En mitad del fragor de la batalla electoral el presidente de España José Luis Rodríguez Zapatero, hizo un hueco en su apretada agenda, para visitar la humilde casa del poeta oriolano de la calle de Arriba. Un gesto humano, no exento de sentido político, que le honra como ciudadano, al homenajear y reivindicar al hombre que tanto quiso y cantó a su tierra, un vergel en el cuál no pudo pasar los últimos momento de su corta vida, que no transcurrieron precisamente en el edén de un huerto de rosas.
El motor de la memoria histórica todavía les sigue pistoneando a ciertos políticos y políticas de la derecha conservadora cuando tratan de sumarse institucionalmente a las celebraciones sobre el poeta en curso, olvidando al hombre y ninguneando sus ideas, por las que pagó el excesivo precio de su vida en la cárcel de Alicante. Súmense y bienvenidos al club de la poesía. Efectivamente, como no podría ser de otro modo, la poesía de Miguel Hernández es de todos. No así su ideas políticas y fundamentalmente su moral y su ética, que me van a permitir decir que, ayer y hoy, siguen sin pegan ni con cola, con ciertas actitudes políticas y campañas por el agua que nombrar no quiero.
En el ecuador de la campaña electoral que Zapatero abrió el pasado 11 en Murcia, en mitad del mitín, desde un lateral del Pabellón unas mujeres llamaron la atención del presidente. Aquellas socialistas tenían una pancarta en la que decía: “Zapatero te necesitamos en Orihuela”, y el presidente tuvo que saludarlas ante el aplauso de todos los murcianos. Días después, este mismo grupo de socialistas también se desplazó al mitín que daba en Valencia con el mismo objetivo de llamar la atención, hasta conseguir la visita del presidente. Y vayan que sí lo consiguieron.
El pasado jueves 17, por primera vez un presidente de España llegaba hasta Orihuela, sobre la seis de la tarde con un sol de justicia, que se decía antes, y nada más bajar del coche en mangas de camisa se encontró con una marea humana que elevaba los treinta y pico grados. Allí, junto al arco de Santo Domingo, le esperaban la candidata a la alcaldía por el PSOE Antonia Moreno, el candidato a la Generalitat valenciana Joan Ignasi Pla, Leire Pajín, y Fuentes Zorita, el presidente de la Confederación Hidrográfica del Segura, y entre otros, uno mismo. Brillando por su ausencia las autoridades de la ciudad.
El presidente, desde el arco de santo Domingo hasta la casa del poeta, recorrió los trescientos metros en casi veinte minutos, entre un pasillo de cientos y cientos de personas que le querían besar, muchas mujeres, que le querían dar la mano, decirle unas palabras, entre gritos de “Zapatero, Zapatero”, “Presidente, Presidente”, y otros de guapo, guapo. ¡Qué se mueran los feos!, que decían Los Sirex. Tanto tardó, que ante la desesperación de los escoltas, hasta se me pegó a mí el frenesí, y después de darle la mano aún tuve tiempo de decirle al presidente: “Zapatero, soy de Murcia, qué hay de lo mío”.
Durante el paseo por la megafonía con gran volumen como mandan los santos cánones se escuchaba la voz de Serrat que cantaba los versos del poeta: “Para la libertad sangro, lucho, pervivo. / Para la libertad, mis ojos y mis manos, / como un árbol carnal, generoso y cautivo, doy a los cirujanos”.
Por fin llegó a la puerta de la casa, en la que como todos días, se encontraba el sobrino del poeta Manolo Terrés Hernández, hijo de la hermana pequeña de Miguel. Y en petit comité estuvo en la casa, durante más de quince minutos, visitando las estancia: la habitación del poeta, el comedor, hasta llegar a la higuera del patio El gentío, al que se había sumado algunos trabajadores que habían terminado la faena, se impacientaba ante la puerta y volvían a arreciar los gritos de “Zapatero, Zapatero”, mientras en un lateral de la fachada de Santo Domingo una pancarta recordaba: “Zapatero siempre cumple. Gracias PSOE”. Volvió a salir en volandas, sobre las siete media, con el tiempo justo de llegar al mitín que tenía que dar en Alicante. Zapatero había visitado la casa de Miguel Hernández y como un ciudadano más había dejado su escrito en el libro de visitas: “Para Orihuela. Con mi admiración a Miguel Hernández. Poeta del pueblo. Poeta Universal. J. Zapatero. Presidente del Gobierno.
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