientes 60 y pico de vacaciones estivales, hasta ver sus primeras medidas y si son dos tazas más de lo mismo, o hay algún nuevo bajo el sol.
Hasta el momento, digo hasta el instante en que escribo, observo que bajo el sol, las chicharras aún no han comenzado con su monótono canto que me anuncia la oceanografía del tedio vacacional, y ya ha hecho un poco de calor. ¿Alguien me podría decir cómo y por qué estos insectos se ponen de acuerdo para empezar un día determinado, y no otro, su campaña veraniega? Esto parece un misterio.
Un misterio parecido a ese otro de los emigrantes murcianos que en las pasadas elecciones dieron su apoyo mayoritario al PSOE en las pasadas elecciones del 27-M. De un total de 17.326 murcianos que viven fuera de su Región, votaron 4.759 y el 56,69 le dio una mayoría absoluta a los socialistas, en contra de los murcianos residentes en su tierra que otorgaron la mayoría absoluta real con un 58 por ciento al actual presidente de la Comunidad Autónoma, Ramón Luis Valcárcel. ¿Quiénes son más murcianos los que habiendo nacido aquí trabajan allá, o los que siguen viviendo aquí, trabajan y se reproducen? ¿Quién concede la condición de murcianía? A ver, ¿quién le pone el cascabel al gato?
Démosle, pues, al nuevo Gobierno la confianza y la oportunidad para que gobierne para todos, para los murcianos de allá que no le han dado la mayoría y los de acá que le han dado el poder, para los que le han votado y los que no, y para los que no votan. Incluido a todos los rojos y a los progres impertinentes a los que tanto denotan las iras de los nuevos liberales. Uf, los nuevos liberales. Llegaron los liberales Ta-ta-tachan. Yo prefiero constitucionalmente a los viejos liberales, yo en esto soy muy antiguo: ¡Viva la Pepa!
Señor Presidente, con la venía, déles si puede un poco de agua a los otros, a los exiliados del exterior e interior, no les obligue a que tengan que montar un gobierno provisional. Ya sabe, por experiencia, que la nueva travesía del desierto que se inicia es larga y tediosa. Aunque uno parece ya tener una leve sensación de vivir instalado en un régimen, no sé si será por los malos rollos de la edad, aún así no se dejé adular por todos los que le sonríen y le palmotean a cada paso, Ramónluis, recuérdeme que cuando pasen los cien días de complacencia democrática a su gobierno, le dé un par de palmadas como las que le dieron al emperador para decirle, que no se olvidara de que era humano. Hoy no toca hablar del gobierno. Como verán, no todos somos iguales, afortunadamente.
