La primavera, ¡ay! La primavera ha venido y nadie sabe como ha sido nos cantaba la voz melodiosa y aquietada de Luis Mariano que serenaba a las masas, una voz que no hay que confundir con la de don Mariano Rajoy que con otros cantos ha llamado a la rebelión cívica de otras masas con más fervor patriótico, masas que a su vez tampoco hay que asemejar a las otras rebeladas de Ortega y Gasset de la España invertebrada. No, no es eso.

Por fortuna no estamos en los tiempos, en los que don Manuel Fraga, pregonaba que la calle era suya, y la masa aún no compacta salía a la calle y a los pocos minutos quedaba disuelta como un azucarcillo en un vaso de agua.

Ahora la calle es de todos como hemos visto en las recientes manifestaciones y el hecho de caminar detrás de una pancarta ya no se considera un insulto, por fin todos somos en mayor o menor medida, pancarteros.

Las huestes de don Mariano Rajoy definitivamente le han cogido el gustillo a la calle. Por fin muchos ciudadanos de provincias han tenido el gusto de manifestarse en las calles de Madrid por primera vez en su vida, y, a tenor de lo que me han contado algunos participantes conservadores en esa marcha su experiencia ha sido indescriptible, algo así como una experiencia religiosa, de una emoción tan inefable como la primera vez en la que uno se manifestó en el asunto del amor, y tan importante en el recuerdo como la del primer beso en azarosa noche primaveral. No les exagero.

Por eso entiendo las palabras de don Mariano Rajoy en su justa medida poética al calificar que la última manifestación del P.P en Madrid le había parecido cívica, bonita y hermosa. También a mí me lo parece en general, desde que se aprobó nuestra Constitución, el hecho de poder manifestarse en libertad, es ya en sí mismo un acto muy hermoso, al margen de las consignas de cada convocatoria. Y no digamos ya la libertad de expresión sin ira. Esta sí que es bonita, hermosa, cívica y ardua al mismo tiempo. Más en los tiempos que corren.

Otras son las consecuencias políticas y sociales de las protestas. En la última manifa, por primera vez en la historia de nuestra democracia el principal partido de la oposición se manifestaba en la calle contra la política antiterrorista del Gobierno llegando a pedir la dimisión de su presidente, y eso tiene y tendrá unas consecuencias en las que yo ahora no entro.

Aunque sin embargo, si creo que la política antiterrorista no debería de ser nunca un motivo partidista o un pretexto de lucha política para desgastar al gobierno de turno. De la misma manera que considero que el mecanismo que tiene la oposición para pedir la dimisión del presidente es la presentación de una moción de censura.

La primavera que la sangre altera, ay, nos llegó protestando con el cambio climático en un viaje hacia el invierno. La estación de los amores también tiene sus adláteres y sus detractores, como los tiene el gobierno y su presidente. Yo sin ambages me considero un perfecto adlátere. Es en esta época en la que más me gusta la calle. Ahora que se han cumplido cuatro años de aquella primavera en las que cientos de miles de españoles, también ciudadanos del mundo, se echaron a la calle para pedir el no a guerra de Irak, recuerdo haberme manifestado por entonces en contra de esa matanza genocida más veces en dos semanas que en varios años. Pues, hoy, todavía me sigue sorprendiendo la postura del P.P en este tema de sostenella y no enmendalla. Aunque unas pocas voces del partido ya hayan discrepado. No, no había armas de destrucción masiva. Y ya hasta un 60% ciento de la población estadounidense admite que la guerra fue un error. Dicen que rectificar es de sabios, pero…

La primavera, ay, ha venido y nadie sabe como ha sido Una larga y caliente primavera, la que nos espera hasta llegar a las elecciones de mayo. Unas interesantes elecciones que prometen ser muy interesantes, con la posibilidad de sorpresas in extremis. Así que soseguémonos y disfrutemos echándonos a la calle a la manera mediterránea, al fragor del azahar, con la conciencia y la libertad de saber que la calle es de todos