La cospiración como golpe de Estado permanente
Voy a comenzar estas líneas tomándole una cita prestada al gran Antonio Machado: “Señores: la verdad del hombre—habla Mairena a sus alumnos de Retórica—empieza donde acaba su propia tontería. Pero la tontería del hombre es inagotable…”.
La Retórica es un arte cuando se utiliza correctamente con elocuencia y una perogrullada que cae en la palabrería cuando se hace desde un lenguaje retorcido y torticero.
Desde ese lenguaje retorcido y torticero venimos asistiendo a un delirante culebrón por entregas en algunos medios de comunicación sobre lo que ocurrió el 11 de marzo de 2004, en el mayor atentado terrorista en España, que no creen y por lo tanto no respetan el trabajo de los jueces, fiscales, policía y guardia civil que investigan los hechos. Esos medios de comunicación en principio lanzaban cortinas de humo para confundir, no tenían pruebas pero exigían que se siguiera investigando hasta llegar al “autor intelectual del atentado.
El autor intelectual del atentado, a pocas horas de que ocurriera el atentado estaba claro para el entonces ministro del Interior Miguel Ángel Acebes del Partido Popular, y no era otro que ETA. Y esta sospecha es la que ciertos medios de comunicación siguen manteniendo desde entonces, y desde hace un tiempo descaradamente secundada con la acción política de los máximos dirigentes del P.P.
Ahora se ha dado un paso más, al lanzar acusaciones contra el gobierno de que está ocultando pruebas o las ha hecho desaparecer, con jueces que prevarican y fiscales y policías que mienten, cuando siguen negando la autoría de ETA. O sea, todo un ataque al corazón del estado de derecho, porque si se pone en duda el trabajo de la Justicia y la Policía, apaga y vámonos. Cómo debe de estar la cosa para que el Sindicato Unificado de la Policía (SUP) haya denunciado “el terrorismo informativo llevado a cabo por los inquisidores y abanderados del odio y la mentira que sostienen la teoría conspirativa del 11-M.
Una teoría propia para una vulgar literatura de aventuras que no ha cesado desde el tipo de explosivos utilizado, la mochila de Vallecas, la furgoneta Kangoo, la tarjeta de visita que confundieron con la de Orquesta Mondragón, hasta la última del ácido bórico.
Esta es una teoría conspirativa que como un permanente golpe de Estado comenzó cuando el P.P perdió el poder en las urnas y que pretende mantener su tensión hasta las próximas elecciones generales del 2008. Los conspiradores, decía, lanzan continuas cortinas de humo, acusan sin pruebas, y sin querer decir, dicen que la masacre fue llevada a cabo por islamistas, etarras, policía, guardias civiles, miembros del CNI, servicios secretos extranjeros, más miembros del PSOE. Casí ná, en un país en la que en una reunión de cinco es casi imposible ponerse de acuerdo en cualquier tema ¡Áteme usted esa mosca por el rabo!
Sobre estas elucubraciones he discutido con amigos y conocidos, personas inteligentes y muy sensatas, que participaban de esas delirantes ideas dándome las claves y las cotas del calado social que la teoría de la conspiración ha alcanzado.
Los que exigen querer saber toda la verdad, están diciendo que por ende los están engañando, y no se van a bajar de ese tren que electoralmente parece rentable, como tampoco se bajaron de aquel otro que conducía a la infame guerra de Irak con las mentiras de las armas de destrucción masiva. Los hechos son tozudos y ahí siguen con la conspiración erre que erre en plan determinista por un camino de raíles que al final antes de llegar a parte alguna, puede descarrilar.
Volvemos de nuevo a una cita de Machado: “Lo corriente en el hombre es la tendencia a creer verdadero cuanto le reporta alguna utilidad. Por eso hay tantos hombres capaces de comulgar con ruedas de molinos”. No se preocupen, el que más y el que menos ha tenido alguna que otra experiencia religiosa, yo también he comulgado alguna vez con ruedas de molinos, aunque éstos fueran los de Don Quijote.
Que cada cual sigan exigiendo su verdad, sabiendo que en su envés anida la mentira, que ancho es el mundo y que a la larga ésta tiene las patas muy cortas. Y terminamos, ya puestos, con el gran Machado:
“La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.
Agamenón. —Conforme.
El porquero. —No me convence.
