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La Coctelera

Patricio Peñalver Ortega

Un ser seco que se complace en los absurdos metafísicos

Categoría: literatura

20 Octubre 2009

Papeles inesperados

 

De manera azarosa, no deja de ser un hecho propio de cronopios que en la casa de Cortázar del distrito XV parisino, su viuda y albacea Aurora Bernárdez descubriera un puñado de hojas de hojas de varios tamaños y colores en un cajón barrigudo de la cómoda en la que Cortázar escribió su magna obra: Rayuela, y decidiera enseñárselos a Carles Álvarez Garriga por navidad de 2008, que ha pergeñado esta maravilla misceláneas de cuatrocientos y pico páginas inéditas, tras dos décadas y media de la muerte de Julio, que ahora como un maná podemos saborear en estos Papeles Inesperados. Al azar, de sopetón, estos papeles no tienen precio para los cronopios, quizá un poco para los esperanzas y mucho más para los famas.

En estos Papeles Inesperados nos encontramos con poemas, artículos, prólogos, autoentrevistas y con fragmentos narrativos de sus libros Un tal Lucas o Historia de cronopios y famas, o con un capítulo desgajado de Libro de Manuel. Supongo que para un lector, joven o no, que nunca haya leído a Cortázar, y, por azar, de pronto se encuentren con estos textos de iniciación, la sorpresa debe de ser morrocutada. Pues, tanto o más, lo sigue siendo para los más versados en sus interminables juegos de lenguajes. Cortázar sigue imitando al mejor Cortázar, como un alquimista de historias, como un inventor de otras maneras de decir que todo lo que ya se presupone escrito, se puede volver a relatar de otras maneras. Con algunas de las narraciones más discretas de estos Papeles Inesperados ya deja en mantillas a algunos actuales popes de la cosa literaria actual. El tiempo siempre pone a las obras literarias en su lugar. A cuento viene recordar que Julio escribió Rayuela para una generación que no supo entenderla, y que tuvo que esperar pacientemente, ante muchos críticos literarios famas, a la siguiente generación más joven que lo encumbró. Desde entonces, la obra de Cortázar va ganando en sabor como los buenos vinos. Ya para muchos lectores, con Rayuela, hubo un antes y después en la literatura del pasado siglo XX. Lo sorprendente es que en esta década del nuevo siglo, su literatura sigue pareciendo más actual que hoy y menos que mañana. ¿O no? Me quedó con este fragmento titulado Secuencias: "Dejo de leer el relato en el punto donde un personaje dejaba de leer el relato en el lugar donde un personaje dejaba de leer y se encaminaba a la casa donde alguien que lo esperaba se había puesto a leer un relato para matar el tiempo y llegaba al lugar donde un personaje dejaba de leer y se encaminaba a la casa donde alguien que lo esperaba se había puesto a leer un relato para matar el tiempo".

 

Papeles Inesperados

Julio Cortázar

Editorial Alfaguara

Páginas 486/

 

 

 

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15 Febrero 2009

La novedad es que no hay novedad

 

Nada más comenzar septiembre, con las primeras luces del otoño, el Dietario voluble de Enrique Vila-Matas se aposentaba en las mesas de novedades de las principales librerías con el ánimo de morar el mayor tiempo posible en esas mesas en las que unos libros se suceden a otros a una velocidad de vértigo, en la que se empujan o se insultan y a veces hasta se apuñaban por la espalda. La vida literaria en esos espacios rectangulares es muy dura, no hay cama para tanta gente.

De modo que, en fechas septembrinas, nada más ver un montón de ejemplares de Dietario voluble colocados en un lugar preferente de mi librería preferida, al azar lo tomé como si fuera un cruasán recién salido del horno y me lo papeé con regocijo y fruición. Ni qué decir que me sentó estupendamente. Hay otros libros que se te empalagan desde la primera página y te pueden causar una agreste indigestión, algunas veces no tiene la culpa ni el autor ni el libro sino el lector y sus circunstancias, quizás por hecho de haber elegido un mal momento.

Todo lo contrario, pues, de lo que me ocurrió a mí en su momento y en la actualidad de estas luces ya invernales. La misma sorpresa, otrora novedosa, me sorprende al volver a hojear el Dietario voluble, ahora.

Ahora que entrego esta reseña que parece que no es una crítica literaria en estricto sentido, me reafirmo en este diario literario que al parecer no tiene trama ni nudo gordiano y sí muchos personajes dentro de un mismo personaje. En estos textos fragmentarios que huyen de las etiquetas literarias al uso, que parecen venir de un viaje al fin de la noche, que se aprestan a viajar de nuevo al centro de la luz de una nueva mañana, sin límites de fronteras literarias de género, como una novedad dentro la novedad en sí misma, el personaje central no deja de ser la literatura Un literatura sugestiva e inquietante, siempre la de Vila-Matas, con un modelo narrativo que se nos presenta con una forma, a modo de envoltorio, ultramoderna, y sin embargo, no deja de ser puramente clásica. De manera que la novedad es que no hay novedad.

 

Dietario Voluble

Enrique Vila-Matas

Anagrama

275 páginas/

 

                                                         

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13 Febrero 2009

¿Julio Cortázar ha muerto?, ¡Viva Cortázar!

 

Si no atenemos a las hemerotecas de la década de los años 80 tenemos que concluir que el escritor Julio Cortázar murió un 12 de de febrero de 1984, yo aún tengo muchas dudas metafísicas al respecto de la funesta noticia de entonces, si me atengo a mis sentimientos desde aquellos momentos hasta los actuales, por supuesto subjetivos, no encuentro ninguna razón para afirmar que Cortázar esté muerto, ya que persiste en mí la  misma suspicacia sobre la crónica ya ajada de aquella muerte no anunciada.

Y sin embargo, los diarios de estos días nuestros de crisis, ahora me recuerdan que aquella muerte no anunciada sucedió ya hace un cuarto de siglo. Espero que sepan disculpar, desde mi posición de cronopio, mi incredulidad sobre esa muerte cuando la obra inmortal del genial escritor sigue tan viva como coleando, entre otras razones porque en tiempos de crisis la imaginación alarga sus dedos rosáceos y la ficción supera todavía más a la realidad. En tiempos de crisis a uno le sobran motivos para ser escéptico, más aún después de haber leído el texto de la ilustración del humorista El Roto, que decía: "Si la prosperidad era falsa, ¿Cómo sabremos que la crisis es auténtica?". Póngales, ustedes, mismamente el dibujo a esas frases; incluso ríanse sí son capaces de entrar en el juego del lenguaje.

¿Y qué otra cosa es, acaso sino un juego de palabras la literatura?

Muchos momentos esplendorosos gozamos, casi toda una legión de lectores, con los juegos malabares que nos proponía en su monumental obra Rayuela, muchos días de de vino y rosas vivimos con aquellos vertiginosos cuentos que nos narraba con maestría sin igual, el maestro. Para Cortázar un cuento era como montar en bicicleta: "Mientras se mantiene la velocidad el equilibrio es muy fácil, pero si se empieza a perder la velocidad ahí te caes, y un cuento que pierde velocidad al final es un duro golpe para el autor y el lector". Y mucho más seguimos gozando los que continuamos con sus relecturas, tanto como aquellos otros, que por azar, ahora toman un libro suyo, por vez primera.

Mucho le deben algunos de los jóvenes de la Santa Transición que soñaban con ser escritores, en mí caso la duda es impagable. Después de los convulsos años 70, un enero del 1981 publiqué un extenso reportaje sobre la obra de Cortázar en el diario Línea de entonces, gracias al excelente periodista y mejor persona Luis Orche. Sin pensármelo dos veces, aunque no era muy propenso a la correspondencia, le mandé ese periódico con todas sus páginas y un cuento que le había dedicado a él, por supuesto sin esperar una respuesta. La sorpresa fue mayúscula.

Unos días después, tenía en mis manos una carta, de esas que antes llevaban en sus bordes unos colores rosas y azules, con la leyenda vía air mail par avion,  que venía desde Paris, tal vez como una cigüeña, y antes de abrirla a pesar de leer que era para el señor Patricio Peñalver Ortega, no pensaba que ése era yo.  Ni que decir que la emoción me embargaba, momentos antes de abrir aquella carta inesperada, sin embargo, mucho más emocionaba, más tarde, el contenido de su lectura: "Paris, 7/ 2/ 81. Amigo Peñalver: Gracias por tu cuento-ojalá que sigas escribiendo otros, porque se siente que manejas bien ese escurridizo género-y por la crítica sobre mis libros. Todo eso me llegó por puro milagro cronópico, pues el sobre se había roto a lo largo y a lo ancho, de modo que las páginas se salían por todos lados. Hasta otra vez, con un abrazo. Julio Cortázar".

Con las ganas, por siempre, me quedé de darle un abrazo

Ahora, hace unos días, Aurora Bernárdez, viuda, albacea y heredera universal del autor y Carles Alvarez, gran estudioso de la obra cortazariana, nos anunciaban que después de terminar de ordenar los materiales inéditos que encontraron en una cómoda con cinco cajones tan repletos de papeles que ni podían abrir, ya están preparados para que con el título de "Papeles inesperados" lo saque a la venta en mayo la editorial Alfaguara. Ni que decir, como hay textos de todos los géneros y tiempos, que esos papeles ya los estamos esperando como agua de mayo; éste es el mejor homenaje que podía tener el gran escritor, después de los 25 años, dicen que de su muerte. ¿Cortázar ha muerto? , ¡Viva Cortázar!

 

                                                                      

 

 

 

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28 Enero 2009

¿Acción de gracias? ¡Sí, gracias!

 

Con el novelón Acción de gracias cierra Richard Ford un gran ciclo narrativo de veinte años que comenzó con El periodista deportivo y prosiguió con El día de la independencia, con un gran personaje Frank Bascombe, que más nos parece de carne y hueso que de ficción.

Para poner el broche de oro a esa trilogía se nos presenta a un Frank Bascombe en la que todas las formas de la vida se le manifiestan a los cincuenta y cinco y le afloran como amapolas a su alrededor. Cualquier lector que no conozca las peripecias anteriores del personaje en cuestión no debe de preocuparse, lo único bueno que le puede ocurrir es que al acabar esta novela, busque las que le anteceden.

En esta ocasión se nos presenta a un Frank Bascombe que se dedica al negocio inmobiliario en la costa de Nueva Jersey, en la que después de haberle implantado sesenta semillas de yodo radiactivo recubiertas por cápsulas de titanio implantadas en su próstata se enfrenta a la muerte, desde una perspectiva vital, que no deja de ser un gran canto a la supervivencia.

La acción trascurre en los días previos a esa fiesta nacional tan peculiar de la sociedad norteamericana, en la que se come pavo, con las elecciones y la dura batalla electoral del año 2000 entre Bush y Gore. Con un ritmo trepidante Frank Bascombe nos llevara por las carreteras de Nueva Jersey, con su socio tibetano Mike Mahoney, entre clientes y pelotazos inmobiliarios, con los recuerdos de su primera y segunda esposa y sus dos hijos que aparecen y se esfuman en los recuerdos como nubes fugaces., mostrándonos a la sociedad norteamericana con todas sus miserias y sus grandezas.

Cuando se lee Guerra y Paz de Tolstoi se nos muestra un retrato casi perfecto de la sociedad rusa del XIX, de la misma manera que cuando leemos Acción de gracias contemplamos un cuadro de la sociedad americana, recién comenzado el siglo XXI. No es nada fácil mantener la tensión de la acción durante más de setecientas páginas, en algunas obviamente la intensidad decae, y sin embargo a la postre Richard Ford lo consigue con maestría.

Curiosamente en sus últimas páginas ya se nos avisa de la enorme y reluciente burbuja inmobiliaria, que recientemente ha explotado. ¿Acción de Gracias? ¡Sí, gracias!

 

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15 Enero 2009

La noche que Maruja Torres perdió el papel

La noche de los reyes magos me instalé, como el que sienta a esperar el cadáver de su enemigo, frente al televisor para la entrega en directo de los premios Nadal de literatura. Se anunció al finalista Rubén Abella, y no, no era yo, porque lo qué no puede ser no puede ser y además es imposible. No, no era yo uno de los cinco murcianos que se habían presentado bajo seudónimo. Ahora bien, desde ahora mismo ya les aviso a los que corresponda, principalmente al señor Rosales, que para la próxima edición, ya tengo novela.

Debe de ser un buen regalo de epifanía, sin duda el mejor para un escritor, pensaba mientras la ceremonia proseguía con su parafernalia Y ya estaba yo impaciente por conocer el nombre del ganador, seguro que mucho más que la afortunada, que tal vez ya lo sabría con bastante anticipación. Cuando de pronto oír su nombre: la ganadora es Maruja Torres. Y me dije: ¡Oh, es ella! Sonreí y me alegré enormemente. Siempre me gustó la forma de escribir de esta muchacha con cara de señora interesante, siempre me transmitió veracidad en el fondo de sus temas, siempre admiré ese tono irónico y humorístico aún en los textos más dramáticos en la que la vida pende de un hilo invisible, y siempre aprecié esa forma ética y estética de andar por los intrincados pagos periodísticos. Siempre me gustó lo que hacia Maruja Torres. Y me sigue gustando. De manera que seguía impaciente, ahora por escuchar sus palabras, y desde luego que la espera valió la pena. Explicaba Maruja Torres de que iba la novela y lo que suponía para ella el Nadal, y, en ese ínterin, se buscaba una pequeña nota que no encontraba. Hasta que harta de estar harta se cansó y exclamó: “vaya que me estoy buscando un papel que llevaba en las tetas y no lo encuentro”. Aquella exclamación popular que parecía una boutade no lo era, efectivamente un miembro del jurado que estaba tras ella se percató de que la chuleta estaba en el suelo, junto a los pies de Maruja que parecía una diva, mitad Wendy de Peter Pan y mitad Alicia del país de las maravillas. A buen seguro, que desde la parte de arriba, sus amigos Manolo Vázquez Montalbán y Terenci Moix se estarían partiendo de la risa.

Las cosas y los escritos de Maruja tienen estas cosas. O te dejan frío o te dan calor. No son pocos los debates que es oído sobre su estilo narrativo y periodístico, sobre todo en discusiones entre miembros de la canallesca. Por lo deduzco, que entre asuntos femeninos y machistas que siempre salen a relucir, a más de uno este premio le habrá sentado como una patada un pelín más abajo de la boca del estomago.

No hay vuelta de hoja, cuando se premia a unos se castiga a otros, al menos al esperar hasta el próximo año, así es la vida. Como la mayoría de escritores se presentan con seudónimos no sabemos lo se han quedado en la estacada. Desde hace ya unos años se comenta que todos los grandes premios literarios están dados de antemano y que los jurados y las editoriales hacen el paripé. Yo no diría ni qué sí ni qué no. Y me sobra la experiencia en estos menesteres. Muchos cosas al respecto les he oído a escritores de renombre, y algún que otro editor, entre viandas y vinos de reserva. El negocio es el negocio, y la venta de libros no deja de ser un negocio más. Y cualquier escritor aspira a vender lo más posible y a que le paguen. De manera que sí uno se presenta a un premio literario, a no ser que sea un alma cándida, ya está aceptando el juego. Otra cosa es la de probar por sí acaso suena la flauta. Así lo he hecho yo en tres ocasiones a grandes premios de mucho postín, con la misma pretensión que tengo cuando juego a la primitiva.

Desde luego que los premios no mejoran la literatura, pero con toda seguridad que la estimulan. Claro que hay premios y premios. Y el Nadal por su solera no es moco de pavo. Me encantó que Maruja Torres esa noche perdiera el papel, que no los papeles, y le diera ese toque que de natural, entre tanto estirados y presumidos sin tener por qué, resulta cosmopolita. Así que puede que la otra noche Maruja se acordara de las tardes de penuria de su infancia en tiempo de reyes magos en su barrio chino que se esfumó y se transmutó de manera olímpica en El Raval. Fue un gran regalo el Nadal para su Esperadme en el cielo. Ahora a esperar la novela, seguro que merece la pena. Enhorabuena Maruja Torres.

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27 Diciembre 2008

Un divertimento cervantino

Si el lector avezado no supiera de antemano que la narración está basada en unos hechos reales: A mediados del siglo XVI el rey Juan III le regala a su primo el archiduque Maximiliano de Austria un elefante indio que tendrá que viajar desde Lisboa a Viena, creería que la fábula de El viaje del elefante es una obra de pura ficción.

Y puede que lo sea, si admitimos que la realidad desde el punto de vista humano y literario siempre supera a la ficción más ingeniosa. Ficción, fábula, un cuento prolongado más que una novela, alegoría, libro de viajes, todas estas formas y más se pueden aplicar a la última obra narrativa que nos acaba entregar Saramago,—en el ínterin de su corto viaje al otro lado--, sin embargo la etiqueta de genero más apropiada sería la de una literatura total.

En este interesante viaje literario, a través del tiempo, en esta intensa y sugerente aventura, cuyos protagonistas son el elefante Salomón y su cuidador: el cornaca Subhro, que más tarde pasaran a llamarse solimán y fritz por caprichos políticos, ya desde su primera página nos veremos inmersos en el viaje, con sus paradas y fondas cervantinas, hasta que no lleguemos a cerrar la última página.

Una vez puesta ya en marcha la caravana del elefante Salomón nos encontraremos con una puesta de escena coral de personajes anónimos que aparecen y se mezclan con los históricos, jugando a veces con el tiempo real y otras con el pasado de la narración, entre un habla popular y un lenguaje culto. En todo caso un lenguaje que siempre sirve para comunicarse, para narrar de manera hermosa.

Saramago con su acostumbrada ironía mordaz, con su divertido y estupendo humor, nos hace reflexionar en torno a la relación de los individuos con el poder, en este caso la monarquía, con el ejército o la iglesia, siempre con una sutileza que se aleja de lo bronco y el mal gusto.

Resulta sorprendente que esta obra que Saramago tuvo que interrumpir en su página 40, debido a una grave enfermedad, pase a ser una de sus novelas más divertidas Como sorprendente sigue siendo el músculo literario que mantiene el portugués, siempre fuerte y noble como Salomón en su viaje.

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19 Diciembre 2008

Miguel Hernández: el poeta de la libertad

En la primavera de 1976 un grupo de jóvenes de Orihuela y otros municipios de Alicante decidían sacar del pozo del olvido la voz del poeta silenciada, vetada y prohibida durante varias décadas por el régimen franquista, y desamordazarla para siempre con diez días de actos culturales que denominaron: “Homenaje de los Pueblos de España a Miguel Hernández”, con motivo del 34 aniversario de su muerte.

Lo que comenzó como un sencillo homenaje muy pronto tomó la fuerza arrolladora de una gran bola de nieve que comenzó a crecer tomando proporciones multitudinarias con las consiguientes prohibiciones por parte de los Gobiernos civiles de Murcia y Alicante de la mayoría de los actos previstos.

Más de 100 actos se habían programados del día 17 al 27 de mayo en la provincia de Alicante, entre un radio de 80 kilómetros, en los siguientes municipios: Novelda, Torrevieja,, Sax, Villena, Elche, Alicante, Altea, Jijona, Petrel, San Vicente del Raspeig, Redovan y Elda, así como otras poblaciones de la vega baja del Segura, cuenca del Vinalopó y la costa alicantina.

Durante esos días doce grupos de teatro, un cuadro flamenco, quince cantautores, seis poetas, grupos de danza, una extensa lista de pintores, exposiciones de fotografías, y diez conferenciantes, entre las que destacaban las intervenciones de Enrique Cerdán Tato con “El regreso de Miguel”, Félix Grande con “Miguel Hernández, mayoral” y la de Carlos Alvarez, “Palabras para un homenaje”, intervendrían en los diversos municipios mencionados, siempre pendientes de la pertinente autorización gubernativa.

Las prohibiciones muy pronto llegarían, al ver la autoridad el carácter multitudinario que tomaban los actos programados, ya en la portada del diario La Verdad del día 21 se informaba: “Homenaje a Miguel Hernández”. Denegados los permisos para los actos de Altabix y Rico Pérez. Con una nota del Gobierno Civil en la pagina 3”.

Sin embargo, a pesar de las prohibiciones, más de 3.000 personas se concentraron en Elche el día 24, aunque no pudieran escuchar a Raimon, Elisa Serna y Adolfo Celdrán, trayendo en jaque durante todo el día a las fuerzas antidisturbios: desde Alicante se habían desplazados tres autobuses de policías y tres jeep, que se complementaban con los miembros de la Policía Municipal y las fuerzas de la Guardia Civil, que controlaban los accesos de la carretera 340 a Elche por Alicante y Murcia.

Después de varias concentraciones, durante la mañana, al grito de “Miguel Hernández, cultura popular” reprimidas por las fuerzas del Orden, los manifestantes se dispersaron a la espera de que llegaran varios autobuses, que procedían de distintos puntos de España, con personas que se sumaban al homenaje. Al llegar la tarde, con más de tres mil manifestantes, se produjo una nueva concentración que era de nuevo dispersada por la Policía Armada, para posteriormente reagruparse en otro par de ocasiones, hasta las nueves de la noche que cesaron las revueltas. Horas antes la actriz Lola Gaos se personó en el retén de la Policía Municipal interesándose por los detenidos, que se encontraban en la comisaría. Entre saltos y nuevos reagrupamientos de los manifestantes, no pocos incidentes ocurrieron durante esa jornada. A las cinco de la tarde, cuando salía el poeta José Agustín Goytisolo, del Bar Pepe, antes de llegar al palmeral llegó un grupo de policías y desde el jeep le preguntaron al vate que por qué no corría. El poeta les dijo: “Yo no corro nunca, sobre todo cuando voy por la calle paseando como cualquier ciudadano” En esos instantes los policías comenzaron a golpearlo. José Agustín Goytisolo, que tenía como testigos a Enrique Cerdán Tato, Elisa Serna y Araceli Banyuls, manifestó que a su llegada a Barcelona pondría una denuncia, como efectivamente hizo al día siguiente. Durante aquella jornada de domingo se realizaron más de 20 detenciones, quedando retenidos hasta el lunes Alberto Asencio (de Elche) y el estudiante de Medicina Antonio Sánchez (de Cieza) que quedaron el lunes en libertad condicional a disposición del Tribunal de Orden Público (TOP), después de pagar una fianza de 10.000 pesetas.

La Democracia y la Libertad no cayó por la ventana ni la trajo la cigüeña. Se arrancó palmo a palmo, día a día, acorralando al anciano régimen, primero con unos cientos y cientos de opositores y más tarde con miles y miles ciudadanos que exigían ser libres. Como cantaran, muchos años después, Ana Belén y Víctor Manuel: “Todos los tiranos se abrazan como hermanos/ exhibiendo a la gente sus calvas indecentes/ manadas de magantes doscientos estudiantes/ inician las revueltas son los años sesenta/ y ahí está la Puerta de Alcalá/ ahí está viendo pasar el tiempo la Puerta de Alcalá”.

Las revueltas ya venían de atrás. Y ahí estaba la Puerta de Alcalá y ahí estaba la voz del poeta de la libertad en la primavera del 76, la voz de Miguel que resurgía del centro de la tierra como un ave fénix.

Aquellos actos de homenajes se propagaron como la pólvora a otros municipios como Cartagena o Yecla. En la Facultad de Medicina de Murcia, actuaba Elisa Serna, inaugurando su salón de actos abarrotado, antes cientos de centenares de estudiantes y profesores. Durante la actuación, después o antes de cada canción se repetían los gritos de ¡Amnistía, Libertad” y “Miguel Hernández, cultura popular”. Y durante el descanso la cantautora leía un comunicado de los organizadores contando lo ocurrido en Elche.

Más suerte tuvo el grupo Jarcha que sí pudo actuar en Orihuela el 19 de mayo con un lleno total, aunque se denegaron los actos que se tenían que celebrar en la Glorieta Gabriel Miró. Durante esos días no fueron pocas las concentraciones que tuvieron que dispersar las fuerzas de seguridad, mientras la Guardia Civil controlaba la carretera de acceso a Orihuela. Por entonces el periodista y escritor Enrique Cerdán Tato, que tenía que impartir la conferencia “El regreso de Miguel”, ante la imposibilidad de impartirla en el Teatro Circo como estaba programada, no se arredró y megáfono en mano se dirigió hasta un solar, muy cerca de estación, y comenzó a disertar ante los ciudadanos que le seguían hasta que llegaron las fuerzas del orden y disolvieron el espontáneo acto. Hasta Orihuela habían llegado cantaores como Enrique Morente, Jose Menese o Manuel Gerena, o poetas como José Manuel Caballero Bonald, o Blas de Otero para participar en los diversos actos..

El único acto masivo de Orihuela que tuvo un cierto plácet del gobernador, con muchos tiras y aflojas administrativos previos, entre Gobernación y Ayuntamiento. fue para la gran pintada de los murales del barrio de San Isidro, que tomaron después un cariz incordiante por parte de alcaldía que mandó a los guardias municipales a pedir los carnés de identidad a los vecinos de las casas, en cuyas fachadas se iba a pintar.

La bola de nieve del homenaje ya se había agigantado con la llegada de enviados especiales de distintos medios de comunicación españoles, de televisiones holandesas y alemanas, también con las cámaras de RTVE. Durante las emisiones del programa radiofónico “Para vosotros jóvenes” de RNE todas las tarde se informaba de los actos en los diversos municipios, al compás de la mejor música internacional del momento.

Los actos previos habían comenzado en Orihuela, mientras en el cementerio de Alicante un grupo de más de 40 jóvenes depositaban ramos de flores en el nicho de Miguel, con la gran pintada de más de 40 murales. En el diario El País se recogía la noticia: “El pasado fin de semana empezó la fiesta. El primer acto consistió en ofrecerse los pintores a decorar los muros de las casas del barrio de san Isidro, zona donde Orihuela pierde el nombre, habitada por emigrantes, marginados y clases populares. A la entrada del barrio, la feria marca el fondo auditivo. Las canciones de Manolo Escobar, los altavoces de la rifa, la campana del tren oscuro, dan el tono adecuado. Las calles de pura piedra y casas blanqueadas de ladrillo, ofrecen el paseo de los verbeneros. Una pequeña plaza de polvo y hierba en la pendiente, con su tablado para la música y luces en forma de arco. Allí se encuentra los pintores, los intelectuales e inquietos con los vecinos de las casas el domingo por la tarde”. El barrio festejaba a su patrón San Isidro. En aquella tarde de domingo se montaba una gran merienda de connivencia entre los vecinos y los pintores en una plaza improvisada del barrio. Un pintor le espetaba a un vecino: “Lo que dejamos los artistas es patrimonio del pueblo de ahora en adelante. ¿Y qué es el patrimonio? preguntó el vecino. “Pues que va a ser vuestro, que nadie os lo puede quitar”, le aclaro el pintor. Mientras que desde el Ayuntamiento había mandado a la policial municipal porque le habían dicho que se había reunido un grupo muy numeroso en el barrio. Desde la organización se decía: “el homenaje es una alternativa cultural que hay que presentar al pueblo necesariamente contra cualquier cultura de salón. Miguel representa la cultura del pueblo. Si hay élites que no quieren participar lo sentimos”. Entre los concentrados se encontraba Luis Fábregat Tarrés, comerciante de Orihuela, que fue uno de los que sacaron a hombros el féretro del poeta desde la cárcel al cementerio de Alicante, que manifestaba: “A Miguel lo quieren llevar a un terreno en el que sólo permaneció en su adolescencia. Fue desprendiéndose de una serie de creencias después, y esto no es aceptado todavía”.

En un soberbio reportaje de nuevo periodismo titulado: “Los Murales de Miguel Hernández” que publicaba La Verdad, el periodista Pedro Soler conversaba con los vecinos, uno de ellos decía: “El que le eché un pegotazo a la pintura, le corto la cabeza y me lo como a bocaos”. Otro vecino, afirmaba: ¿Y a mí qué me importa que es Gerrnica, ni Picasso? Yo sí sé que Miguel escribió eso que han puesto ahí, que me lo he aprendido de memoria: ¡Jornaleros!/ España, loma a loma, es de gañanes, pobres y braceros/ ¡No permitáis que el rico se la coma!/ ¡Jornaleros!

Entre los pintores que habían creado un auténtico museo al aire libre, se encontraban: Arcadio Blasco, Candela Vicedo, Sixto Marco, Antonio Ballester, Alfonso Albacete, José Luis Cacho, Elisa Séiquer, Arrendó, Párraga, Garza, Castejón, Gutiérrez, Trenado, Díaz Padilla, Segundo García, Manzanaro, Díaz Azorín…así como diversos colectivos de Alicante, Valencia y Cataluña. También se contaba con los diseños enviados por Amadeo Gabino, José Caballero y Genovés.

El reportaje concluía así: “Orihuela en pleno le debe mucho a Miguel Hernández. La barriada pobre de San Isidro, también; sobre todo, la transformación radical de sus calles deformes y sucias, la humildad de sus casas en un espectáculo artístico de indudable belleza e incalculable valor. Si alguien intentara destruirlo, que la historia de la cultura lo juzgue, para su mal”.

Las jornadas del gran homenaje resultaron un auténtico éxito: la voz del poeta de la libertad surgió con una fuerza inusitada. Vicente Martínez Carrillo, coordinador de los actos, daba cuenta de los resultados de gastos que consistían en un 1 millón y medio de pesetas para pagar la estancia, manutención y transporte de todos los participantes. Grupos de teatro y danza, conferenciantes, cantautores y espectáculos flamencos, que se estaban sufragando con las 4 carpetas de serigrafías de pintores, entre ellos, de Lucio Muñoz, Antonio López, Genovés, Mompó o Arcadio Blasco.

Las jornadas tenían su colofón en Madrid, en la Universidad cantaban Aguaviva, Enrique Morente y Pablo Guerrero. Se pintaba en la fachada lateral de Filosofía un mural de 25 X 1,20 con la participación de Antonio Buero Vallejo. A la que seguían una lectura de poemas de Miguel con la intervención de Celso Emilio Ferreiro o José Hierro que leía: “Nanas de la cebolla”. Antes el poeta Blas de Otero, probaba el micro, para decir una sola palabra: ¡Amnistía!

La vindicación de la voz libre de Miguel Hernández, en la primavera del 76, se sumaba como el rayo que no cesa, a las miles y miles de gargantas que durante aquellos intensos años, previos a la Transición y a la Constitución, se manifestaban en las calles con gritos de ¡Amnistía y Libertad!

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6 Abril 2008

La poética taurina de Miguel Hernández

La temática del mundo taurino es uno de los motivos que más se repite, durante toda la obra de Miguel Hernández, como una obsesión metafórica que nunca abandona, desde que ya por primera vez aparecen en unos versos de su etapa de juventud, como una certera iconografía, en el poema escrito en tercetos Canto exaltado de amor a la naturaleza: “en el toro de trágico cuerno; / en el susurro de las mies; / en el sutil ciprés eterno”. Esta simbología de lo taurino se repetirá en muchos de sus poemas, a través de la búsqueda de sus muchos registros, con la excepción de su último libro: Cancionero y romancero de ausencias, con sus últimos versos dolientes y serenos, escrito en la cárcel, La poética taurina siempre se moverá oscilando en el péndulo entre la dicotomía del carácter vitalista, alegre, erótico y sensualista que al ser frustrado deviene en un sentido de lo trágico donde se reflexiona entonces en torno al dolor, la pena y la muerte.

La atención que presta Hernández a las corridas de los toros no es baladí al poner su mirada en una de las fiestas más populares de entonces, en las que los jóvenes de la Vega Baja jugaban al toro y muchos querían llegar a ser figuras del toreo, entre ellos su gran amigo Carlos Fenoll, que en algunas ocasiones saltó de espontáneo a la plaza de Orihuela, con el que compartiría muchas risas.

El mundo de los toros, una fiesta que se arraiga curiosamente en España, tiene para algunos mucho que ver con el rapto de Europa, ya dice la leyenda mitológica que “Europa era un joven bella, como la mañana de piel blanca y aterciopelada, que un día estando jugando al borde del mar con su compañeras, cuando Zeus la divisó se enamoró rápidamente y para evitar los celos de Hera, se transformó en un toro blanco, de cuernos dorados, en forma de luna creciente. Europa lo vio, lo admiró, lo acarició y se atrevió a montar sobre él. Entonces el animal divino se arrojó a las aguas y desapareció en altar mar. De ese modo llegó a la costa de Creta”. Mucho creen que de Creta pasó definitivamente a España.

Muchos son lo poetas que han versado la fiesta de los toros desde Quevedo, Lope de Vega o Góngora, después de un cierto olvido por parte de la Generación del 98, hasta llegar la Generación del 27 que lo retomaría con muchos bríos.

Precisamente la generación o grupo del 27 nació en el Ateneo de Sevilla, en diciembre de ese mismo año, con motivo del homenaje que se le tributó a Góngora en el tricentenario de su muerte, con la colaboración económica del torero y escritor Ignacio Sánchez Mejías que pagó el viaje a muchos de los poetas y los reunió en su finca. Miguel Hernández tenía entonces 17 años y ya se estaba fogueando con la creación de sus poemas sueltos que escribe en libretas, y otros, que darían paso a su primer libro “Perito en Luna” que vería la luz en enero de 1933 en la colección Sudeste de Ediciones La Verdad, entonces el poeta ya tiene 22 años, en el que presenta 42 octavas reales de carácter neogongorinas con la inspiración de de la fábula de Polifemo y Galatea, en un rotundo homenaje a Góngora.

En este primer libro ya tenemos dos octavas con temática íntegramente taurina, la titulada Toro: “¡A la gloria, a la gloria toreadores!/ La hora es de mi luna menos cuarto. / Émulos imprudentes del lagarto, / magnificáos el lomo de colores. / Por el arco, contra los picadores, / del cuerno, flecha, a dispararme parto. / ¡A la gloria, si yo antes no os ancoro, —golfo de arena—en mis bigotes de oro!”

Y la titulada Torero: “Por el lugar mejor de tu persona, / donde capullo tórnase la seda, / fiel de tu peso alternativo queda, / y de liras el alma te corona. / ¡Ya te lunaste! Y cuanto más se encona, / más. Y más te hace eje de la rueda/ de arena, que desprecia mientras junta/ todo tu oro desde punta a punta”.

Asimismo podemos ver las referencias taurinas en otras tres octavas excluidas por razones de espacio que conformaban Perito en Lunas, en la primera de ellas leemos: ¡Qué a pulso os sube el toro, picaores!, / en el pozo a la luz de la alegría; / hasta el mismo brocal os subiría/ si fueran más sus rabos anteriores…”. En la segunda, dice: “La más húmeda mano te amamanta, / con un pecho aguador que al año es ciento, / por tu bocaza en círculo taurino, / si tumba de crista, tapa de pino…” Y en la tercera octava, escribe: “Hacia los rascacielos interiores, / donde baja la talla de la altura, / taurinos redondeles de frescura, / los de la mano se ahorcan en ascensores…”.

Más adelante podemos ver en el poema Toro escrito en verso corto, cuyos últimos fragmentos dicen: “Elevando/ toreros/ a la gloria. / Realizando/ con ellos/ el mito/ de Júpiter/ y Europa”. O asimismo se puede leer en el final del poema Clavel-libre, en décimas: “Hasta que un impulso arquero, / saeta, lo pone en flujo; para asesinar de lujo, de perfume algún torero”. En el poema Carteles, escribe: “Una cornada miúra, / si jamás se desenlaza/ con una inminencia amenaza, / recién abierto el chiquero, / el arrojado sombrero, / por el pintor, por la plaza...” Así como los versos de Conjunciones: “Sobre un hombro el sol se dora/ como un capote de lijo: / el toro en mí se produjo: / y a cariz desnuda su enojo, / marcha, sobre el cuerno cojo, / a combatir sus asaltos, / atraído por los altos/ tallos de tu mejor rojo…”.

Especial mención merece la Elegía media del toro, que así comienza: “Aunque no amor, ni ciego, dios arquero, / te disparas de ti, si comunista, / vas al partido rojo del torero…”/. Con los contenidos de este poema dará recitales y conferencias en el Casino de Orihuela, así como el 28 de enero de 1933 en la Universidad Popular de Cartagena y el 29 de abril de ese mismo año en el Ateneo de Alicante, acompañados con cartelones pintados por Rafael González y Francisco Díe.

Analizando la abundante poética taurina hernandiana, podemos ver este otro poema, Citación-fatal en el que dice en una estrofa: “Quisiera yo, Mejías, / a quien el hueso y el cuerno/ ha hecho estatua, callado, paz, eterno, / esperar y mirar, cual tú solías, / a la muerte: ¡de cara!, / con un calor que era temor interno/ de que no te matara”. Una elegía que dedicaría a Ignacio Sánchez Mejías, unos días después de la muerte del torero tras la grave cornada en la plaza de Manzanares.

En el extenso poema Corrida-real perteneciente al primitivo corpus de poemas del Silbo Vulnerado nos encontramos con unos hermosos versos de una rotundidad total en el que Hernández plasma toda la estética que rodea al mundo de los toros, al que dedica estrofas con los subtítulos de cartel, plaza, toro, toro y caballos, toro y banderillero, toro y peón y toro torero, que así termina: “Enterrador de acero,/ sepulta en grana el arma de su gloria,/ tan de una vez certero/ que el toro, sin dudar en su agonía,/ le da para señal de su victoria/ el miembro que aventó moscas un día,/ mientras su muerte arrastran cascabeles./—¡Se ha realizado! el sol que prometía/ el pintor, si la empresa, en los carteles”.

También en los versos de este primitivo Silbo Vulnerado nos encontramos con estrofas taurinas, una en el poema Diario de Junio-interrumpido que dice: “Se nutren los chiqueros de bravura, / los toreros de macho, / si las plazas de círculos y curvas, / si los cuernos de espacio”. Y la otra estrofa en el poema Égloba-nudista: “Con detalles canísimos de oro de inaprensibles cuernos, no de toro, / que apuntan cuando llueve en su manida…/. Así hasta llegar a este poema amoroso que titula Primavera celosa, que dedica a su querida Josefina: en cuyo párrafo escribe“Vehementes frentes tremendas/ de toros de amor vehementes/ a volcanes me encomiendas/ y me arrojas a torrentes”.

En un ínterin sería por mi parte menester aclarar que es tan exuberante y rica la temática taurina que abarca tanto la obra poética como la teatral, así como todo lo que se refiere a su primer trabajo remunerado como redactor en la Enciclopedia “Los toros” de José María Cossio, que dicho material daría para llenar bastantes de las páginas de este diario, o para escribir un ensayo, y ni es plan ni esta la razón ni el objetivo de este artículo periodístico, motivos, pues, que no son otros que el mostrar una perspectiva general de lo que hemos llamado poética taurina en la poesía de Miguel Hernández.

De un Miguel Hernández, que después de su primer fracasado viaje a Madrid en 1931, siguen teniendo aún más claro que su única manera de estar en el mundo, es la de ser poeta. Después de tener ya publicado su primer poemario “Peritos en Lunas, y de tener un nuevo corpus poético para otro libro, así como los primeros capítulos de una obra teatral, volverá de nuevo a la carga con ansias de triunfo a la capital, a mediados de marzo de 1934, y esta vez sí consigue la palabra de José Bergamín para la publicación de su auto sacramental en la revista Cruz y Raya. Miguel ahora regresa contento a Orihuela con las doscientas pesetas que le hado Bergamín para que concluyan los actos tercero y cuarto del auto sacramental. Más tarde, en julio, volverá a Madrid y después de ese viaje relámpago regresará de nuevo a Madrid. Bergamín ha cumplido su palabra al publicar la obra con el título Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo eras en su revista Cruz y Raya.

De nuevo a Orihuela durante los meses del verano y del otoño del 34 escribirá su segunda obra de teatro El torero más valiente (tragedia española) inspirada en la muerte del torero Sánchez Mejías el 13 de agosto de ese mismo año, en la que trata de abordar un tema popular y de actualidad con la pretensión más de conseguir un sustento económico, que la fama en sí mismo. Miguel sabía que de su autentica y determinante vocación de poeta no iba a comer, así que con ahínco seguía escribiendo los versos del El silbo vulnerado y El rayo que no cesa con los regresará a Madrid el 1 de diciembre de ese mimo año, aunque tampoco tendrá suerte con su pretensión de que le estrenen su obra El torero más valiente. Precisamente en la revista El gallo Crisis de Orihuela publicará las escenas IV y V de esa obra tan taurina, en enero de 1935. En febrero de ese mismo año de nuevo regresa a Madrid con la firme convicción de instalarse ahí definitivamente. Y por fin consigue un trabajo estable ganando cuarenta duros escribiendo biografías de toreros en la enciclopedia de José María Cossio, a partir de esos momentos conocerá a Pablo Neruda, a Vicente Aleixandre, a María Zambrano y a otros que tanto le aportarían, sí, el poeta ya se codea con la intelectualidad de la capital.

Los reyes Magos de 1936 no le trajeron un buen regalo, ya ese 6 de enero del 1936 lo detuvo la guardia civil en San Fernando del Jarama, cuando iba de excursión a una ganadería para ver los toros. Al no llevar la célula de identidad lo llevaron al calabozo y se sobrepasaron de lo lindo, hasta tal punto que en el diario El Sol, apareció una nota de protesta firmada por los granado de la intelectualidad española: Garcia Lorca, Alberti, Cernuda, Pedro Salinas y Neruda, entre otros.

El 24 de enero de 1936 salía de la imprenta de los Altolaguirre los primeros ejemplares de El rayo que no cesa, en la que incluía la famosa elegía a Ramón Sijé, que había fallecido el 24 de diciembre de año anterior, 1935, en el que incluye 4 sonetos taurinos. En el soneto14, dice: “Silencio de metal triste y sonoro, / espadas congregando con amores/ en el final de huesos destructores/ de la región volcánica del toro”. El soneto 17 así comienza: “El toro sabe al fin de la corrida, / donde prueba su chorro repentino, / que el sabor de la muerte es el de un vino/ que el equilibrio impide la vida”. En el 23 escribe: “Como el toro he nacido para el luto/ y el dolor, como el toro estoy marcado/ por un hierro infernal en el costado/ y por varón en la ingle con un fruto”. Que cada lector interprete estos y otros versos a su libre usanza. Y ya en el último soneto 28, concluye “La muerte, toda llena de agujeros/ y cuernos de su mismo desenlace, / bajo una piel de toro pisa y pace/ un luminoso prado de toreros”.

Durante ese año en sus poemas sueltos, utiliza en más de 10 poemas la simbología taurinas, en algunos con alusión a la Nación: en España en ausencia, escribe: “España, España: ¿quién te ha despoblado?/ nación de toros y de caballeros,/ témpano de guitarras y tambores…/ En el poema Nacimiento de España, prosigue: “Como una piel de toro/ peninsular, sonora,/ como un radiante puño/ que dilatara el tiempo,/ dio sobre el mar y el agua/ se sintió tan hermosa…”.

.En 1937, ya en plena contienda de la guerra civil a la que Hernández se había unido como un activo miliciano de izquierdas, se publicó su obra Vientos del pueblo, “No soy de de un pueblo de bueyes, / que soy de un pueblo que embargan/ yacimientos de leones, / desfiladeros de águilas/ y cordilleras de toros/ con el orgullo en el asta…”, .que dedicó a Vicente Aleixandre, bastantes de estos poemas ya habían sido publicados en revistas de la época.También en otros 6 poemas de este libro se puede ver la impronta de la poética taurina que no cesa .Este libro, de apasionados versos épicos sobre la guerra, se inicia con una hermosa elegía a Federico García Lorca, al que habían asesinado en Granada. Hernández no le guardaba ningún tipo de rencor al poeta granadino, del que dijo: “Él solo era una nación de poesía”.

Precisamente García Lorca había dejado escrito su versión de la España, desde un punto de vista taurino: “Lagartijo con su duende romano, Joselito con duende judío, Belmonte con su duende Barroco y Cagancho con su duende gitano, enseñan, desde el crepúsculo del anillo, a poetas, pintores, y músicos, cuatro caminos de la tradición española”

Hasta llegar al libro “El hombre acecha que dedicó a Pablo Neruda que publicó en 1939 en Valencia, meses antes de concluir la guerra. “Alza, toro de España: levántate, despierta. /

Despiértate del todo, toro de negra espuma, / que respiras la luz y rezumas la sombra, / y concentras los mares bajo tu piel cerrada/ Despiértate”.

Después vendría la cárcel, la muerte en vida, y los últimos poemas del libro que conocemos como Cancionero y romancero de ausencias, en los que la impronta taurina ya ha desaparecido. El poeta encerrado como un ruiseñor en la prisión de la infamia, como un torero atrapado en el laberinto por el minotauro, nunca renegaría de sus ideas: su honor y manera de entender la ética no se lo permitían: “Como el toro me crezco en el castigo; / la lengua en corazón tengo bañada/ y llevo al cuello un vendaval sonoro”.

Muchos son los poetas y pintores y escultores que han inspirado sus obras en el mundo de los toros, en este apartado sobresale de manera sin igual, el poeta universal de Orihuela. La guerra, que Picasso en su Gernika, también representa con la figura central del toro, vino a truncar el momento más dulce y prometedor de la obra de Miguel. Siempre nos quedará la incógnita de lo que poeta hubiera podido hacer, en el caso de que hubiera sobrevivido después de la barbarie.

Cambiando de tercio démosle a otro poeta el privilegio de concluir las líneas de este artículo que ha querido glosar la extensa poética taurina de Hernández, y sin más dilación vayamos al poema Historia conocida, escrito en 1960, por José Agustín Goytisolo que dice así: “Hace tiempo hubo un hombre, entre nosotros, / alegre, iluminado, / que amó, vivió y cantaba hasta la muerte, / libre como los pájaros.

Es una historia conocida, amigos, / todos la recordamos; —Vientos del pueblo, se perdió en el pueblo—pero no ha terminado.

¡Qué bonito sería! Nace, escribe, / muere desamparado. / Se estudian sus poemas, se le cita.

Pero su nombre continúa, sigue, / como nosotros, esperando, / el día que este asunto, y otros muchos, / se den por terminados”.

PATRICIO PEÑALVER

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Patricio Peñalver Ortega

Espinardo.-Murcia, España
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Mi profesión debería de ser la de lector, pero otros derroteros me llevaron a la de escritor y por ende a la de periodista. Tengo dos novelas publicadas: "El Murmullo de las Estaciones" y "Una novela sin nombre". Y otras que esperan.

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