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Terra
La Coctelera

La crisis y los mercados

Desde un punto de vista conceptual resultan sorprendentes las mil y una interpretaciones, acerca de la crisis mundial que se ha instalado en nuestro sistema, son tantas y tan diversas que aún no sabemos ni cómo ni quiénes la crearon, excepto para bastantes reduccionistas que consideran que la culpa fue de menganito, que es algo así como coger el rábano por las hojas, y, que ya puestos, por la misma deducción: hasta podrían achacarle la culpona al cha-cha-cha.

Si no fuera porque esta crisis estructural, que no cesa, se está llevando por delante los pequeños ahorros de muchas familias y resulta dramática para los antiguos parados de larga duración y los de nuevo cuño, se podría hasta ironizar y decir: ¿Crisis? ¿Qué Crisis? Y sin embargo, ahí siguen los paraísos fiscales y un libertino y liberal mercado financiero sin regular, con sus productos tóxicos y especulativos.

Los mercados, ¡Ah, los mercados!, y sus oscilaciones que ni siquiera han descansando por agosto, les están imponiendo a las democracias occidentales sus insaciables exigencias. Y aquí, entre la bolsa que circularmente sube y baja, sólo descansamos los fines de semana de que no aumente la prima de riesgo. Menos mal que la Bolsa no funciona en días festivos. La prima de riesgo, ¡Ah, la prima de riesgo!, debe de ser un asunto muy serio y desde luego transversal. Y sin embargo, muy diferente para unos y otros interlocutores políticos, a tenor, de sus interpretaciones, que hablando por ejemplo: de cómo nos afecta esta prima tonta de riesgo que parece un clon, ya no sabe uno si refieren al clon payaso o al clon como un conjunto de células. Observándolo, eso sí, como de soslayo.

Claro que a esta crisis de nuestras entretelas  hay que mirarla de frente, pues no parece que esté para escampar. Y tampoco es posible que estemos sumidos en la depresión y la angustia que provoca y en ese sinvivir, que eso solo lo aguanta Santa Teresa.   

Los mercados, la prima de riesgo y la deuda soberana, ¡Ah, la deuda soberana! Resulta sorprendente que los Estados tengan que inyectar millones de euros a la banca, y por el otro lado los grupos financieros especulativos se lleven miles de millones con la emisiones que el Estado tiene que vender en la Bolsa para pagar la deuda, y ya para hacer la cuadratura del círculo: los Mercados, a su vez, le imponen a los Estados las condiciones del desguace que tienen que hacer para suprimir o deteriorar el llamado Estado del Bienestar. Se confirma, así, la sumisión de las democracias, de la política y del sufragio universal; a la economía, al poder financiero. Y en el centro del huracán, la crisis la pagan los ciudadanos.

Con esto de la economía globalizada, ya nada es lo que fue, ya no se mercadea como antes y ni siquiera son los mismos  mercaderes los que rigen la oferta y la demanda, ya ni siquiera tenemos a los peritos mercantiles de antaño, con tanta mercadotecnia y tanto merchandising. Entre los que opinan que no es bueno ahorrar tanto y los que dicen que hay que aumentar el gasto, esto a veces, parece una merienda de negros, con perdón de los negros.

Se habla de los mercados, qué si dicen, que nos obligan a tal e imponen cual, y, ni por acullá les vemos el rostro a los mercados. ¿Qué cara tienen los personajes que mandan en los mercados? ¿Chi lo sa?

Yo, de vez en cuando, me paso por el mercado de los jueves y allí sigue el gitano Juan vendiendo sus tres toallas a cinco euros, con su buen humor. Después me pierdo en un mar rojo de tomates y pimientos y veo el refulgir del sol en los limones amarillos, y allí siguen después de lo poco que ha llovido los verdes pepinos. Miró, otro día, en la plaza de abastos, a los salmonetes y a las cigalas y hasta a los langostinos del Mar Menor; y, después de estas observaciones viendo las caras de los tenderos, definitivamente pienso, luego existo, que estos vendedores de los mercados que tienen un rostro con atributos, no se corresponden con esos hombres sin rostros ni atributos, que dirigen los llamados Mercados. ¿Quiénes serán los hombres de los llamados Mercados? ¿Chi lo sa?   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                            

Las listas de los presuntos imputados por presuntos corruptos

Desde hace un tiempo he estado con la mosca detrás de la oreja, esperando a que en cualquier momento el motorista municipal tocara el timbre de mi puerta y me entregara la citación para ser presidente de mesa electoral; en las últimas ya lo fui. Creo que definitivamente no llegará.

En las primeras elecciones democráticas me tocó repetitivamente ser presidente de mesa una y otra vez; aquellas elecciones sí que eran una auténtica fiesta de la democracia. Y una y otra vez, repetíamos en las mesas electorales, el cura Antón, que era cura obrero, y un servidor que por entonces se sentía como el bachiller Sansón Carrasco, del Quijote. Afortunadamente en mi barrio ya hay más bachilleres, título requerido por lo visto para ser presidente de la cosa.

Hace unos días mi buen amigo Salvador, de profesión médico, se encontró conmigo y muy circunspecto, me preguntó: ¿te puedo hacer una pregunta? Le respondí: bueno, y dos si la primera es pequeña. Salvador me espetó: ¿Tú te presentas a las elecciones? Le contesté que no. Y me dijo: "Uf, pues me has quitado un peso de encima, pensaba que te habías vuelto loco. Ya decía que no podía ser que hubieras cambiado tanto". Le aclaré a mi amigo Salvador que me estaba confundiendo con otro Patricio, estupendo catedrático de Filosofía, que se apellida Peñalver Gómez y que se presenta por la candidatura de UPy D, y que aunque entre patricios andaba el juego, yo me apellido Peñalver Ortega. Y ahí quedó la cosa y la anécdota de otra confusión más, de las cientos, entre mi tocayo y yo.  

No me presentó, pues, a las elecciones, y sin embargo estoy pensando en presentarme a las próximas, por la cantidad de perras que pierdo con la cosa política si ser político; espero ofertas.

En estas elecciones municipales y autonómicas, en las que se presentan más de un centenar de imputados por corrupción, en algunas localidades o autonomías, da grima votar. Y mucha más irritación puede uno sentir cuando escucha, a ciertos dirigentes, que dicen que las urnas les absolverán. Y puede que así políticamente sea, a tenor, de aquellos votantes que van a la urna con anteojeras. Sin embargo, una cosa son las decisiones políticas y otras las judiciales. La absolución o la condena, sólo la justicia la puede impartir. Ojala los jueces no se dejen impresionar por esa presión encubierta.

De un tiempo a esta parte, estamos asistiendo a una berlusconización de la política española, especialmente en la zona levantina. Y mucho más anacrónica puede resultar esta situación, después de leer una importante encuesta, en la que se analiza que "los españoles rechazan mayoritariamente que haya políticos imputados en las listas electorales, aunque luego no castiguen en las listas a los partidos que lo hagan. Hasta un 83% de los ciudadanos considera que esas candidaturas no deben de incluir a personas con procesos judiciales abiertos".  

La presunta corrupción de los presuntos corruptos por presuntos imputados de los presuntos, presuntos, por utilizar una terminología kalkiana, nos deja un panorama abstruso. Si ética no hay estética y estas listas nos pintan un cuadro muy sombrío. Cada vez se hace más necesaria una regeneración democrática. No sé si el escenario podría aminorase con la posibilidad de poder votar a las personas más que a los partidos, con la posibilidad de incluir listas abiertas, y tampoco entiendo porqué los partidos mayoritarios no plantean esta posibilidad. Lo que sí sé es que hay cientos y cientos de votantes que votan a sus siglas y a su partido aunque las encabece el Tato. ¿Por cierto quién es el Tato?

 

 

                            

Ahora las chicas sí quieren ser princesas

Ni el más optimista de los soñadores podía pensar, hace unos lustros, que la globalización de la información llegaría a cotas tan altas. Empezamos este vertiginoso siglo XXI presenciando, a tiempo real, la caída de las Torres Gemelas de Nueva York, sin poder discernir sí lo que estábamos contemplando en la pantalla del televisor, sucedía en la realidad o era unos hechos de ficción.

Ahora, hace unos días, hemos asistido con la globalización de la información a la venganza contra Bin Laden, viendo la captura del autor intelectual de aquel episodio que conmovió al mundo; otra noticia más que ha vuelto a dar la vuelta al mundo en 80 segundos. Si ya hace un tiempo nos decía MacLuhan que: "una imagen vale más que mil palabras", nunca este dicho sería más acertado si nos mostraran la foto de Bin Landen, muerto.

En este mundo globalizado hay noticias de las que uno, no se libra de ver o escuchar ni escondiéndose en el lugar más recóndito, pues de pronto, recibimos el impacto del bombardeo informativo por tierra, mar y aire, es decir: por prensa, radio y televisión. Una de esas noticias globalizadas, concretamente, a la que me quiero referir: ha sido el enlace de Guillermo y de Kate : la llamada boda del siglo. Al parecer la Monarquía británica ha salido fortalecida, después del gran éxito mediático del evento preparado minuciosamente, y los ahora duques de Cambridge han superado la revalida ofreciendo una imagen moderna. Sobre el mismo escenario, sobrevolaba el recuerdo de aquella boda de cuento de hadas, entre el príncipe Carlos y la princesa Diana. Esta noticia que en un principio no me decía ni fu ni fa, me la he tenido que tragar y sí no quería caldo, pues dos tazas. Oiga, que no quería, y al final hasta tenía más gula de ver más modelitos, más zapatos de damas y ya es que me pirrado con el desfile de pamelas y tocados. Ah, los tocados, dios santo: ¡Qué glamour!, ¡qué exuberancia!

¡Qué exuberancia! En mitad de la globalizada crisis económica. Entre cuentos de hadas, princesas y caperucitas rojas, desde luego que parecen éstos otros tiempos a aquéllos en los que Joaquín Sabina, cantaba: "Las niñas ya no quieren ser princesas, / y a los niños les da por perseguir/ el mar dentro de un vaso de ginebra/pongamos que hablo de Madrid". Claro que tampoco la movida y la marcha del Madrid de entonces es la del Madrid de ahora. Quien lo probó lo sabe.

Ahora las niñas parecen que quieren volver a ser princesas, y mucho ha contribuido nuestra princesa Leticia, y las otras damas de las modernas monarquías escandinavas. Esa savia que está llegando a las monarquías, esa sangre plebeya que se mezcla con la regia azul y hereditaria, parece una nueva limpieza de sangre de las casas reales del siglo XXI. En mitad de esta galopante crisis que se ceba con los más pobres, curiosamente, a la princesa que le cantaba Serrat, tiene ahora más actualidad, de manera especial en esas casas en la que ninguno de sus miembros recibe un jornal; musitaba Serrat: Tú no, princesa, tú no. / Por Dios te lo juro: / tú no andarás de rodillas/ fregando pisos, / no acabarás hecha un zarrio/ como tu madre, / cansada de quitar mierda/ y de parir hijos."

Curiosamente, desde hace varios meses, esperaba en mi estantería, la película de The Queen que dirige magistralmente Stephen Frears, y al azar, le llegó su momento. Frears cuenta la noticia de la muerte de la princesa Diana y la retirada de la reina Isabel II al palacio de Balmoral. El recién elegido primer ministro Tony Brair, ante las muestras de cariño de los ciudadanos, tiene que convencer a la reina para que regrese a Londres. El director retrata a una familia real en crisis, con el característico humor inglés, y nos muestra el cariño que los ingleses tenían por Diana. "la princesa del pueblo", y hasta insinúa que pudo ser un accidente programado. Visto lo visto, se puede entender porque los laboristas Tony Brair o Gordon Brown no fueron invitados a la boda y sin embargo, sí, los conservadores Margaret Thacher y John Major.

Volviendo a la boda, ya me imagino, a las cientos de chicas, después de ver ese desfile de personajes, con su glamour, con sus pamelas y sus tocados. ¡Ah, los tocados!, ya me las imaginó con los sueños de ser princesa por un día. Precisamente Kate Middleton se prepara, a partir de ahora para volver a ser la princesa del pueblo, en un futuro inmediato. Mientras tanto, ni podrá comer marisco ni jugar al monopoly. En fin cosas raras de la realeza británica.

 

 

 

 

 

 

 

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Antonio López. Dibujos

Después de esta luenga cuesta de fin enero recién finiquitada, con la crisis de la crisis que se resiste al ser coronada; en un día de nubes grises y plúmbeas, me acabó de comprar un libro que me ha dejado frito y gélido el bolsillo, y, que sin embargo me ha contentado y calentado el alma. Una pura contradicción, puede que en ocasiones, como la vida misma. Como mismamente, puede que esta nota escrita en día grisáceo, usted la lea en una luminosa y azulada mañana. Así es la vida.

Me acabo de comprar el libro titulado: "Antonio López. Dibujos", que pesa varios kilos y que vale 50 euros y qué como dice por megafonía el gitano que vende tres toallas a un euro: ¡Merece la pena! Es un hermoso libro.

En el estéril debate de sí el libro analógico sustituirá al de papel, el libro que ahora tengo entre mis manos, no tiene debate. Este libro, de gran formato, sobre el proceso creativo del artista es un libro para observar y leer y hasta para oler y oír el susurro de las páginas al pasar, en el cual, el tacto, el oído y la vista, se recrea. En la elaboración de este libro tan cuidadosamente editado, en la que ha participado el pintor, como complemento a la gran parte gráfica, nos encontramos con un sucinto y apasionado texto del artista y con un brillantísimo y sutil escrito de Francisco Calvo Serraller, a modo de ensayo, que nos da todas las claves para entender las pautas creativas de Antonio López. El propio pintor ya nos indica en el texto que: "la diferencia entre el dibujo y la pintura se percibe de inmediato: la pintura te da todos los datos, y el dibujo no; una te aproxima al motivo, gracias fundamentalmente al color, pero el otro, en su límite, te lleva hacia un territorio más psicológico. En cierta medida, nos ocurre algo parecido con el cine: cuando vemos una película en blanco y negro, tenemos una sensación de irrealidad, de sueño".

Entre el sueño del color y la realidad en blanco y negro de la pertinaz crisis, decir que Antonio López el pintor español más cotizado es genial, parece ya un asunto baladí, pero lo es menos si uno sigue su trayectoria, y lo que es más importante, observa: su fidelidad a su propio proyecto. Si una obra, al fin de cuentas, debe de contar algo y de emocionar al espectador, eso y no otra cosa, es la pintura y la obra de Antonio López.

Hace unos meses un afamado pintor afirmaba en una entrevista, que Antonio López era un pintor torpe; esa misma tarde ese pintor inauguraba exposición y en un momento dado, le dije que me estaba gustando su obra, pero que la estaba viendo con cierto resquemor ya que no entendía el calificativo en la prensa sobre Antonio López. El afamado pintor, se sorprendió y me respondió que ese calificativo lo había dicho porque lo consideraba lento y poco resolutivo en las composiciones, para decir a continuación: ¿cómo no me va a gustar la pintura de Antonio, sí le he comprado algún que otro cuadro? Ahí quedó la cosa. Al día siguiente, casualidades de la vida, me encontré con otro afamado pintor y comentamos la performance que Antonio López se montó, el pasado verano, cuando se puso al pintar paisaje del natural, en Madrid, con espectadores japoneses incluidos; este pintor que admira al de Tomelloso, me espetó, cariñosamente: ¡Las cosas de Antonio López!

Y efectivamente esas son las cosas de Antonio López, las mismas cosas y las mismas maneras de hace varias décadas cuando todas las madrugadas, al alba, montaba su caballete para captar las luces de la Gran Vía. Esos paisajes pintados de Madrid ya forman parte del paisaje natural de Madrid, y ya han quedado en la memoria popular de cientos de espectadores. En estos tiempos de crisis, de infaustas proposiciones conceptuales, la pintura de Antonio López me sigue pareciendo absolutamente moderna y los dibujos de este libro le vienen a dar categoría a eso que entendemos como Bellas Artes.

Después de observar, solo por unos días, y de disfrutar con las páginas de este hermoso libro, para sacarle rendimiento,  lo acabo de regalar a una pintora que lo disfrutara mucho más que yo.

Yo sé lo que vale un buen libro. Mi primer libro lo compré con los ahorros del dinero de los bocadillos, pasando un poquito de hambre, después de dejar de almorzar durante varios días. Yo sé lo que vale un buen libro, en tiempos de crisis.

 

Feliz navidad, Mister Berlanga, allá donde estés

Como berlanganiano que soy os debo una explicación y os la voy a dar: hace unos meses en una tertulia ocasional platicábamos de cine y de pronto la conversación se encasquilló al preguntarnos los concurrentes si García Berlanga vivía o estaba muerto. Ninguno tuvo la certeza de afirmar una cosa u otra, a vuelapluma poco importó, y seguimos hablando de la extensa filmografía de don Luís y de su personalidad y su carisma; uno glosó sobre el carácter erotómano y fetichista y la colección "La Sonrisa Vertical" que dirigió; otro eligió el tema de cómo podía sortear Berlanga a la censura de entonces con películas tan sutiles como "El Verdugo", en la que se resaltaba el trabajo de Rafael Azcona como guionista, o de ¡Bienvenido Mister Marshall", en la que participaron Juan Antonio Bardem y Miguel Mihura, que aunque la versión original había recibido algunos cortes, era toda un critico canto de epifanía al llamado Plan Marshall: "Americanos os recibimos con alegría..Viva tu madre, Viva tu Tía. Y por último el menor hablador de los tres participantes de esa improvisada tertulia se destapó parlando sin parar, y ya no dejando hablar a nadie, se disparó contando las estructuras corales de los filmes "Patrimonio Nacional", de "La Vaquilla" y de "Todos a la Cárcel"; hasta que se disolvió la tertulia con la llegada de un cuarto personaje al que todos después de saludar, esquivaron. Ahí, quedo el asunto.

Sin embargo, el asunto y el dilema de sí Berlanga vivía o no; desafortunadamente volvió a surgir, al tiempo, de manera imprevista y ya sin vuelta de hojas ni recovecos. La noticia estaba en todos los medios de comunicación: "Berlanga, había muerto". Curiosamente unos días antes yo había vuelto a ver dos extraordinarias películas, que con mucha intensidad me habían despertado la memoria llevándome en volandas a los territorios sentimentales de mi adolescencia, a la España en blanco y negro. La primera película era "Calabuch" y trataba del profesor Halmiton, un sabio un pelín chiflado que pensaba que las bombas atómicas de hidrógeno, de cobalto, eran buenas para la humanidad y que huyó al descubrir que se había equivocado y se llevó la fórmula de su inventó a un pequeño y apacible pueblo mediterráneo en el que podía vivir y morir en paz, esta película me llevaba al cine neorrealista italiano y por asociación de ideas al mejor Cesare Pavese e Italo Calvino. La otra era "Plácido", esta película sí que había dejado marcas en mi memoria en aquella fase en la que uno tomaba conciencia de lo que era la justicia social y lo que era la caridad. Les recuerdo la sipnosis: "En una pequeña ciudad de provincia, unas señoras aficionadas a hacer la caridad inventan una campaña navideña bajo el lema "Cene con un pobre", piensan que es bueno invitar a cada menesteroso a las mesas de las familias pudientes y darle el afecto de una familia para su ánimo. Se contrata a Plácido, que viene con su motocarro para participar en la cabalgata organizada dentro del programa de la fiesta. Acepta, pero se da cuenta de que le vence aquel día una de las letras a través de las cuales está pagando su motocarro". Y "Placido", ese gran peliculón me llevó sin querer a Vittorio De Sica y al gran Federico Fellini. Ese "Plácido que como todo gran clásico se torna moderno y contemporáneo. ¿Se imaginan, en estos tiempos de crisis de la crisis, si a alguna organización o entidades en fomentar obras pías, se le ocurre montar una nueva campaña navideña de "Cene con un pobre"? Que cada uno y cada una y cada cual saque sus propias conclusiones. Ahora que todas las noches se encienden las luces esplendentes, esta película me lleva a la otra: "Qué bello es vivir" de Frank Capra, mi preferida por Navidad, y me enternece ver al abrumado y pequeño banquero que de después de la desaparición repentina de un gran cantidad de dinero se intenta suicidar, acosado por la codicia del gran banquero que lo quiere llevar a la ruina; que gran papel el de de James Stewart y que gran lección para ese capitalismo sin alma que ha perdido el humanismo, para ese capitalismo salvaje y para esas teorías de los nuevos conservadores que nos llevan a la ruina, a algunos de éstos si toman la fatal decisión no lo salva ni el más viejo ángel, por no decir ni Dios, que ansíe tener sus alas. Supongo; al menos en la película.

Mister Berlanga era todo un getleman, con una socarronería y un lucido sentido de la ironía y un humor mediterráneo inigualable; lo pude comprobar en una de aquellas Semanas de Cine Español, que cada año se celebraban en Murcia por los ochenta, en las que yo colaboré. Por cierto aquellas semanas de cine sí que eran lo mejor de lo "No Typycal" que por estos pagos hemos tenido y gozado. En una de esas semanas, creo que se le hizo un homenaje y por aquí estuvo Berlanga unas jornadas. En uno de esos días no habíamos vistos varias veces y al anochecer me lo encontré de nuevo y traté de hacerme el disimulaó. Iba yo por una acera, calle de Correos abajo y él venía por la otra acera, calle arriba. De pronto se quitó el sombrero y me llamó a voz en grito y me dijo: ¡Eh, eh, buenas noches!, ¿Es qué no me conoces?  Así era el maestro Berlanga. Y ahora, después de un tiempo lo hecho de menos, de manera que como alcalde que no soy, os debía una explicación, y os la acabo de dar.

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

Enrique Morente, por derecho, maestro de maestros

 

La noticia de la muerte de Enrique Morente que nunca debió de ser noticia la recibí como un golpe helado como un hachazo invisible al más puro estilo hernandiano, de pronto sentí que se me había muerto un amigo a quien tanto quería. Enrique y Miguel, Morente y Hernández forman un binomio sentimental de una parte muy importante de mi vida, desde que la voz y la poesía se fundieron en el homenaje discográfico que el maestro Morente le hizo al poeta de Orihuela en 1971.

Morente ha sido uno de los grandes del flamenco de los últimos tiempos, para mí el más grande, el gran revolucionario de los cantes desde el más puro conocimiento de la historia de la flamencología, bajando al pozo del clasicismo y empapándose sin prisas, bebiendo sorbo a sorbo la esencia, para después darse por entero hasta entregarse, ha recorrido un intrincado camino, a veces con muchas bifurcaciones, hasta que encontró el estilo y el espíritu de su voz.

Enrique Morente tenía la llave de los cantes, desde su conocimiento enciclopédico, por eso desde los cánones con su innata genialidad se adentraba en la fusión de los compases y los tercios jondos con otras músicas, sin perder nunca un ápice de flamencura, como un heterodoxo que buscara el más allá, sin perder nunca el norte de lo más puro, desde un sentido ortodoxo. No hay contradicción, cuando las cosas se hacen desde el conocimiento y la verdad: uno puede amar al pintor Velázquez y querer ser un Picasso de su tiempo. Si observamos la historia del Flamenco, desde principios del siglo pasado, con esas dos escuelas: la del don Manuel Torre y la don Antonio Chacón, esa misma historia se repite con los dos genios del reciente tiempo. Enrique Morente viene a representar a la escuela de don Antonio Chacón y Camarón de la Isla representaría la gran siguiriyero Manuel Torre. A su vez, en este caso, las dos maneras diferenciadoras de cantar propiamente con ese rajo tan especial; la de manera de los payos y las de los cales. Dos concepciones que se igualan en la genialidad ya sin matices.

Si el Flamenco es una forma de vivir, Morente era el Flamenco. Enrique era el gran intelectual del flamenco si ser propiamente un intelectual. A través de su ciencia infusa y de su condición de humilde de autodidacta le llegaban los cantes como revelados. Y así llegó a ser el gran maestro de maestros por su magisterio sencillo, por su forma de dar y de darse era un auténtico Sócrates del Flamenco.

Desde mi condición de comentarista, como a mi me gusta, o critico de flamenco como otros me llaman, he tenido la ocasión de reseñar muchas actuaciones de este gran genio. Y ninguna me ha dejado indiferente, siempre había algo nuevo en sus cantes, era algo así como ir a ver torear a Curro Romero o Rafael de Paula. Las actuaciones de Morente tenían ese halo espiritual porque él nunca dejaba de aprender y siempre subía al escenario como si fuera un joven a punto de empezar. Y de pronto, en las últimas actuaciones surgía el misterio, Morente cantaba los tercios de un cante con el compás de otro, como un domador de leones como un encantador de serpientes, mezclaba las letras clásicas, y no sabías que estaba cantando, y aquello sonaba a cante grande. Y encima era una persona educada, sencilla y la mar de divertida con un sentido de la ironía y del humor creativo e inigualable, lo que le hacía un gran personaje.

Desde muy joven ya me adscribí a la cofradía de aquella minoría selecta de morantianos que disfrutábamos con cada nueva entrega, con cada nuevo experimento y creación del maestro, por lo que obviamente  todos aquellos a los que no les gusta Morente, pueden considerar parciales mi comentario, con toda la razón. Lo mío con Morente ha sido, es, y seguirá siendo pura devoción. A principios de los 90, estaba calentando motores en los camerinos de La Unión para cantar en el Festival de las Minas, con los rasgueos del maestro Juan Carmona. Afinaba la garganta y mientras tantos se iba cambiando de camisas; tenía tres: una floreada, otra lisa de color verde y otra negra. Al final eligió la negra. Les dije: "Os pongo un trago". Y Morente miró al gran Habichuela y exclamó respetuosamente: "Bueno por mí, pero lo que diga el maestro Juan". Y el maestro Juan, muy solemne, dijo: "Vale, ponnos unos buchitos de güisqui". Así era el maestro respetando por edad a otro maestro. No me gusta escribir sobre la muerte reciente de los personajes a los que admiro, prefiero dejar un tiempo, en esta ocasión no sucede así, que el maestro me lo perdone cuando esté junto al coro de los serafines. Descanse en paz.

 

 

                            

Una guinda musical para cerrar la Semana Grande de CajaMurcia

Para ponerle la guinda a la más que  interesante y potente programación de espectáculos de la Semana Grande de CajaMurcia, qué mejor que una de las grandes voces del panorama lírico internacional, para clausurarla, a lo grande. Con mucha expectación se esperaba la actuación de gran soprano Violeta Urmana en los ambientes operísticos y musicales, junto al tenor Alfredo Nigro, a lo que  les acompañaban la Orquesta Sinfónica de la Región, dirigida en esta ocasión especial por el compositor Miguel Ángel Gómez.

Con todas las localidades agotadas, con todo un gran amplio abanico de la sociedad, casi nadie se quiso perder el gran acontecimiento musical. Como no podía ser de otra manera, ahí estaban la mar de Juan Antonio Campillo e Ignacio Iztiaga, así como el gerente de la Fundación, Pascual Martínez. Y entre los muchos poltíticos se podía ver a los consejeros de la comunidad Autónoma, Inmaculada García, de Economía y Hacienda y Juan Antonio Bascuñana, de Política Social, así como al concejal de Urbanismo del ayuntamiento de Murcia, Fernando Berberena.

Tampoco se quisieron perder el gran acontecimiento el rector de la Universidad de Murcia, Jose Antonio Cobacho, el presidente de la Audiencia de Murcia, Andrés Pacheco y Enrique Quiñonero, magistrado del TSJ de Murcia, o el secretario general de la U:G,T de la Región de Murcia, Antonio Jiménez, así como Begoña García Retegui ,la candidata a presidenta a la próximas elecciones en Comunidad Autónoma, el economista José Ignacio Gras, o el presidente territorial de contentos, la plana mayor de CajaMurcia: Carlos Egea, su presidente; los subdirectores generales la CAM, Angel Martinez.

La gran actuación ya estaba a punto de empezar, pues, y momentos antes de que comenzara la primera parte del programa, una señora le decía a su niña de unos ocho años: "esto es muy serio, no es como el cine, te tienes que portar bien". Ciertamente la cosa más que seria, tiene su marchamo y su protocolo. Ahí estaba la orquesta sobre escenario calentando motores en un pequeña sinfonía desafinada con la mezcla de todos los instrumentos, hasta que salía su director y recibía el primer aplauso de la noche. A continuación la gran diva Violeta Urmana comenzaba con el preludio. "retorna vincitor" de Aída del gran Verdi, y los aplausos se multiplicaban. La marcha lírica ya era imparable: le seguían el preludio y tres entreactos de la Carmen de Bizet; la Marcha de F.Von Flotow; El suicidio de La Gioconda de A. Ponchielli y "O soave fanciulla  la Boheme y "sola, perduta, abbandonata del Manon Lescaut de G. Puccini. Hasta aquí la primera parte.

Los asistentes, mientras se saludaban, comentaban los pormenores de las arias, entre ellos Fernando García Ubeda, marchante de arte, y la señora Felisa Lorca, de Totana; así como la rapsoda Inma Soriano, o José Manuel Gómez Fiaren, catedratico de la Facultad de Medicina de Alicante y Kuki Keller de La Chabola-BarPijo, que acababa de llegar de París de pinchar discos en Le Baron. O Joaquín Caravaca de la empresa Pictografía y Juan Guillamón, ingeniero de Caminos, o Andrés Bernal funcionario de la ONU en Viena, acompañado de su señora Margit Kulhanek, vienesa y experta musical.

La segunda parte del programa comenzaba la sengunda suite de L`Artesiana de G. Bizet y terminaba con la obertura de Nabucco y el brindis de La Travista de G. Verdi, ya con un público entregado a esta gran actuación que ponía la guinda a la Semana Grande.

 

 

 

Llegó la hora de ver a Joan Manuel Serrat en Orihuela

 El primer disco que tuve fue "Ara que tinc vind anys" de Joan Manuel Serrat y llegó a mis manos por arte de birlibirloque, a través de un circunvecino. Su padre que era camionero y que hacia viajes a Barcelona lo había traído sin ningún motivo aparente, vaya usted a saber de donde había salido aquel vinilo, y su hijo me lo cambió por un par de peonzas.

En un lugar preferente de mi habitación estuvo expuesto aquel disco con la cara de un Serrat en la portada que parecía observarme. No lo pude escuchar durante meses, no tenía tocadiscos.

Al cabo de un tiempo, a mis catorce años, hice mi primer viaje a Barcelona y allí descubrí el mundo y la modernidad, desde la atalaya de las casas de mis primos que habían emigrado, y la vida de aquellos charnegos que después veía retratados en las magnificas novelas de Juan Marsé. Aquel viaje iniciático desde la tranquila provincia al bullicio de la gran ciudad me hizo cambiar la percepción de las cosas, de las gentes y de la multitud en el Camp nou. No me pregunten de qué equipo soy. Al regresar, tras el largo verano, mi santa madre se había metido en la aventura de comprarme un tocadiscos y dos microsurcos, uno de Miguel Ríos, otro de Adriano Celentano, que pagaría en doce meses mensuales de 125 pesetas que parecían y eran una millonada. Por fin pude oír "Ara que tinc vind anys". Y esas cosas no se olvidan, como tampoco el primer amor  y el beso que nunca dimos, eso no se olvida y ahí está en el recuerdo como la primera vez que vimos la inmensidad del mar, con la sorpresa, con el mismo asombro que los habitantes de Macondo contemplaron el hielo por vez primera que le trajo Melquíades.

En la soledad de aquellos años, la poesía que entonces era un arma cargada de futuro llegó hasta mí sin que yo la hubiera llamado y me vi envuelto entre versos de Miguel Hernández, Antonio Machado y García Lorca, que alimentaban mi espíritu y daban pátina a aquel tiempo de silencio. Hasta que pronto, otra vez, me encontraba con Joan Manuel Serrat y con su disco dedicado a Antonio Machado y aquellas moscas voraces que me evocaban tantas cosas, entre los españolitos que una de las dos Españas les helaba el corazón, tenían entonces yo dieciséis años y muchos sueños de esperanza y muchas gana de ser mayor para que a la puerta de un cine no me pidiera un triste inspector mi carné. Y felizmente me llegaba la mayoría de edad, allá por el 1971, cuando Serrat editaba aquel disco con la portada negra dedicado a Miguel Hernández, cuantas veces cuantas, pude oír y cantar: "Para la libertad sangro, lucho, pervivo. /Para la libertad, mis ojos y mis manos, /como un árbol carnal, generoso y cautivo, /doy a los cirujanos.". Estos versos y esa musicalidad que tanto entendía me llegaban al alma, como de otra manera sentía los gritos de libertad con las canciones de los Rolling Stones o los Led Zeppelín. Sin embargo, la poesía de Machado y de Hernández ya tenían otra musicalidad, nueva y distinta. La misma que hoy tienen cuando regresó como el del tango con más de veinte años y las sienes caneadas y oigo los sorprendentes arreglos de esos discos de Joan Manuel Serrat. El ritmo natural de la poesía de Miguel ya de por sí es muy musical, cuando uno la lee en voz alta y sin embargo esos mismos poemas en la voz de Serrat alcanzan toda su plenitud sonora.

Con Joan Manuel Serrat y sus canciones- poemas ha ido uno navegando a lo largo y ancho del Mediterráneo y se ha montado en más una ocasión el carrusel del Furú, se ha placeado por Badalona en invierno y en verano, ha recordado esas pequeñas cosas que uno se cree que las mató el tiempo, le ha recordado a su suegra lo de señora, se ha encontrado con Penélope en una estación de cercanías, ha conocido a algún tío Alberto, se ha metido en la fiesta de san Juan o ha visto como pasaban las Musas mientras miraba por la ventana. Y con Joan Manuel Serrat, ahora cuando se cumplen cien años del nacimiento del poeta Miguel Hernández, nos volvemos a encontrar, con esa maravilla de disco que es "Hijo de la luz y de la sombra". Con Joan Manuel Serrat hablé telefónicamente allá por diciembre de 2009 cuando preparaba este monumental disco, hablamos de cosas que no vienen a cuento,  y quedamos en que nos veríamos en Orihuela. En Orihuela Actúa y cierra su exitosa gira Serrat, el próximo viernes y sábado. Ahora recordando aquel "Ara que tinc vind anys" que nunca compré, si puedo decir que "Hijo de la luz y de la sombra" es el último que he comprado. Ahora que ya cumplí más de veinte años. Ahora que llegó la hora de ver a Joan Manuel Serrat, en Orihuela, cantando a Miguel, con quien tanto quería.