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La Coctelera

Patricio Peñalver Ortega

Un ser seco que se complace en los absurdos metafísicos

18 Junio 2007

La calle del periodista José González Cano

Por carta certificada, que no a través de un motorista, acabo de recibir una resolución del Instituto Murciano de Acción Social en la que se me comunica que por superar la cuantía establecida para la prestación del Ingreso Mínimo de Inserción, quedo excluido socialmente del programa. O me lo tomo a risa y proclamo con fervor ¡Agua para todos!, al gusto, con o sin vaselina, o al grito de ¡Viva el progreso y la demagogia!, lo considero un tema serio. Después de lo acontecido mejor no bromear con las cosas del comer, disculpen pues, que no esté para bromas y sin más dilación, valga el introito particular, vayamos al asunto general que realmente importa en este comento, de este memento.

Por los periódicos me enteré de la muerte del gran periodista de Espinardo José González Cano en Madrid, al que no veía desde hacia tiempo, y que quedé con esa duda existencial de sí realmente tal suceso había acaecido.

Después de un tiempo prudente observo la foto de entonces y yo creo que ha hecho mutis por el foro, silencioso, simplemente con un hasta luego. Pepe González Cano fue un gran entrevistador en la Gaceta Iustrada de los años 70, antes de su marcha a Madrid había empezado en el diario La Verdad y en esta casa acabaría con su sección Hablando abonico de la última página de los domingos. Para muchos jóvenes periodistas de entonces Pepe fue un triunfador de Espinardo que conquistó el corazón periodístico de Madrid. Así lo definía Ignacio Fontes, su compañero y amigo, en el titular de su escrito de recuerdo: “José González Cano, una escuela de periodismo”. Cuando murió García Lorca, el joven Miguel Hernández tuvo un recuerdo muy especial para Federico García Lorca en una conferencia al decir que “él solo era una nación de poesía”, parafraseando a Miguel permítanme que yo diga que González Cano también él solo era una nación de periodismo.

Hace unos días, en tiempos de elecciones, un amigo de Pepe me dijo muy alarmado que había ido a hablar con alguien de la autoridad competente del pueblo para que le dedicaran una calle en Espinardo y que ese alguien le había manifestado que eso de momento no era posible porque la idea que actualmente tenía la autoridad era la de poner calles a personajes que estuvieran vivos. A Pepe que antes de ser de Murcia, era naturalmente y con mucha honra de Espinardo, supongo que allá donde esté, ya digo que hace mucho tiempo que no lo veo, supongo que este asunto le hará mucha gracia. La misma que me hizo a mí, cuando un amigo de la Junta Vecinal propuso que le pusieran mi nombre a una calle, propuesta que obviamente fue rechazada por la autoridad competente de entonces. ¡Ay, que dolor!

Tener una calle tiene que tener su enjundia, sin embargo la auténtica calle de uno es aquella que le ha visto dar sus primeros pasos, esa calle sí es la auténtica patria. En aquellos tiempos de mis primeros callejeos cantaban los Lone Star: “Mi calle tiene un oscuro bar/ húmedas paredes/ pero sé que alguna vez/ cambiara mi suerte”.

En estos tiempos, después de andar por muchos caminos, de abrir muchas veredas y navegar por muchos mares, mi calle ha cambiado mucho, y mi suerte sigue dando tantas vueltas como la vida misma.

Por las viejas calles de Espinardo, por su calle Mayor, hemos paseado todos los jóvenes, desgastando suelas, una y otra vez, arriba y abajo, todas las ilusiones y todos los proyectos del futuro. Por esas calles siguen paseando otros, los hijos de aquellos. Y así gira la rueda de la fortuna, con sus éxitos y sus fracasos. Por la calle Mayor de Espinardo paseaba siempre que venía a Murcia Pepe González Cano a mantener tertulia en el Café Antonio con sus contertulios de siempre, como si el tiempo no transcurriera, sabiendo que el tiempo siempre ponía a cada uno en su sitio.

A mí, de momento, como decía al principio de este comento, ya me ha puesto en el mío. Antes, algunos amigos de la escuela de Pepe me decían con cierto recochineo que yo era el mejor periodista de Espinardo después González Cano. A lo que yo les contestaba el mejor de Espinardo, no. El mejor de mi calle, sí, porque no hay otro. Así que desde mi calle, atendiendo la petición que mi amigo le manifestó a la autoridad competente, me sumo a la petición de reivindicar una calle con el nombre de José González Cano, mientras oigo una hermosa canción de los U-2, en la ciudad donde cambia los nombres.

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Patricio Peñalver Ortega

Espinardo.-Murcia, España
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Mi profesión debería de ser la de lector, pero otros derroteros me llevaron a la de escritor y por ende a la de periodista. Tengo dos novelas publicadas: "El Murmullo de las Estaciones" y "Una novela sin nombre". Y otras que esperan.

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