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La Coctelera

Categoría: flamenco

Enrique Morente, por derecho, maestro de maestros

 

La noticia de la muerte de Enrique Morente que nunca debió de ser noticia la recibí como un golpe helado como un hachazo invisible al más puro estilo hernandiano, de pronto sentí que se me había muerto un amigo a quien tanto quería. Enrique y Miguel, Morente y Hernández forman un binomio sentimental de una parte muy importante de mi vida, desde que la voz y la poesía se fundieron en el homenaje discográfico que el maestro Morente le hizo al poeta de Orihuela en 1971.

Morente ha sido uno de los grandes del flamenco de los últimos tiempos, para mí el más grande, el gran revolucionario de los cantes desde el más puro conocimiento de la historia de la flamencología, bajando al pozo del clasicismo y empapándose sin prisas, bebiendo sorbo a sorbo la esencia, para después darse por entero hasta entregarse, ha recorrido un intrincado camino, a veces con muchas bifurcaciones, hasta que encontró el estilo y el espíritu de su voz.

Enrique Morente tenía la llave de los cantes, desde su conocimiento enciclopédico, por eso desde los cánones con su innata genialidad se adentraba en la fusión de los compases y los tercios jondos con otras músicas, sin perder nunca un ápice de flamencura, como un heterodoxo que buscara el más allá, sin perder nunca el norte de lo más puro, desde un sentido ortodoxo. No hay contradicción, cuando las cosas se hacen desde el conocimiento y la verdad: uno puede amar al pintor Velázquez y querer ser un Picasso de su tiempo. Si observamos la historia del Flamenco, desde principios del siglo pasado, con esas dos escuelas: la del don Manuel Torre y la don Antonio Chacón, esa misma historia se repite con los dos genios del reciente tiempo. Enrique Morente viene a representar a la escuela de don Antonio Chacón y Camarón de la Isla representaría la gran siguiriyero Manuel Torre. A su vez, en este caso, las dos maneras diferenciadoras de cantar propiamente con ese rajo tan especial; la de manera de los payos y las de los cales. Dos concepciones que se igualan en la genialidad ya sin matices.

Si el Flamenco es una forma de vivir, Morente era el Flamenco. Enrique era el gran intelectual del flamenco si ser propiamente un intelectual. A través de su ciencia infusa y de su condición de humilde de autodidacta le llegaban los cantes como revelados. Y así llegó a ser el gran maestro de maestros por su magisterio sencillo, por su forma de dar y de darse era un auténtico Sócrates del Flamenco.

Desde mi condición de comentarista, como a mi me gusta, o critico de flamenco como otros me llaman, he tenido la ocasión de reseñar muchas actuaciones de este gran genio. Y ninguna me ha dejado indiferente, siempre había algo nuevo en sus cantes, era algo así como ir a ver torear a Curro Romero o Rafael de Paula. Las actuaciones de Morente tenían ese halo espiritual porque él nunca dejaba de aprender y siempre subía al escenario como si fuera un joven a punto de empezar. Y de pronto, en las últimas actuaciones surgía el misterio, Morente cantaba los tercios de un cante con el compás de otro, como un domador de leones como un encantador de serpientes, mezclaba las letras clásicas, y no sabías que estaba cantando, y aquello sonaba a cante grande. Y encima era una persona educada, sencilla y la mar de divertida con un sentido de la ironía y del humor creativo e inigualable, lo que le hacía un gran personaje.

Desde muy joven ya me adscribí a la cofradía de aquella minoría selecta de morantianos que disfrutábamos con cada nueva entrega, con cada nuevo experimento y creación del maestro, por lo que obviamente  todos aquellos a los que no les gusta Morente, pueden considerar parciales mi comentario, con toda la razón. Lo mío con Morente ha sido, es, y seguirá siendo pura devoción. A principios de los 90, estaba calentando motores en los camerinos de La Unión para cantar en el Festival de las Minas, con los rasgueos del maestro Juan Carmona. Afinaba la garganta y mientras tantos se iba cambiando de camisas; tenía tres: una floreada, otra lisa de color verde y otra negra. Al final eligió la negra. Les dije: "Os pongo un trago". Y Morente miró al gran Habichuela y exclamó respetuosamente: "Bueno por mí, pero lo que diga el maestro Juan". Y el maestro Juan, muy solemne, dijo: "Vale, ponnos unos buchitos de güisqui". Así era el maestro respetando por edad a otro maestro. No me gusta escribir sobre la muerte reciente de los personajes a los que admiro, prefiero dejar un tiempo, en esta ocasión no sucede así, que el maestro me lo perdone cuando esté junto al coro de los serafines. Descanse en paz.

 

 

                            

La guitarra de Paco de Lucía, patrimonio de la humanidad

Cada concierto de Paco de Lucía se transforma en una gran fiesta flamenca, en un gozo inigualable ético y estético para los sentidos, y como no podía ser de otra manera en el Auditorio de Murcia, con el recuerdo de su soberbio recital en el último Festival del cantes de las Minas de La Unión, se le esperaba con ganas y con todo el papel vendido.

 Nada más salir al escenario ya recibió un atronador aplauso; comenzó a templar la guitarra y de repente una voz sonora, exclamó: "monstruo". A la que Paco, siempre parco en palabras sobre el escenario, le respondió con guasa gaditana: "Eso me lo dices después en la calle".  Ahí estaba plantado, solo ante el peligro escénico, toda una leyenda viva, todo un referente mundial, para muchos la mejor guitarra de todos los tiempos del flamenco. Nos llegaba Paco de Lucía, a punto de cumplir los 63 años, del Teatro Real de Madrid, en la que había ejercido de embajador ante la candidatura presentada ante la UNESCO para declarar el flamenco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, que apoyan conjuntamente Andalucía, Extremadura y Murcia. Y ahí estaba la guitarra universal de Paco, ya patrimonio de la Humanidad, comenzando su vuelo estratosférico. Ahí estaba todo un genio y maestro que cada día que sube al escenario lo hace con su mono de trabajo: sus pantalones y chaleco negro y su camisa blanca. Y comenzaba la gran faena, arrancándose por un toque por mineras, templando los tiempos con sus falsetas poderosas, rematando por fandangos de Huelva, buscando los sonidos limpios que muy pronto encontraba y que ya no le abandonaron en toda la noche. Comenzaba un largo recorrido con su fenomenal grupo, por su discografía, por bulerías, alegrías, siguiriyas, rumbas y tangos. Y se lucían las voces de Duquende y David de la Jacoba en la bulería "Volar", por un lado la ya muy veterana de Duquende alcanzando a veces agudos imposibles y la más joven de David, también de estilo camaronero, con la percusión precisa y perfecta rítmicamente del cajón flamenco de "El Piraña", cuando interpretaban otro tema mítico como "Canastera".

 Improvisaba Paco de Lucía, que de pronto pasaba de un "palo" rítmico a otro como el rayo que no cesa, con esos largos fraseos y esos riffs, marca de la casa, divirtiéndose con sus músicos, dándoles protagonismo, ora con el portentoso sonido del bajo de de Alaín Pérez; ora con la siempre sorprendente armónica de Antonio Serrano "El Boquerón". Hasta que le tocaba el turno al bailaor Farruco, que en un rectángulo de apenas un par de metros, bailaba magníficamente por bulerías y siguiriyas, con un taconeo poderoso y unos brillantes desplantes que deleitaban a los espectadores, siendo muy aplaudido.  El maestro, que se mostraba muy contento, comenzaba a presentar a sus músicos para que recibieran su recompensa en una salva de aplausos mientras realizaban un solo instrumental. Y ahora era el momento de su segundo guitarra Antonio Sánchez, que demostraba su gran talento para ser un primer guitarra. Antonio tiene un buen maestro: es nada menos que sobrino de un tal Francisco Sánchez Gómez, conocido artísticamente como Paco de Lucía. Y a la noche se le fue mano. ¡Benditas manos!, y después de más de dos horas, con un descanso de quince minutos, todos queríamos más. Se retiro el maestro en loor de aplausos con el público puesto en pie y después de cinco minutos de insistencia palmera al compás del respetable, volvió a salir y llegó el éxtasis con esa banda sonora que forma parte de nuestra educación sentimental, sonaba "Entre dos aguas", esa pieza con la que muchos guitarristas ha comenzado a querer ser algo en el planeta de los cabales. Un gran concierto, una gran fiesta flamenca, y al final ante los camerinos, un pequeño ritual. Unos cuantos guitarristas esperaban que Paco de Lucía bautizara su instrumento con su firma, entre ellos uno muy especial y muy bueno, el sevillano Antonio Carrión, con su hija Inma. Ni que decir, que el maestro también cumplió fuera del escenario. Al final el público salió contento y feliz con la sensación de haber estado ante una leyenda viva, que ya es historia, más allá de la leyenda del tiempo.

 

 

 

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Un "Melón de oro" histórico para la jovencísima cantaora Rocío Luna

 Festival Flamenco de Lo Ferro 2010

 

En una vibrante y competida final la joven Rocío Crespillo de doce años recién cumplidos, conocida artísticamente como Rocío Luna, pulverizó todas las estadísticas y se convirtió en la mujer más joven que gana un concurso de tanta importancia, llevándose por unanimidad del jurado el galardón más importante del Festival de Lo Ferro: "El Melón de Oro", dotado con 12.000 euros, que le entregó el alcalde de Torre Pacheco, Daniel García, y que fue refrendado con los aplausos del público, puesto en pie. La joven visiblemente emocionada recibió el cheque del máximo trofeo patrocinado por la Peña Melón de Oro y el Corte Inglés, de la mano de Arturo Andréu, jefe del departamento de relaciones externas de los grandes almacenes.

El segundo galardón importancia: El premio especial para la "Ferreña" "Trofeo Molino de Lo Ferro, realizado por la escultora Maite Defruc, fue para madrileña Nieves Ortiz, dotado con 6.000 euros, que le entregó el Delegado del Gobierno en Murcia, Rafael González Tovar.

Los cinco restantes galardones fueron a parar a las manos de los siguientes participantes: En el primer grupo de Cantes Básicos, se entregaron dos primeros premios a Marta González, de Cádiz y a Aroa Cala, del Puerto de Santa María, dotados con 3.000 euros, que les entregó el alcalde Francisco Jodar, de Lorca.

El segundo grupo de Cantes de Levante, quedó desierto.

En el tercer grupo de Cantes de Ritmo, dotado con 3.000, la ganadora fue Carmen Corpas, de Barcelona, y le entregó el diploma el Diputado Regional, Mariano Pérez.

En el cuarto grupo de Cantes procedentes del fandango el premio también dotado con 3.000 euros fue para la cordobesa Pepa Abad, que le fue entregado por Araceli Martínez, concejala de Educación, Cultura y Deportes, del ayuntamiento de Torre Pacheco

Y por último el quinto premio en Cante Aflamencados, dotado con 3.000 euros, fue para el gaditano Pedro Garrido, que lo recogió de la mano de Ana Artero, Diputada Regional.

En la larga velada de la noche del sábado los siete finalistas, por orden del sorteo, fueron: Pedro Garrido, de Jerez de la Frontera, que cantó, soléa, campanilleros, y bulerías; Rocío Crespillo, de Córdoba, que cantó malagueñas, tientos-tangos, y seguiriyas; Carmen Corpas, de Barcelona, que cantó Seguiriyas, tangos, y milongas; Pepa Abad, de Córdoba, que lo hizo por granaína y media, ferreñas y alegrías de Córdoba; Marta González, de Cádiz, con granaína y media, toná y alegrías; Nieves Ortiz, de Madrid, con ferreña, guajira y malagueñas, y por último: Aroa Cala, de Cádiz, que cantó petenera, caracoles y seguiriya.

Como decíamos ayer, la jovencísima Rocío Crespillo, de nombre artístico Rocío Luna, la gran revelación de este Festival, llevaba las máximas papeletas para ponerle el cascabel al gato. Y vaya que sí lo hizo. Decíamos, ayer, que podría ser un bombazo y así ha sido. Rocío Luna ya ha hecho historia en este Festival, siempre habrá un antes y un después, al ser la ganadora más joven del Festival. Se hablaba mucho sobre la edad y las bases del Festival, que no contemplan ni límite de edad ni tienen un premio especial para artistas jóvenes, pero también en el flamenco la edad es otro tabú: o se canta bien o no se canta. Y Rocío Luna canta a rabiar, es cierto obviamente que le falta experiencia y conocimiento. Experiencia y conocimiento para cantar aún mejor. La misma que le faltaría al jovencísimo Manolo Caracol cuando ganó a  los 14 años el famoso festival de Granada. Rocío Luna, después de recoger su premio, entre nubes, se sentó en la silla para refrendar su éxito y nada más abrir la boca para dedicar el premio, le cayeron unas lágrimas de gloria por las mejillas. La cantaora, muy pronto, se recompuso y cantó unos fandangazos henchidos de emoción que fueron creciendo en intensidad y belleza. La cantaora y el público que le aplaudió a rabiar y que la piropeó se fundieron en solo cuerpo.

El jurado del XXXI Festival Internacional de Cante Flamenco de Lo Ferro, estuvo compuesto por Francisco Martínez, Nicolás Lozano, Lucas Teruel, y Ginés Avellaneda. Durante  todo el Festival, las jornadas fueron presentadas de manera excepcional por Jesús Sancho y Luis Terry. También hay que resaltar el gran trabajo realizado por la jefa de Prensa del Festival, Sandra Karaqueli.

 Entre ese ínterin, después de la participación de los concursantes, mientras el jurado deliberaba se presentaba el Ballet de Lo Ferro, que dirige brillantemente Mª Dolores Ros, con su nuevo espectáculo "De sintura p'arriba". Y efectivamente fue todo un gran espectáculo, vibrante por su ritmo y su vistosidad estética. El elenco artístico está compuesto por las bailaoras Antonia García, Josefina Nicolás, Begoña Alarcón, Cynthia Cano, Josefa Hernández, Bárbara Fernández, Carmen Contreras, Soraya Sánchez, María José Vicente, Elena Escolar, Daniel Asía y Joaquín Paniagua; Isabel Pitera. El espectáculo "De Sintura p,arriba", Es un merecido homenaje a las figuras femeninas del baile flamenco desde los cafés cantantes hasta los tablaos flamencos. El título se refiere a lo que decía Pastora Imperio de su propia forma de bailar: "Ésto es mío (el braceo), ésto nos es de nadie, es un don que Dios me dio, porque nadie ha sabido mover los brazos como yo, bailo de sintura p,arriba".El acompañamiento musical lo pusieron Vicente Santiago a la guitarra; Naike, la cantaora Victoria Cava, y la cantante cubana Rosa Cruz que cantó la rumba "Gitana".; así como Paz Martínez que se encargó magníficamente de la dramaturgia, haciendo perfectamente de hilo conductor entre un cuadro y otro. Un bello espectáculo que fue muy ovacionado y aplaudido durante el transcurso de las cinco partes que lo componen.

 

           

 

                            

Y llegó el momento de la sensación verdadera.

 

   Esa palabra de seis letras: la crisis, ya tan manida, que parece que de tanto usarla pierde su origen y su verdadera identidad también está afectando y de qué manera a los festivales flamencos. Ya se sabe que la Administración en general a la hora de dar tijeretazos no se corta cuando llegan a la partida de las cosas culturales. A los recortes públicos también hay que sumarle la reducción de las empresas privadas que han dejado de patrocinar eventos culturales.

El Festival de Lo Ferro que obviamente no es ajeno a este estado, contra viento y marea, a base de imaginación y mucho ánimo ha capeado el temporal con una programación muy digna en lo que se refiere a los carteles de las galas. Sin embargo en lo que se refiere al concurso de cante, aquí no hay novedades importantes. La vida sigue igual, aunque podríamos decir que en esta edición las mujeres cantaoras llevan el mando.

En la noche del jueves se celebraba la primera semifinal con la participación de 5 cantaoras y 2 cantaores, que por sorteo actuaban de la siguiente manera: en primer lugar le tocaba romper el hielo y calentar el ánimo y la atención del respetable, a Pedro Cintas, de Badajoz, que acompañado por guitarra de Antonio Carrión, cantaba por tonás, bulerías y granaína y media. Y le seguían, Isabel Guerrero Alarcón, de Málaga, acompañada por la guitarra de Antonio Fernández "El Torero" que cantaba Granaína y media, soleá y tangos; Pepa Abad Rosales, de Córdoba, acompañada por la guitarra de Rafael Trena, que cantaba por ferreñas, cartageneras y seguiriyas; Aroa Cala Luque, de Cádiz, que lo hacía por bamberas, tangos y tonás; Carmen Corpas Martín, de Barcelona, que cantaba seguiriya, malagueña con verdial y Vidalita, y por último cerraba el cartel de los concursantes. Sonia León Romero, con milonga, soleá y por tientos-tangos.

Una noche más, en esa gran terraza al aire libre, en la que el respetable puede cenar, comer pipas o fumar a su libre albedrío, entre cantes, siempre con la presencia de la bella y luminosa Selene y con el planeta Júpiter que parece que de vez en cuando le guiña un ojo.

Una noche más con los concursantes, siempre con los nervios a flor de piel, sabiendo que en quince minutos del escenario se juegan muchas horas de ensayo y de ilusiones.

 La hora H y el día D ya llegó para estos seis participantes y para los otros seis restantes de pasada noche del viernes, que a estas horas ya conocerán la lista de los finalistas para gran final de hoy sábado. La suerte ya está echada, llegó el momento de la sensación verdadera.

Los aficionados ya comienzan a hacer sus pronósticos siempre guiados por sus gustos personales, que tienen que ver mucho con la voz y la manera de interpretar los cantes; a algunos le gustan las voces más recias, mientras otros las prefieren más dulce.

Muchos y buenos aficionados se acercan con la intención de pasar una noche estupenda, como José Clemente, maestro de la escuela de El Sabinar con más de 25 años, acompañado de Dolores Lorente, también maestra. O dos históricos del sindicalismo de la Región de Murcia, como Mariano Vera y Miguel Campillo, que fue secretario general de C.C.O.O.

Otro buen ramillete de aficionados se divertían de lo lindo, entre comentos y mementos, como el pintor, el maestro Pepe Cacho, que se quería arrancar por una copla entre el estribillo del tachín-tachán, mientras Simón García, profesor de astronomía, trataba de mostrar el lugar exacto de las tres estrellas del verano, ante la atenta expectación de Jesús Oliva, de Lucía Martínez y de Javier Satué Cacho, que anda bregando para abrir el Palacete Cacho, del siglo XIX, en La Alberca.

 Entre cante y cante, siempre hay un rato para echar un vale y tomar una copa en la barra del bar del recinto. A esa charla se sumaba también Sebastián Escudero, hijo, presidente de la Agrupación Astronómica de la Región de Murcia. El plato fuerte de la noche era la actuación de la bailaora Soraya Clavijo, después de la actuación de los concursantes, y momentos antes de que saliera al escenario, el coordinador general del Festival, Francisco Aparicio, agradeció la labor de difusión de todos los radioaficionados que habían participado en el concurso, glosando todo lo  están haciendo por el Festival ferreño, y a continuación Francisco Buendia, Presidente del  Radio Club Torre Pacheco entrego el V Trofeo de Radioaficionados del "Festival de Lo Ferro" a Francisco Cárdenas, procedente de la Puebla de Cazalla que se desplazó desde Sevilla para recogerlo.

Y comenzó el baile, el gran baile arrollador y con un poderoso taconeo de Soraya Clavijo, que por algo tiene uno de los más importantes galardones, como es el Premio Nacional de Flamenco por Bulerías "Carmen Amaya" del Festival de Córdoba.

Soraya Clavijo, pisó las tablas del escenario ferreño en busca de ese duende flamenco que ella lleva dentro, más bien digamos que trato de despertarlo. Comenzó su buena actuación por tarantos y fue muy aplaudida; mientras se cambiaba de vestuario para su segundo baile, su grupo compuesto por Miguel Iglesias, a la guitarra; Antonio "El Polo" y El Maloco Sordera, al cante y a las palmas Juan Panera, interpretaron unos martinetes. Soraya Clavijo volvió a bailar, con ese dramatismo escénico y esos brillantes desplantes, muy bien por soleá por bulerías. Y acabó la fiesta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                            

Y Capullo de Jerez la vuelve a liar en Lo Ferro

 

Vamos a comenzar la crónica con lo que sucedió al final, que no fue otra cosa que el cantaor jerezano Miguel Flores "Capucho de Jerez", con perdón por el atributo, literalmente la volvió a liar otro año más. Comenzó por la parte dramática con unas soleares muy serias, después se deslizó por la senda de los fandangos, hasta llegar a las bulerías. Y en las bulerías, en esa parte festera, con ese compás jerezano que lleva en la sangre, Capucho de Jérez, como ya hemos escrito en otra ocasión es un máquina. El respetable lo iba jaleando y él se calentaba más y más, hasta que se levantó y comenzó a cantar de pie; después a bailar. Y al final después de un bis, una parte del público se acercó hasta el escenario bailando al son de las bulerías. O sea, que la lió con una gran fiesta por bulerías, con el compás de los palmeros Luis y Lali de la Tota, y con la muy buena guitarra de José Ignacio Franco.

Volvamos, pues, al principio y prosigamos diciendo que en una hermosa noche de luna llena, la del pasado miércoles, el Festival de Lo Ferro que celebra su trigésima primera edición homenajeaba al Festival del cante de las minas por sus 50 años, por sus bodas de oro, en un gesto tan hermoso y luminoso como la propia luz de esa noche. Los festivales de La Unión y Lo Ferro, o viceversa, tienen sus señas de identidad, sus características propias y sus partidarios ya muy consolidados; nadie va a cambiar ahora su idiosincrasia, por eso este gesto de hermanamiento que viene a sumar fuerzas los hace más grandes.

En un acto emotivo el coordinador del Festival, Francisco Aparicio, expuso brillantemente los méritos que concurrían para ese hermanamiento y llamó al escenario a los alcaldes de Torre Pacheco, Daniel García Madrid para que le impusiera la insignia de Melón de oro, la máxima distinción del Festival, al alcalde de La Unión, Francisco Bernabé, quien manifestó: "Hemos recibido muchos homenajes nacionales e internacionales y sin embargo el que más nos ha llegado es el de Lo Ferro porque no hay nada más hermoso que ser profeta en su tierra, este homenaje me parece extraordinario. Creo que ya han quedado en el olvido antiguas controversias que en nada ayudaban a nuestro arte, y esto es prueba de ello. No le quepa ninguna duda que la Unión y Lo Ferro van a seguir caminando juntos en el mundo del flamenco y pronto tendrán bellas noticias de actividades que vamos a organizar conjuntamente". El alcalde Daniel García, le respondió: "Este año queríamos homenajear a La Unión También por su 150 años como municipio y profundizar en nuestras raíces, porque sí en La Unión es la mina, en Torre Pacheco es el campo; si allí es esa fatiga de estar bajo tierra, aquí es la de estar bajo al sol en labores de labranza a unas temperaturas muy duras; no queríamos dejar pasar estas bodas de oro y recordar el nacimiento del Festival del cante de las Minas".

Después del necesario protocolo, para celebrar la efemérides, qué mejor que una buena noche de flamenco bajo el cielo de las estrellas en ese gran patio de verano. Y vaya, qué si hubo flamenco del bueno. Ya comenzó sorprendiendo el niño Escarpín, de Beniel, con donosura y elegancia que baila de dulce, lo hizo por bulerías con mucho desparpajo y mucho compás con las guitarras de Antonio Fernández "El Torero" y Antonio Carrión y con el cante de Elías Caballero, y se ganó el primer y atronador aplauso. Sebastián Escudero, el padre de la criatura y alma mater de este Festival, le impuso una insignia como recuerdo y el niño le dio dos besos, después de decir que era una noche muy bonita para él.

A continuación salió al escenario el cantaor sevillano Manuel Cuevas, "Lámpara minera", y de qué manera: cantó por mineras, cartageneras, y tarantas, jaleado por el público. Prosiguió con malagueñas, una zambra dedicada a Manolo Caracol, guajira y colombiana, tangos extremeños y bulerías y terminó su brillante actuación por fandangos, que cantó a capela, a pleno pulmón, con la potentísima voz que le caracteriza, y claro se metió al público en el bolsillo, que lo despidió puesto en pie. Manuel Cuevas, antes le quiso dar las gracias a sus amigos de la Unión que allí estaban y dijo: "Ojala en Andalucía se unieran dos festivales, dos concursos como estos; me duele decirlo pero tendrían que aprender por mi tierra".

Para seguir con la fraternización, le llegaba el turno al guitarrista José Ángel Cortés que ganó el año pasado el Bordón minero de La Unión, que tocó muy bien por mineras, fandangos de Huelva y bulerías.

De tierras extremeñas llegaba Miguel de Tena, "Melón de Oro" y "Lámpara minera", que comenzó cantando muy bien por soleá que remató por bulerias; le siguieron unos cantes por farrucas y granaínas y unas bulerías, con sus cuplés: "Maria de la O/ que desgraciadita tu eres teniendo to/ maldito parné. Y como antes Manuel Cuevas le había piropeado y dedicado un fandango, Miguel también le quiso dedicar unos fandangazos cantados a capela de El Pichichi, al sevillano, que fueron muy jaleados y aplaudidos por el público, que terminó puesto en pie.

Visto ya lo visto y oído lo oído, el Joven onubense Álvaro Díaz que ganó el Melón de Oro del pasado año, salió al escenario y espetó que después de ver a estos pedazos de artistas, a ver que hacía él. Y Álvaro todos los cantes que hizo los hizo muy bien: tanto por cantiñas, tarantos, como el romance de Juan de Osuna de Manolo Caracol, o los fandangos de su tierra que canta con mucho conocimiento, y que para no ser menos también cantó a capela. Álvaro Díaz que tiene unos recuerdos imborrables de Lo Ferro, acaba de confirmar su trayectoria con otro muy reciente premio: el de La Taranta de Linares.

Entre la concurrencia, que abarrotaba el recinto, de la mano de Luis Artés, director del Patronato de Cultura del ayuntamiento de Torre Pacheco, se encontraba la escritora María Dueñas, la librera Ana Escarbajal, el fotógrafo Miguel Martínez, el arquitecto Martín Lejarraga y los pintores Charris, Yayi Jonquera, Fod y Sonia Navarro.

Mucho disfrutaron, José María Portillo, Emilio Villanueva y Guillermo Fontes. Tanto como Francisco Campillo, con sus primos de Madrid. O Carlos Cegarra, que venía de Londres, María Sanmartín, recién llegada de Nueva Cork y Rosario Sanmartín y José Antonio Cegarra. O el buen aficionado, Pascual Soria Martínez, de Cehegín. Antes en una mesa redonda, sobre toros y flamencos, el torero Rafaelillo el crítico taurino de televisión y radio Mariano Molina y Paco Tinajero hicieron una gran faena de puerta grande. Y un tal Patricio Peñalver, un seguro servidor, fue el encargado de presentar y moderar esa mesa.

 

 

 

 

                            

La candela de la "Lampara minera" ya alumbra el porvenir de MIguel Ortega

 

 En una noche muy intensa y muy disputada hasta el último momento, cargada de emotividad y con los nervios a flor de piel, el máximo galardón la "Lámpara minera", dotado con el trofeo y 15.000 euros fue a parar a las manos del sevillano Miguel Ortega, de 35 años, de la localidad de Los Palacios, quien por consiguiente también recibió el primer Premio por Mineras, dotado con 6.000 euros, y además se alzó con el primer premio por Cartageneras, y el galardón por siguiriyas ambos dotados con 4.500 euros. Una fecha para la historia y para el cantaor, ya que el Festival celebraba sus bodas de oro, con un rotundo éxito sin precedentes.

El cantaor Miguel Ortega, que fue muy aplaudido durante la entrega del premio, estuvo acompañado por la guitarra de Rosendo Fernández, y nada más recoger el trofeo que le entregó el alcalde de la localidad, Francisco Bernabé, derramó unas lágrimas por la emoción contenida, y dijo: "me gustaría daros las gracias a todos los que durante muchos años me habéis seguido, tanto aquí como en otros lugares. Este premio se lo quiero dedicar en primer lugar a toda mi familia, que siempre ha luchado conmigo por esto que me gusta tanto, y sobre todo a una persona que hace seis años me cambió la vida, que es mi mujer, y mis dos hijos. Las lágrimas de hoy son porqué llevo muchos años luchando, como todos mis compañeros, pero también son porqué esta mañana recibí una tremenda noticia: la muerte de un compañero mío de Córdoba, Juan Carlos "El Sobrino" y quiero dedicarle un cachito de este premio".

El segundo premio de mineras, dotado con 6.000 euros fue para la joven granaína de 15 años, Ana Monchón, de Granada, que además ganó otros tres más: por tarantas, malagueñas y tangos, cada uno de ellos dotado con 4.500. La otra gran triunfadora también de la noche.

En los otros grandes premios del Festival en la modalidad de Guitarra, Baile e Instrumento Flamenco, los galardones fueron respectivamente: Primer Premio de Guitarra Flamenca dotado con el trofeo "Bordón Minero, dotado con 6.000 euros para Francisco Moncayo, de Morón de la frontera; y el segundo para Cayetano Moreno, de Cartagena, dotado con 4.000 euros.

El primer premio de de Baile Flamenco, trofeo "El Desplante", dotado con 10.000 euros fue para el bailaor Jesús Gil Fernández, de Madrid. Y el segundo premio, dotado con 6.000 euros para Francisco Hidalgo, de Cádiz.

El primer premio de instrumentistas flamencos denominado "El Filón, dotado con 7.000 euros fue para el pianista Abdón Alcaraz, de Murcia, y el segundo premio dotado con 3.500 euros para Oscar M. Gómez, de Valencia. El premio del grupo B, dotado con 4.500 euros fue para José Cortés Canela, de Cädiz, por soleá. Y el premio especial para cantaores jóvenes, dotado con 2.000 euros fue para Inmaculada Mellado, "Inma de la Vega", de Córdoba.

Decía, ayer, que Miguel Ortega en cante, Jesús Gil, en baile, Francisco Moncayo, en toque de guitarra y Addón Alcaraz, en instrumentista flamenco, llevaban muchas papeletas para ganar. Así fue, y así se corroboraba en la madrugada del sábado, con unos premios que también apoyaba mayoritariamente el público. La joven granaina Ana Monchón se lo puso complicado al veterano Miguel Ortega. La adolescente que se metió al público en el bolsillo, tiene mucho porvenir y muy mal se le tiene que poner la cosa, para que cualquier año, no consiga la "Lámpara minera". Otra cosa que está muy clara, es que el cartagenero Cayetano Moreno, no tiene suerte, siendo tan buen guitarrista como es; ya van tres veces con el segundo premio. La otra noche se le cruzó un fierecilla con muchos dedos. Yo le sigo animando. Muy merecidamente fue el triunfo del murciano Abdón Alcaraz, que mordió literalmente su trofeo; ya el pasado año lo mereció. En resumidas cuentas, que el veterano Miguel Ortega y la joven Ana Monchón, entre el uno y la otra, arrasaron con casi todo y se llevaron todo el parné.

Concluyen las bodas de oro del Festival, con el mayor de sus éxitos en todos los aspectos. Y ya se comienza a preparar la próxima edición.

El jurado de los Concursos de Cante, Guitarra, Baile e Instrumentista flamenco estuvo formado por el periodista, escritor y flamencólogo, Antonio Parra; el flamencólogo y letrista Francisco Paredes; el flamencólogo José Cros; la bailaora Blanca del Rey, y el flamencólogo, músico y escritor, José Manuel Gamboa. El secretario del jurado de los Concursos del Festival fue Antonio Gómez Pérez.

 

 

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del "glamour de las figuras a los jornaleros del cante

Festival del cante de las minas de La Unión-agosto 2010

 Se marcharon los artistas del glamour y terminaron las exitosas galas flamencas, en las que por primera vez todas las entradas ya estaban agotadas de antemano, y ahora nos llegaron los jornaleros del cante, del baile y de la guitarra y de otros instrumentos; los que aún no pueden vivir exclusivamente del flamenco y tienen que combinar su afición y su arte con otras profesiones, los que mantienen la candela y le dan vidilla a las peñas flamencas durante todo el año. Ellos y ellas, siempre inasequibles al desaliento, con un ánimo y una voluntad sin fisuras, saben más que nadie lo difícil que es escalar los peldaños de esa escalera que conduce a la cúspide, a veces esquiva y caprichosa, para llegar a ser una primera figura y situarse en el escalafón de los privilegiados.

Comenzaron los concursos de cante, guitarra, baile e instrumento musical, verdadera esencia por la que germinó el Festival, y nos llegaron los primeros once participantes en la primera semifinal de la noche del miércoles, con todas las ilusiones intactas, tratando de atemperar los nervios a flor de piel, esperando el momento de la verdad. Todo el trabajo de las muchas horas de ensayo se  lo juegan en unos minutos en el escenario, y, saben que influye mucho la suerte, unos pequeños fallos pueden dar al traste con todo. En la primera semifinal, participaron seis cantaores, un guitarrista, tres bailaores y un instrumentista, procedentes de Cartagena, Murcia, Badajoz, Madrid, Castellón, Córdoba, Granada y también de Japón, un año más presente en los Concursos en la modalidad de baile.

El primero en abrir la semifinal ha sido el instrumentista murciano Abdón Alcaraz, segundo clasificado el año pasado, y que vuelve a La Unión con la pretensión de ganar este año. Le siguieron: Pedro Cintas Rodríguez, de Badajoz, que cantó cartagenera, taranta y malagueña; Sara Salado Palomo, de Madrid, que hizo granaina, bulerías por soleá, y bulerías; la japonesa Niwa Akiko que bailó por tarantos y alegrías; José Luis Villena "Niño Aurora", de Castellón, que cantó minera, murciana, fandango minero y malagueña; Cayetano Moreno, de Cartagena, a la guitarra que tocó por tarantas y soleá; Cristian Pérez, de Madrid, que bailó taranto y alegrías; Raúl Alcantara "El Troya" que hizo minera, taranta y malagueña; Sergio Gómez "El Coloraito", de Granada, que cantó taranta, levantica, fandango minero y malagueña; Guadalupe Torres, de Madrid, que bailó taranto y romance; y Eva María de Dios "Eva de Dios", de Córdoba, que cantó por soleá y cantiñas.

El jurado tomaría sus notas pertinentes y el público las suyas y yo las mías. Por mi parte dejo durante la fase del concurso de valorar las actuaciones de los participantes, que demasiado tienen con lo suyo, para no influir más que nada en el ánimo de ellos; tratando de ser imparcial en esta batalla, en la que se lo juegan todo a una carta para estar en la final del sábado.

Durante el Festival, siempre hay un antes y un después: a las galas suele acudir un público más heterogéneo, mientras a la fase del concurso, predominan mayoritariamente los aficionados más exigentes. Como lo de Casa de Andalucía de Sagunto que organizan una de las pruebas selectivas del Festival, entre ellos Javier Rosado, María Dolores Villalva, Juan Manuel Sánchez, Amparo Serrano, Eljas Berna y Florencio Serrano.

Precisamente esa noche, repetía el embajador de Japón en España, Fumiaki Takahashi, que el día anterior había recibido de manos del alcalde de La Unión, Francisco Bernabé, el Premio Catedral del Cante. El embajador no se quiso perder la actuación de su compatriota Niwa Akiko, ni tampoco dejó de asistir a la emocionante y gran actuación, del cantaor granaino Juan Pinilla, que cantó en la Mina Agrupa Vicente, ante la observación emocionada de Fumiaki Takahashi.  El cantaor granadino inició su repertorio con un poema del poeta de Orihuela, "he querido brindarles mi corazón rememorando el recuerdo de Miguel Hernández en el centenario de su nacimiento, ya que era un poeta muy vinculado a La Unión". Pinilla comenzó su recital con estos versos: "Que mi voz suba a los montes, / y baje a la tierra y truene. / Eso pide mi garganta/ desde ahora y desde siempre...Y cantar y repetir a quien escucharme debe/ Nunca te falten las armas/ pueblo de cien mil poderes".  El Director del Festival, Julio García que presentó el acto cultural, señaló: "las particularidades del Parque Minero como lugar emblemático y de la Mina Agrupa Vicenta, un lugar donde ha habido mucho sufrimiento. En minas como esta, surgieron los cantes mineros, la única forma que tuvieron de expresar sus sentimientos". "Hoy reviviremos esos momentos dejándonos llevar por los sentidos y abstrayéndonos de nuestro alrededor, sintiendo el cante en este lujo recuperado". A buen seguro, que disfrutaría mucho Miguel Clavero Aróstegui, presidente de la Peña La Platería de Granada. Por cierto, el señor Fumiaki Takahasti se enamoró de nuestras morcillas, pero no tanto de los michirones, y las comió con los dedos, chupándolas, al más puro estilo murciano.

Mucho fueron los que disfrutaron de esta primera semifinal, como el magnífico guitarrista de rock y blues; Santiago Campillo; o la joven bailaora Almudena Sánchez, que ganó recientemente el I concurso "Tiempo de Danza", en la modalidad del flamenco con una soleá; así como el doctor en medicina, Florencio Goméz de Valcárcel y Rufo Martínez Cobacho, miembro del Patronato Fundación Cante de las Minas, carnicero de nacimiento y felizmente jubilado de la Carnicería Mar-Azul.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¡Qué bien cantas, Poveda!

Festival del cante de la minas de La Unión- 9 de agosto 2010

                                               

Si el cantaor Miguel Poveda levanta pasiones flamencas por donde quiera que vaya, que no será en La Unión. Desde aquí despegó profesionalmente una noche de agosto de 1993 al ganar con 19 años el máximo galardón del concurso del cante: "La Lámpara minera"; lo de Miguel y La Unión fue un amor a primera vista, una pasión mutua que permanece en el tiempo. Si Poveda siempre tendrá una deuda con el Festival, bien es cierto que la está devolviendo, ahora sin intereses, al ser el máximo embajador de los cantes mineros.

Si hace un par de años el cantaor montaba un lió muy grande en ese mismo escenario, lo de la noche del pasado lunes fue memorable; podríamos utilizar una retahíla de adjetivos: sensacional, majestuoso, sorprendente, poderoso, impresionante, y no estaríamos exagerando. Miguel Poveda llegó a La Unión como tsunami flamenco, con ganas de armar la marimorena, y estuvo sencillamente cumbre.

En su espectáculo "Sin Fronteras", un hermanamiento entre Barcelona y Jérez, nos presenta lo que podría ser una fiesta en directo desde un colmao cualquiera en el que conviven, payos, gitanos, andaluces y catalanes con toda la naturalidad, algo así como un cuarto de los cabales, en los como escenografía nos encontramos con unas mesas, unas sillas, y unas botellas de vino, a las que se suman el cantaor y los palmeros y tres invitados de lujo jerezano: el cantaor Luis "El Zambo, el guitarrista Moraito Chico y el bailaor Andrés Peña.

Y comienza la fiesta cantando El Zambo por bulerías al compás para introducir el espectáculo, que esta ocasión tenía la especial introducción de los cantes mineros, a lo grande, ya que Poveda quería rememorar la noche triunfal de 1993 en la que ganó cuatro premios. A lo grande empezó su actuación con la minera que aprendió del gran Pencho Cros: "Se oye un grito en el rugío/ Dios mío ten compasión/ que un barreno a crujío/ ay, y no tengo salvación", y se escucharon los primeros murmullos de admiración, le acompañaba a la guitarra su paisano Juan Ramón Caro, con él paso en el tren en su viaje a La Unión, ensayando, dale que te pego a la minera, aquella día que se dirigía a su triunfal noche del 1993. Bendita noche la de aquel día, y esplendorosa la del otro lunes. A esa minera grande, le siguió la Levantica, con la guitarra de Chicuelo, y unos cantes abandolaos con las dos guitarras al alimón. Poveda ya había destapado el tarro de las esencias.

Los números se iban sucediendo unos a otros sin interrupciones, ahora le llegaba el turno al bailaor Andrés Peña que estaba solemne por soleá

Y de nuevo Poveda, concentrado en sí mismo, con otra ración exquisita de cantes mineros, por cartageneras, tarantas y taranto, conseguía elevar la temperatura y el predispuesto ánimo de los concurrentes. Y otro cante grande, sino el que más, por martinetes con el metal de la voz al más puro estilo jerezano, cantaba "El Zambo", a que le respondía el inconmensurable Poveda.

Después de los martinetes todos se saludaban y se daban abrazos y brindaban como si estuvieran en la reunión de Los juncales, la fiesta arrancaba con la bulerías de la borrachera y continuaba con unos tangos de Triana, alegres y luminosos, en los que para rematar Poveda se echaba su primer baile. Para darle descanso a la voz, el protagonismo pasaba al solo de guitarras entre Chicuelo y Moraito,  por bulerías: dos guitarras de las mejores de acompañamiento, aunque hay que decir que por bulerías la guitarra de Moraito con su falsetas peculiares se sale del cuadro. Y el siguiente cuadro lo pintaba el bailaor Andrés por cantiñas con pureza y esencia, con el cante de Poveda. Antes ya de dar paso final a la parte festera, en mitad de la noche, Luis Zambo, dejaba una escalofriante siguiriya con la guitarra de Moraito.

El largo fin de fiesta comenzaba con las bulerías de la Lola, y comenzaban a jalearse con el ritmo de los palmeros, vaya tela,  la de Luis Cantarote y Carlos Grilo. Y al centro del escenario salía de nuevo Andrés Peña para hacer una gran faena con su zapateao, muy aplaudido por el público, en esos momentos Moraito, espetaba: "soniquete, eso se llama esto, señores". Y el zapateao servía como introducción a las bulerías del final del espectáculo. Y sin embargo, el respetable quería más y más y más le dieron Poveda y El Zambo por ritmo de bulerias  Con el público puesto en pie se retiraron y el reclamo de las palmas que no cesaban y que pedían la propina, les hizo salir de nuevo a las tablas con más brío: Comenzaba propiamente la guasa, en la que todos tienen que bailar, se ponga como se ponga: al guitarrista Juan Ramón Caro le cantaba Poveda y no estaba nada mal su baile, sino todo lo contrario. Ahora cantaba El Zambo y bailaba Cantarote; después de cantaor a cantaor, cante de Poveda y baile de El Zambo, y así sucesivamente hasta que llegó el Moraito que se fue calentando dejando la gracia y la esencia de la estirpe de Los Moraos. El cantaor se volvió a retirar, y el respetable, vaya como que pedía más, y más hubo. Terminó cantando, uno de sus temas populares, "Alfileres de colores", que le quiso dedicar al cantaor Arcángel, que se encontraba en el recinto, y el quiso despedir con unas palabras de saludo, con la presencia siempre atenta de sus padres: Francisco y Felicia, y dijo: "ahora me habéis puesto una calle, sé que formo parte del pueblo, y me siento muy unido a vosotros desde hace diecisiete años. Estoy orgulloso de pertenecer a un pueblo con tanta categoría humana y artística  Felicidades por vuestra labor durante estos años, por conseguir esta joya fuera de Andalucía". "Mi agradecimiento a todos los que han acudido a la actuación, a mis padres, al pueblo de La Unión y a toda la gente de fuera que engrandece el festival".

 

 

 

 

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