Categoría: temas cotidianos
18 Octubre 2009
Como el poeta Pablo Neruda confesaba en sus memorias todo lo que había vivido, yo también confieso que durante los últimos cuarenta años he escuchado más de cuatrocientas y picos conversaciones, que en ocasiones se mutaban en discusiones, acerca de las bondades y los defectos entre los murcianos y cartageneros, que se piropeaban con los adjetivos de barrigasverdes y aladroques, en su versión más fina y educada, y no he llegado nunca a ninguna conclusión concluyente.
Nunca he entrado en esa dialéctica pintoresca, que no deja de divertirme, ni siquiera después de haber visto, el otro día en un partido de fútbol entre el Cartagena y el Betis, una pancarta en la que se señalaba: "Los cartageneros no somos murcianos". Por supuesto que no, ni los murcianos son cartageneros, ni los caravaqueños son de Cehegín ni los yeclanos de Jumilla ni los de La Unión de Cartagena, y ya hasta un suponer ni los mismos de Espinardo, que hasta por ser, podemos ser república independiente. Aunque supongo que los aficionados del Betis, que leyeran esa pancarta entenderían su enunciado, tampoco ellos son del Sevilla; muchos son de Triana. Como ya hablan observado, quiero hablar en clave futbolística y me estoy yendo por las ramas sociológicas.
El otro día le oí decir a un murciano y murcianista de pro que se estaba pensando el cambiar de equipo y hacerse del Cartagena, no sé sí lo estaba diciendo con retranca huertana o coña marinera. Sin embargo, razones no le faltaban viendo el juego que hace un equipo y otro y la clasificación en la tabla de la segunda división; sí, vaya, hasta los jugadores que nos funcionaban el año pasado en el Murcia y que este año juegan en el Cartagena lo hacen fetén. Esta afirmación no me resultó a priori baladí, teniendo en cuenta que cada uno puede ser del equipo que le venga en gana, faltaría más. Sin embargo, no sé porqué asociación de ideas me acordé del primer partido del Cartagena en Girona. Estaba yo viendo este partido por televisión en el hotelspa de Torre Pacheco y de pronto surgió un momento de platica con el encargado de mantenimiento técnico del hotel, siempre atento y cordial, que me decía que él solía ir unas veces a los partidos del Cartagena y otras a los del Murcia; aunque ahora le costara más tiempo llegar al nuevo estadio con el lío de tráfico. Supongo que a esta altura del partido ya se habrá decantado por un equipo. No sé que tiene que pasar para que algo cambie en el Real Murcia, lo que sí tengo claro es que este equipo no ilusiona a la gran mayoría de aficionados, todo lo contrario que ocurre en la ciudad departamental; aunque la liga acaba de comenzar, y la vida como el balón da muchas vueltas, ya se adivina por donde va ir la cosa. Así que habrá que prepararse para el derby regional, ése si que va a ser el partido del siglo en la segunda división. Y también para el otro partido del siglo, otro más, siempre es el mismo: El Barsa contra el Madrid, con el añadido de este año de Messi contra el Ronaldo, sí el mago ése con sus conjuros deja ya de joder con la pelota al portugués.
De manera que ya oigo por ahí, de vez en cuando, en la espera de ese derby entre murcianos y cartageneros, la misma cantinela de tópicos típicos, aunque en un tono mucho más distendido y divertido que otrora. Aunque de todo hay donde elegir en la viña del señor, los hay que se toman el fútbol como un juego y por haberlo haylos que se toman la vida como sí se les fuera en un partido.
Así que volviendo al partido del Betis-Cartagena que me ha suscitado los tópicos ya aludidos y otras menudencias, a vuelapluma he recordado que, tal vez, al último partido al que yo asistí en el viejo estadio de la Condomina fue un Real Murcia-Betis. Tenía yo, por entonces unas simpatías enormes al equipo trianero por su juego y especialmente por dos jugadores: Cristo y el melenudo García Soriano al que apodaban El Flaco, que era mí preferido por sus galopadas. En unas de esas galopadas se internó por la banda, se escoró hacia el centro y marcó un soberano gol que ponía el 1-3 en el marcador. Yo me levanté y grité goool. Un señor de Archena me recriminó mi acción pensando que yo era de Sevilla. Y yo le respondí que no era de esa parte, que era de la parte de Espinardo y que me gustaba el Betis. Y este señor, tras unos instantes dubitativos, dijo: pues bueno, ¡Viva el Betis manque pierda! En fin, señores aficionados albinegros y pimentoneros, en ese proceloso mar de tópicos típicos, que gane siempre el mejor: Fútbol es Fútbol.
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21 Septiembre 2009
Sinceramente no creo que las moscas madrileñas o andaluzas sean diferentes a las murcianas, sin embargo a mí sí me lo parecen, y, no me refiero a la mosca cojonera, como botón de muestra nada más tengo que observar el pavoneo de la mosca que acaba de entrar por mí ventana y pertinazmente se posa en mi antebrazo, sin miedo a ser cazada en su ágil vuelo.
Posiblemente la mosca sea uno de los insectos más antiguos, yo me creo que este díptero a acompañado al hombre desde que el mundo es mundo. Ya lo decía el poeta en el Juan de Mairena: "La vida de provincias-decía mi maestro-es una copia descolorida de la vida madrileña; es esta vida misma, vista en uno de esos espejos de café provinciano, enturbiados por muchas generaciones de moscas". Y llevaba mucha razón el poeta y su maestro.
Claro que ya la mosca no es lo que era en cantidad, los insecticidas van mejorando y ya no se utilizan esas tiras en las que perecían como con un ruido de silla eléctrica, ya no somos solo un país de moscas y toros, que esto lo tuvo que decir alguien al que le había picado la mosca, la cojonera, claro.
A las moscas ya les cantó don Antonio Machado, y de qué manera: "Vosotras, las familiares, /inevitables golosas, /vosotras, moscas vulgares, / me evocáis todas las cosas. / ¡Oh, viejas moscas voraces/ como abejas en abril, / viejas moscas pertinaces sobre mi calva infantil!
En este verano sin canción de verano, que se nos va en busca del otoño, son muchos los que parecen tener la mosca detrás de la oreja, con el asunto del presunto espionaje, y los móviles pinchados; mientras que a otros el estribillo del asunto les parece como el de una mosca pinchada en un palo. En este verano, como la mosca que sigue su caprichoso vuelo por mi habitación, al azar escucho la voz de Joan Manuel Serrat: ¡Moscas del primer hastío/ en el salón familiar, / las claras tardes de estío/ en que yo empecé a soñar!/ Y en la aborrecida escuela, / raudas moscas divertidas, /perseguidas/ por amor de lo que vuela, -que todo es volar-sonoras, /rebotando en los cristales/ en los días otoñales... Moscas de todas las horas,/ de infancia y adolescencia,/ de mí juventud dorada;/ de esa segunda inocencia,/ que da en no creer en nada,/ de siempre...Moscas vulgares,/ que de puro familiares/ no tendréis digno cantor:/ yo sé que os habéis posado/ sobre el juguete encantado,/ sobre el librote cerrado,/sobre la carta de amor,/ sobre los párpados yertos de los muertos."
Cada vez que oigo cantar a Serrat, o leo, el poema: Las moscas, me invade una sensación placentera, del goce de la vida, del disfrute por las pequeñas cosas. Y esas pequeñas cosas, son las que ten alivian de las grandes tontadas, que hasta en un momento dado, hasta sinceramente, te inspiran. ¡Menudas son las moscas! "Inevitables golosas, / que ni labráis como abejas, / ni brilláis cual mariposas; / pequeñitas, revoltosas, / vosotras, amigas viejas, / me evocáis todas las cosas".
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15 Septiembre 2009
Feria de Murcia 2009
De lo qué la vida es una tómbola de luz y de color, que les decía ayer mismo, no tengo ninguna duda. Un servidor por lo mismo podía haber sido un enviado especial de cualquier estúpida guerra, sin embargo por azar, aquí me tienen al otro lado, en la parte festera, en la paz, asistiendo a las kábilas y mesnadas que personifican la convivencia entre moros y cristianos, desde la fundación de Medina Mursiya, dicen que por el año 825 por el Emir Adderramán II hasta la reconquista cristiana allá por el 1243.
Parece que fue ayer cuando la Fundación de Moros y Cristianos de Murcia comenzaban estas fiestas, por el 1983, que representa la entrega de las llaves del rey moro Aben Hud al infante Alfonso, futuro rey Alfonso X El sabio. Y ya han pasado 26 años. El tiempo corre que vuela, aunque nunca sea tarde para recuperar cualquier memoria histórica, y hasta aquí han llegado unas fiestas, en las que muchos no daban un duro por ellas.
Desde luego que no era nada fácil poner en marcha unas fiestas de moros y cristianos, si tener ningún vestigio de tradición, muy al contrario resultaba difícil que un festejo nuevo cuño de estas características encajara en las fiestas de septiembre de Murcia, cuando ya se tenían muy consolidadas otras como la de Abanilla o las Caravaca de la Cruz , o incluso las de Orihuela, que con ser de la provincia de Alicante, están mucho más cerca.
Las fiestas de moros y cristianos de Murcia ya nacieron con el inconveniente de ser continuamente comparadas con las de las poblaciones ya citadas, cuando cualquier comparación resultaba entonces obviamente inoportuna, ya que cada de ellas ya tenía sus propias particularidades, sus propias señas de identidad. Ahora, después veintitantos años, es cuando realmente a ésta fiesta ya se le empieza a ver su madurez, su poso, como un buen vino de reserva, y su estilo. Qué cada cual, elija, las que le gusten. Si hay gente pa´tó en cualquier tema, no vean ya si la cosa va de fiestas. Yo reconozco, que a pesar de haber asistido a muchas fiestas de moros y cristianos, de por aquí y más allá, soy un perfecto neófito. Siempre me quedó con la belleza de la vestimenta y basta que suenen las notas de Paquito El Chocolatero, eh, eh, eh, para que me despiste inmediatamente. Aunque reconozco que una de mis debilidades son las bandas de música, suelo disfrutar viendo las habilidades de los músicos en movimiento. El otro día hasta fui a ver a la de Guadalupe de nombre Las Musas, gran banda, al campamento medieval que estaba desguarnecido.
A esa hora, del viernes, las ocho kábilas y las ocho mesnadas ya habían abandonado sus campamentos y habían tomado la ciudad, en su primer pasacalle desde la Plaza de Romea hasta llegar al balcón del Ayuntamiento para que celebrar el acto de bienvenida. Después, entre la muchedumbre de los huertos, regresaron al campamento, y allí todo se divertían por doquier. A la hora de la diversión, no hay distingos: O todos moros o todos cristianos.
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12 Septiembre 2009
Feria de Murcia 2009
Las músicas de la feria ya están sonando y girando como un carrusel, unas a otras se suceden armoniosamente, como en un mar de olas pausadas con los folklores del Festival Internacional en el Mediterráneo, y con sus ritmos tradiciones nos incitan a bailar al compás de otros ritmos, a soñar que por momentos, un suponer, estamos en la India o en Armenia. Más de 11 grupos folklóricos de cuatro continentes danzan por las calles de Murcia.
Claro que como no sólo de música vive el hombre, El festival Internacional de Folklore en el Mediterráneo, que dirige con buen tono y tino Manuel Fernández-Delgado, también le pone al asunto: cine, pintura, fotografía, y poesía. Ya los pintores plasmaron, el pretérito lunes, en sus lienzos al aire libre de la Plaza de Belluga sus visiones sobre el lema: "El mar y las ciudades, allí estuvieron los pintores Manolo Belzunce, Antonio Ballester, Miguel Fructuoso, Esteban Bernal, Ana Martínez o Manuel Pérez, entre otros. Unas obras espontáneas, que creadas en la calle ante la atenta mirada de los paseantes, ahora pueden contemplar hasta el día 29 de noviembre en el Museo de la Ciudad.
Precisamente en ese Museo de la Ciudad, que muchos ciudadanos aún desconocen, se celebraba el martes, la primera de sus tres noches poéticas, también con la temática de "El mar y las ciudades". Comenzaba, pues, el ciclo Trasnochando que coordina estupendamente Soren Peñalver, que ni es mi hermano ni primo y sin embargo amigo.
A las doce en punto de la noche, en el patio del Museo, rodeado de centenarias palmeras y con el dulzón encanto de la exuberante dama de noche que te embriaga sin remisión, sonaba la música de la poesía, como la música callado del toreo, con su sutiles sonidos, por regalo de la musas. Los poemas elegidos por José Antonio Martínez Muñoz, Antonio Parra, Mamen Piqueras, Pascual Martínez, José Cantabella, entre otros, dejaban las notas tonales en el aire de sus diversos ritmos y registros. Y en mitad de la noche, la voz dulce de Lucia Hernández Soler leía, el poema La Playa de Eloy Sánchez Rosillo, que sonaba como música de los propios ángeles, en su voz Allí no estaba el poeta, pero sí estaba su hijo, que tanto sabe de ese poema.
Entre poemas y poemas, a eso de las dos de la madrugada, la música se fusionaba con la poesía de manera magistral. Sebastián Mondéjar, recitando y a la percusión; Miguel Ángel Monda, a la guitarra y Andrés Santos, al clarinete; ilustraban los poemas El mar estaba lejos y Septiembre, como un homenaje a Sánchez Rosillo. Una ilustración, sencillamente genial. Nos quedamos con los versos del poema Septiembre: "De repente, las playas se han quedado desiertas; / ha refrescado un poco y se acortan las tardes. / Hoy comienza septiembre, y la melancolía/ del final del verano, puntualísima acude/ a su cita conmigo. Hay que volver mañana/ a la ciudad. En ella, me esperan las rutinas/ y las viejas costumbres que me fueron haciendo/ el que soy...
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11 Septiembre 2009
Feria de Murcia 2009
En la fiesta sí que somos atípicos, a los murcianos no hay quién nos gane en lo que a festejos se refiere, ni crisis que le resista a la hora de echar un rato de parranda, Después de dos meses de vacaciones, aquí la rentrée la iniciamos con un pedazo de feria. Y con música para todos. No hay más que ir a los huertos, para ver que están a reventar.
Lo que de a uno lo lleven al huerto nunca está demás, aunque sea con insanas intenciones. El dilema empieza cuando te llevan a los huertos y tienes que elegir en que lugar aposentas tus reales, pues anda que no hay donde elegir, entre las dos zonas: una más moderna y otra tradicional.
Tenemos casi una tahúlla de terreno con más de 45 empresas de alimentación murcianas, entre ellas excelentes restaurantes y bodegas, en la que podemos degustar sus manjares por un ticket de 9 euros, en la que además entra un vermú, por cierto exquisito, como una representación de nuestra gastronomía más puntera. Y además también tenemos nuestros huertos tradicionales con sus patatas con ajo, sus michirones, su zarangoño y las cosas del cerdo, ya saben del cerdo: desde el rabo hasta las orejas.
A ese parque temático, sin huerta, tal que el lunes me dejé caer, pensando que habría menos gente, y craso error. Aquello estaba de bote en bote, y no precisamente con muchas ganas de coger un azá. No, desde luego que no. Allí se había abierto el tablacho y el personal comía y bebía como, si estuvieran regando a manta, nada de riego por goteo, vaya, como a pajera abierta. Por estos huertos, sí que se notaba eso que llaman brotes verdes.
Andaba yo, cavilando en esos de los brotes verdes, cuando de repente me topé con dos boxeadores del color de Cassius Clay que simulaban un combate y allí en un estrado estaba el maestro Ibarra en el programa Grada 6, con su voz de rayos y truenos, que se emitía en directo narrando los golpes que señalaban los púgiles, y allí estaba arbitrando Juan Hervás, de manera que me tuve que acordar de los tiempos del Ditirambo.
Y entre ditirambos a los huertos, me decían unos amigos que mejor no recordar sus nombres: "Lo mejor de los huertos es el ambiente, y sí no mira esas t y sí no mira ese c. No les dije yo ni que sí ni que no, no quería entrar en disquisiciones metafísicas, por supuesto el ambiente estaba superior. Desde luego que hay darse una vuelta por los huertos, pero etapa a etapa, como lo hace el ciclista. Valverde. Hay que saber dejarse ir al huerto.
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10 Septiembre 2009
Feria de Murcia 2009
Menos mal que no llegué a la clausura de la feria del ganado, en un mercedes blanco como creo que cantaba Kilo Veneno o Los Pata Negra, pues menudo estaba el patio en el recinto de La Azacaya. ¡Menudo gentío!
El caso es que iba yo con mucha ilusión a la anunciada carrera de burros, con la misma intensidad como va el filósofo Fernando Savater al hipódromo de Lasarte, y, a pesar de llegar con la carrera ya empezada, el asunto mereció la pena. Competían los asnos de de dos en dos, en un ambiente muy divertido, dándole un par de vueltas a un recinto vallado. Ya venía uno con el encargo, por parte de un colega de la parte de Bilbao, de apostar por el 7, sin embargo no se admitían apuestas. Menos mal, el 7 de nombre Cristina corría contra el número 5 llamado Laura. Pues nada más dar la voz de salida, el 7 parecía ir de paseo pastoril, y el número 5 lo dobló al trote. Peor fue lo número 21 de nombre Loli que nada más dar la voz de ya: se quedó parada, más atascada que una mula y no hubo manera de que se moviera, facilitándole el éxito al 21 anunciado como marica.
Conducía la velada, micrófono en mano el director de la Feria, Santiago Lidón con aplomo y mucho humor, que anunciaba a los siguientes participantes: 25 Puri, de cuerpo muy pequeño contra 24 Paloma, de contextura muy grande. Ganaba Paloma y una señora le indicaba a su marido: "Ver, ya te lo decía yo, burro grande, ande o no ande. Las carreras se sucedían, unas a otras,, hasta que una señora le decía a su hijo, que disfrutaba comiéndose una panocha asada: Vega, vamos nene, no vamos a estar toda la tarde viendo correr burros".. La carrera había concluido con gran éxito de público, y al final ganó Mónica.
Pero, ¡Cá!, por no quedaba por ver cosas y animales, entre la multitud de personas que iban de un lado para otro mirando, ora a las cuadras de vacas, ora a la cuadras de caballos y yeguas, como si cantaran"mi jaca galopa el viento, cuando pasa caminito de Jérez". Concluía la Feria con una enorme afluencia de visitantes, y en eso que me tropezaba con don Tomás Fuertes, que me expresaba: "Está muy bien esto de poder ver las cosas autóctonas de nuestra Región, aunque sea un vez al año". Pues vaya que sí, ¡Menudo gentío!
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9 Septiembre 2009
Feria de Murcia 2009
En cada ciudad, en cada pueblo, siempre hay unos rincones o unas plazas que tienen por antonomasia la calificación de lugares emblemáticos, y que suelen ser de visita obligada para los foráneos que la visitan. Pues, hablando de plazas, sin más, me voy a referir a la de las Flores y a la de Santa Catalina, en las que los extranjeros que las disfrutan por vez primera pierden al momento su condición de forasteros y se sienten al instante como en su propia casa.
A estas plazas céntricas, rodeadas de un sinfín de bares y cafeterías, acuden cientos de lugareños cada día con la ilusión renovada de hacer más llevadera la jornada. Por estas plazas, situadas junto a la calle de Las Mulas, la calle en la que hay mas bares por metros cuadrados del mundo, se palpa la idiosincrasia de nuestras gentes, alegres y hospitalarias,
A estas plazas, por las que ya han pasado varias generaciones, también acuden los murcianos cuando regresan de la diáspora. Ahora recuerdo una de las noches de la finiquitada Semana del Cine Español en Murcia, abolida por desgracia, que tanto nos proyectaba al exterior. En esa noche se homenajeaba al gran actor Paco Rabal, y, menuda noche, ¡Jo qué noche!, entre amigos. Gran noche en la que nos dieron literalmente las del rosario de la aurora, tanto que a esa hora matutina hasta se le acercó la sacristana de la iglesia a Paco como si lo conociera de toda la vida. Esa era la gran virtud de Paco: todo el mundo lo saludaba y él les hablaba como si fueran de su misma familia. Aquella mañana, después de la luenga madrugada de copas y charlas, Paco se quería comer un bocata de anchoas, y no se comió uno sino dos, en el bar El Fénix, sentado en un barril de cerveza y disfrutando como si fuera un adolescente. Del bar Fénix pasamos al bar La Tapa y más cañas con la tapa por excelencia: La marinera, y más cháchara y más plática de toros, de flamenco, de lo divino y lo humano, hasta que se marchó a las 11 a una sesión de fotografías que le quería hacer una francesa. Paco era ese hombre de Murcia que no cesaba de vender lo nuestro por derredor del mundo mundial.
Bueno, antes de concluir tendremos que aclarar que no estamos de coña marinera, cuando hablamos de cañas y matrimonios. Para los no versados, la marinera es una tapa en la que sobre una rosquilla se pone un poco de ensaladilla y una anchoa, así como el matrimonio es la combinación de una anchoa y un boquerón en vinagre. Nada mejor para acompañar a estas tapas, que unas cañas. Ya lo cantaba el gran Emilio Chicheri, padre de muchos de los rockeros de la Región, que como Silvio para Sevilla es lo mismo Chicheri para Murcia, que ahora tiene nuevo disco: La Fuerza del rock, con su grupo Acequia. Ya lo canta: "En Murcia hace mucho calor/ la cerveza sube bien/ y yo cuando estoy con una murciana/ me sube otra cosa también. Entre cañas y marineras, que les aproveche.
PATRICIO PEÑALVER
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24 Agosto 2009
Encontrar un atisbo de sombra en Murcia, a cierta horas de la tarde, es una gran tarea de carácter morrocotudo, más o menos como la de salir con el candil encendido, a plena luz del día, a buscar la verdad, como dicen que le gustaba a Diógenes.
Encontrar una sombra, o la sombra de un árbol, o aunque sea la sombra de uno mismo, durante el transito por ciertas plazas de Murcia, encementadas y alicatadas hasta los dientes y sin vegetación, que más del gusto mediterráneo parecen de estética nórdica, es algo así como toparse de frente con el vellocino de oro. Esas plazas merecerían un estudio por el taller de arquitectura sostenible y tal. Hay más de una plaza, en la que a uno le gustaría ser ese Usain Bolt que ha pulverizado el récord mundial de los 100 metros lisos.
En busca de una sombra perdida iba yo, la otra tarde, después de regresar de la Catedral del cante de la Unión, a esa hora que los rayos caen perpendiculares, a esa hora que la canícula no respeta ni a los pedigüeños, que se afanan en cambiar su puesto a puestos más frescos, cuando de repente como una iluminación me topé con la Catedral y muy pronto cavilé, que qué mejor sombra que la de sus intramuros.
El Lorenzo, que ya había soltado sus lágrimas celestes unos días antes, pegaba de justicia para todos, y aún quedaba una hora de espera. Por fin, abrieron las puertas catedralicias a las seis en punto de la tarde, y me adentré con mirada de turista extraviado. Todo fue entrar y, oyes, muy pronto me sobrevino un estado de placidez y serenidad, con sus ápices de espiritualidad, y eso que yo no soy de comunión diaria ni anual, como bien podría saber nuestro obispo, monseñor José Manuel Lorca Planes, de Espinardo, su pueblo y el mío.
De manera, que gozando de una temperatura ambiental estupenda, me dispuse a disfrutar con la mirada nueva, de lo ya visto otras veces, de la maravilla de estilos arquitectónicos a través de sus diversas capillas. Y, otra vez, como siempre me quedé pasmao ante la monumentalidad sublime y subyugante de la capilla de los Vélez. Después, como siempre me volví a sorprender ante la capilla-retablo de San Cristobalón con ese estilo tardorrenacentsita y esa pintura-mural figurativa tan singular. Y Al ver el órgano de Patrick Collon, me acordé de Enrique Máximo, que con lo mínimo montaba unos saraos culturales tan monumentales como la mismísima Catedral. Y mi tiempo, ahora a la sombra, se fue en busca del tiempo perdido. De pronto recordé la primera vez que subí a la torre y contemplé la ciudad rodeada de huertos, como diría Miguel Hernández: "Quién te ha visto y quién te ve o ni sombra de lo que eras. Y tras gozar de la sombra catedralicia, me dije: ¡Que verde era mi valle!
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