¿Por donde empezar la crónica? Esa es una buena pregunta que me hago yo en estos precisos instantes. ¿Por donde comenzar, por el suculento y extenso primer plato de los concursantes, o por el lujoso postre del artista invitado: Falete? Como tengo la duda metódica lo resuelvo lanzando una moneda al aire, y, vaya, cae de canto.
Por lo que sin ningún género de duda me decanto por el genial artista que Rafael Ojeda Rojas representa al subir al escenario que se llama Falete, que recibe su nombre artístico de su nombre real (no confunda algunos malévolos con el de falo, falete. O sí, hagan lo que quieran, faltaría más) que tiene también las dos partes de la moneda, y no precisamente de la falsa monea que de mano en mano va y ninguno se la quea. Falete es una moneda verdadera con su anverso y reverso, su parte de alma femenina y su otra de cuerpo masculino. Y cuando sale al escenario jugando con sus coloristas mantillas, que de vez en cuando cambia como una figura del toreo, se transforma en una reinona llenando el escenario de cante, henchido de arte.
Falete no deja de ser un icono gay. Acostumbrado al glamour de los grandes los teatros urbanos no vino al paisaje rural y bucólico de Lo Ferro a pasar de puntillas. Falete se entregó, en cuerpo y alma, con su espectáculo “Puta Mentira” que recibe el nombre de su último disco, desde que salió cantando su primer tema. “El amar y el querer”. A partir de ese momento todo fue miel sobre hojuelas. El público le jaleaba y la química actuaba a través de sus vasos comunicantes con los temas “Si tú me entendieras” y “Algo más que un amigo”, hasta llegar al gran temazo: “Payaso” que popularizó el gran Bambino, ahí se dolía y pellizcaba Falete rumbeando en honor al maestro de ese son. Y proseguía su actuación con su peculiar homenaje a los grandes artistas de las copla, hombres y mujeres, con estribillos que algunos espectadores murmullaban por lo bajini: ¡Ay, pena, penita mía, pena de mi corazón”, o ese otro “A tu vera, siempre a la verita tuya, hasta el día en que me muera”. Y de gusto se morían disfrutando los unos y las otras con los paseíllos garbosos del artista por las tablas.
A partir de ese momento dejaba paso al lucimiento de su excelente grupo: al piano Fidel Cordero; a las guitarra José Quevedo “Bolita” y Ricardo Rivera; Contrabajo, Alejandro Benítez; a la percusión Paquito González y Pedro Nieto; a los coros-palmas, Roberto Chamorro “El Roto”, Carmen Garzón, Inma Jacquot “Carbonera”. Y al baile Juan Amaya “Pelón”, que se lució en su baile, y muy bien, dedicado a Juan Amaya.
No quiso pasar el artista, que nos recuerda muchas cosas de Lola Flores, María Jiménez, Chavela Vargas y Rocio Jurado, por Lo Ferro de puntillas. Y al final se metió al público literalmente en el bolsillo. No crean que Falete es un producto mediático, que también lo es desde que apareciera en el programa “Ratones Coloraos” de Jesús Quintero, pues tiene cuerda para rato y un chorro de voz que parece un cañón, como demostró cuando soltó el micrófono y la voz se seguía oyendo limpia y potente. No, Falete no cantó en lo Ferro en play-brack. Y terminó su gran actuación con un fin de fiesta por bulerías, en la que homenajeaba al maestro Manolo Caracol con su tema “La Salvaora”.
Y del postre volvamos al primer plato de los concursantes que optaban a ese otro postre lujurioso que es “El Melón de Oro”. Y digamos que la igualdad era tan exigua que separaba a los tres o cuatro cantaores que podían entrar en la pomada, que todo iba a depender de la templanza que hubieran tenido anoche en esa gran final. A la hora, tres y media de la tarde, en la que estoy escribiendo esta crónica de un premio no anunciado, partía como caballo ganador el extremeño Pedro Cintas, pero después de lo visto y oído se le había metido una buena china en su zapato, que no era otra que la excelente cantaora sevillana María José Carrasco. Incluso en el paquete se había colado de rondó Roque Barato de Ciudad Real. Algunos aficionados, con muchas dudas, ya tenían su quiniela hecha.
Yo, después de hablar con Simón García que dirige la Agrupación Astronómica de Murcia, y con Domingo Díaz, de otros menesteres científicos, después de bromear con lo que se dice del planeta Plutón que lo han expulsado por putón, tenía aún más dudas. Y ahora, menos, me iba a meter a adivino, que eso es cosa de astrólogos, no confundir con astrónomos. Y además si yo supiera la quiniela, no hubiera dudado en rellenarla con los siete números, incluido el complementario de la Primitiva de anoche. Siete números como los siete concursantes que ya tenían premio asegurado por haber pasado a la final.
Por lo que volví al viejo truco al que recurren los árbitros cuando dos contrincantes no logran desempatar ni en los penaltis. Me levante del ordenador y me puse con los brazos en jarras y con gran ceremonia lancé la moneda al aire. La moneda volvió a caer de canto, aunque levemente se canteaba hacia el lado de María José Carrasco,.ya veríamos si las tres ramas de romero que lucía en su cabeza a modo de peineta le había traído la suerte. La clave de esa moneda con canto rodado, volvemos a repetir, estaría en los cantes ejecutados durante la pasada madrugada. A esta hora, usted y yo, ya sabremos a quien le tocó la gran primitiva del “Melón de Oro”.
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