4 Enero 2010
Ya está todo a punto para que los motores del año hernandiano del 2010 se pongan en marcha y los versos y la vida del poeta se propaguen frutalmente con nuevos bríos por los cuatro puntos cardinales; como en el paquete del centenario entra todo, estemos ojo avizor a los revisionistas y sus adlátares que piensan que cualquier pasaje se puede trastrocar caprichosamente ad libitum, pues sí ya son bastantes las necedades, la medias verdades y las fantasías delirantes que se han dicho y escrito, me temo que no son menos las que nos esperan. Ninguna de éstas, sin embargo, empañará la más hermosa: los versos del poeta volverán a ser leídos por miles y miles de nuevos lectores.
Dos fechas jalonan su centenario: la de su nacimiento un 30 de octubre de 1910 y la de su muerte un 28 de marzo de 1942. La de su nacimiento en la casa de un modesto tratante de ganado le marcaría para siempre en su amor a la naturaleza y a la estética, con sus labores de pastoreo, después de abandonar las enseñanzas escolares de los jesuitas a los 14 años, hasta el momento de la decisión formal de querer ser poeta. También su formación cultural que será la de un autodidacta apasionado, entre luces y sombras, siempre en busca del tono que le permita hallar su propia voz poética. A los 21 años, después de haber publicado sus primeros versos con el título de Pastoril en el periódico oriolano El Pueblo, realizará su primer viaje el 30 de noviembre de 1931 a Madrid con las alforjas vacías y el ánimo henchido para darse a conocer en la villa y corte. Después de permanecer, casi seis meses, y de pasar numerosas calamidades por la falta de dinero y de trabajo, sus esperanzas se verán truncadas y tendrá que regresar abatido a su pueblo el 15 de mayo de 1932.
Sin embargo, las enseñanzas de este primer viaje no caen en saco roto. La voz poética de Miguel comienza a evolucionar, después de haber conocido las últimas tendencias y de vivir lo que se estaba cociendo día a día en la ajetreada vida cultural de la capital republicana.
El poeta, no se amilana, y comienza una nueva cosecha de versos de lo que será su primer libro Peritos en Lunas que verá la luz en enero de 1933 en la colección Sudeste del periódico La Verdad. El poeta ya tiene libro, y de nuevo prepara nuevo viaje hacia Madrid. En su quehacer autodidacto, con este libro escrito en octavas reales siguiendo la estela de Góngora, el poeta se enriquecerá cultivando el lenguaje culto, aprehendiendo el valor de la metáfora, mientras lo mezcla con el tono popular del acertijo. Y ya de nuevo en Madrid, con la amistad de José Bergamín que le publicó en la revista Cruz y Raya dos actos de La danzarina bíblica y le adelantó 200 pesetas y la de Pablo Neruda; la voz poética de Hernández dará un cambio radical en la forma y en los contenidos de sus versos, y también su vida al encontrar un trabajo que consistirá en escribir biografías de toreros en la enciclopedia Los Toros, de José María de Cossío y ganar los primeros cuarenta duros como jornal. El poeta ya comenzaba a estar en su ambiente cultural, entre tertulias literarias, y sus contactos con el grupo de La Escuela de Vallecas: el escultor Vicente González Gil, la pintora Maruja Mallo, Alberto Sánchez, Benjamín Palencia, entre otros, y ya había conocido a María Zambrano, a Rafael Alberti, Luís Cernuda y a Federico García Lorca.; también a Vicente Aleixandre. En ese ambiente vanguardista, la ruptura estética con su amigo Ramón Sijé ya estaba más que consumada.
Como no podía ser de otra manera, un hombre autodidacta, hecho así mismo a base tropiezos en un camino no precisamente de rosas, conocía el valor que tiene la cultura. Así que a principios de enero de 1935, se enrola en las Misiones Pedagógicas. Por entonces el campesinado español era en su gran mayoría analfabeto con más de un 44% de la población. Muy pronto las actividades culturales comenzaron a suscitar el interés de los más desfavorecidos por los diversos pueblos y zonas rurales que pasaban, provocando los recelos de los caciques locales y también del clero, por la oportunidad que tenía la población para ser alfabetizados y ser más exigentes en sus reivindicaciones laborales.
Las Misiones Pedagógicas se crearon el 29 de mayo de 1931 se crearon para difundir la cultura general y para ofrecer una moderna orientación docente que llevara la educación ciudadana a aldeas, villas y lugares, con especial atención a los intereses espirituales de la población rural. Dependían del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, y estaba dirigido por una comisión central. El patronato de las Misiones estuvo presidido Manuel Bartolomé Cossío, y entre sus vocales estaban los poetas Antonio Machado y Pedro Salinas, siendo su secretario Luís Álvarez Santullano. El motivo central era considerar la cultura como un bien común y no algo reservado para las clases privilegiadas. La idea ya venía de la Institución Libre de la Enseñanza, ya en 1881 Francisco Giner de los Ríos había propuesto una serie de medidas para la reforma de la institución pública que incluía la idea de las Misiones ambulantes, con un servicio de biblioteca, museo del pueblo, cine, coros musicales, teatro del pueblo y sección de música.
Entre esas manifestaciones de la Misiones Pedagógicas, también se encontraba el teatro ambulante de La Barraca que dirigía Federico García Lorca. Precisamente en Murcia se presentó en el Teatro Romea con La vida es sueño de Calderón, con una realización plástica de Benjamín Palencia y el entremés de la escuela cervantina Los dos habladores, con decorados y trajes del pintor Ramón Gaya, y otro. Con motivo de esa representación del 3 de enero de 1933 se produjo el primer encuentro entre García Lorca y Miguel Hernández, propiciado por los amigos comunes de ambos: Raimundo de los Reyes y José Ballester. Miguel Hernández ya había tomado contacto con el grupo de la Revista Sudeste, para editar Perito en Lunas.
La fascinación que debió de sentir el joven Miguel por estas manifestaciones culturales debió de ser enormísima, nadie como él conocía las carencias económicas de los agricultores, o la falta de dinero para poder comprarse un libro. Y sin embargo, su decisión de ser poeta en un ambiente hostil seguía siendo su razón de vivir, una decisión insoslayable que ya no tenía punto de retorno.
Las Misiones Pedagógicas concentraron todo su interés en la educación de los adultos más marginados y su mayor esfuerzo consistió en la creación de pequeñas bibliotecas en el medio rural, para que los libros llegaran a los rincones más recónditos del país. El servicio de Bibliotecas, coordinado por el poeta Luís Cernuda y los bibliotecarios María Moliner y Juan Vincens de La Llave, fue el más importante de los siete que tenía el patrimonio, llegando a crear 5.522 bibliotecas. El ritmo de creación se paró con los recortes de los gobiernos conservadores desde 1935, que redujeron los presupuestos, a los que Américo Castro denominó: dinamiteros de la cultura. Otros servicios eran lo de música, en algunos pueblos se dejaban un gramófono y una colección de discos que se iba renovando con el tiempo. Cine y proyecciones, en mucho de los pueblos impresionaba ver las imágenes por primera vez y las personas sentían fuertes emociones. Coros y teatro del pueblo, con una selección piezas, formado por más de 50 actores. Un museo circulante con copias de cuadros del museo del Prado y de la Academia de San Fernando. Un retablo de fantoches, guiñol, que se movían por lugares más lejanos y complicados de llegar hasta ellos. Y unos cursos especializados para maestros.
La duración de las Misiones iba desde un día hasta otras de quince, y no lo solían tener nada fácil en los pueblos o aldeas dominadas por las fuerzas conservadoras, que previamente ya ponían, en muchas ocasiones, a la población en contra de dichas manifestaciones. Claro que nada podía con la ilusión de los misioneros y bibliotecarios, que con su entrega desinteresada eran el motor de esta aventura literaria, formada por maestros, profesores, artistas, jóvenes lectores, y personalidades como la filósofa María Zambrano, Alejandro Casona, José Val de Omar, Ramón Gaya (del gran pintor murciano también se celebra su centenario en 2010) o Carmen Conde, Juan Bonafé y Eduardo Vicente.
Miguel Hernández, decía por 1935, de su experiencia en las Misiones Pedagógicas por la provincia de Salamanca: "He hecho una sola misión y ha sido por tierras, mejor dicho, por piedras salmantinas. Inolvidables para mí los espectáculos de los cuatro pueblos en que estuve y sus gentes de labor... Recuerdo sobre todo una mujer con cara de terreno labrantío...
Como el viaje fue por los finales de abril, salí a cuerpo limpio para allá. El frío me cogió, y tuve que pedir auxilio a la capa del alcalde en el primer pueblo, a la del maestro en el segundo, a la de un labrador en el tercero y a la de otro en el cuarto"
De las reacciones que suscitaban los misioneros, Miguel lo deja muy claro cuando narra el siguiente episodio: "Otro suceso: los campesinos de Ahigal de Villarino nos recibieron -éramos tres los de la misión- recelosos y cejijuntos. Preguntamos al maestro el porqué de aquella actitud y nos dijo "Creen que venías a platicar contra don... -el dueño de aquellos campos, no hago memoria del nombre-: y dicen que si es así os iréis malparados." Tan diferentes nos hallaron de lo que ellos pensaban que dormimos en la casona de don... no sé cómo y aquella misma tarde iban hombres y rapaces dando calles abajo la noticia y la hora de la función, que así designaban nuestra labor, con caracolas y cencerros alborotados". A continuación el poeta, que debió de pasar mucho frío, sigue contando con humor las peripecias por los campos salmantinos: "Otro suceso: en el último pueblo hicimos la segunda misión en pleno campo, proyectando el cine contra el muro de la iglesia. Era cosa de ver los labradores sentados sobre arados y carretas volcadas, la cigüeña de la torre asustada, los candiles con que alumbrarnos en la vara levantada de un carro, las estrellas temblando de frío por mí, y yo envuelto en mi capa parda de un labrador".
De estas misiones de Miguel por tierras salmantinas ha realizado un gran trabajo el poeta y profesor José Luís Puerto.
De las Misiones Pedagógicas que junto a Enrique Azcoaga, hizo Miguel por tierras de La Mancha en la primavera de 1936, el poeta oriolano escribe una carta dirigida a su esposa, Josefina, con membrete del Hotel Castilla en Puertollano, provincia de Ciudad Real, y fechada en marzo de 1936, donde dice al respecto: "Aquí me tienes ya; hubiera querido escribirte ayer mismo que fue el día de mi partida a Madrid a esta provincia de Ciudad Real. Estoy muy cerca de Andalucía, pero no paso a ella. Me ha impedido escribirte ayer mismo no saber si me podías escribir a un punto fijo. Hoy viernes ya lo sé y te pido me escribas a la dirección ésta:
Miguel Hernández. Hotel Castilla. Puertollano (Ciudad Real)..."
Y por esas mismas fechas, también le escribe a Don José María, y le dice: "Querido Cossío:
Me acuerdo de usted. He pasado por el corazón de Sierra Morena y me he sentido un poco Tempranillo. En el pueblo en que me encuentro en este momento-Puertollano-hay dos o tres tabernas con nombres taurinos y una placita muy graciosa. Perdóneme, si no voy cuando le advertí que iría. Se va a prolongar la misión más de lo que yo creía ¿Cuándo marcha a Pamplona? No tengo lugar fijo y no podré recibir noticias suyas. Le abraza afectuosamente su taurino y gran amigo. Miguel. Adiós".
De esos años, de aquellas Misiones Pedagógicas, de la vida del poeta, diría más tarde su amiga y también misionera, María Zambrano: "Era un creyente. Y creyó siempre en lo mismo, en el rayo que no cesa y en el amor que no acaba".
A punto ya de entrar en el año hernandiano, vamos a asistir a un sinfín de actividades culturales: musicales, poéticas, pictóricas, cinematográficas, entre otras muchas, en honor del gran poeta oriolano.
Entre las inevitables fotos, merecidas u oportunistas, entre las administraciones locales, autonómicas y estatales y entidades que patrocinan el año hernandiano: ¡Ojalá llueva poesía!
Miguel Hernández, un gran misionero de la cultura, vivió por y para la poesía. Y por sus ideas republicanas, lo dejaron morir en la prisión de Alicante. Al estallar la guerra incivil, el poeta se alistó en Quinto Regimiento. El poeta Juan Ramón Jiménez, se preguntaba: ¿Qué deben hacer los poetas en la guerra? Y respondía: La poesía como todo lo esencial es eterna, no se modifica con las circunstancias. En todo caso, el poeta cumplirá con su deber y su conciencia, dejando, si es preciso, su trabajo literario propio de la paz, y poniéndose con su ideal. Y su ejemplo"
En el poeta oriolano: vida y poesía eran lo mismo. Por decirlo de otra forma, lo haremos con las palabras del poeta Antonio Gamoneda: "La poesía es, en mí y en otros muchos, naturalmente, un componente de mi vida; lo es hasta en términos biológicos (mi presión arterial se eleva en los tiempos de creación). No hay fantasía en la inclusión de la raigambre de la poesía en las memorias de mi vida".
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19 Diciembre 2009
Desde que se puso de moda lo de mostrar las partes más recónditas de los cuerpos gentiles sin ningún tipo de rubor, desde aquella película The Full Monty de 1997, hasta los actuales y gélidos días de nuestro calendario, no dejan de sorprendernos esos almanaques en los que los personajes se desnudan y nos enseñan lo que todos los días llevan tapado.
Para una causa noble y solidaria, de esas sin ánimo de lucro, se han destapado los dueños y camareros de doce bares del centro de Murcia. El pasado miércoles en los salones de la Sidrería Escondida se presentaba el calendario erótico/benéfico, doce bares, doce meses, en un ambiente festivo, por su alma mater, el fotógrafo José Manuel Cortés, responsable de la Escuela de fotografía El 4ª Oscuro, que también sabe lo que es estar detrás de la barra, a pie de los fogones.
Con un pase de diapositivas, José Manuel Cortés, comenzó explicando los pormenores de las sesiones fotográficas con cada uno de ellos y la guerra que le había dado más de uno, hasta lograr la instantánea precisa, qué si una de las chicas se preocupaba porque el color de las braguitas no combinaba con el color de las botas, qué sí con éstos tuve que hacer la foto a las dos de la madrugada, y tal y tal, mientras los fotografiados se piropeaban unos a los otros, con sus momentos de cachondeos sobre las partes excesivas del cuerpo. Y es que ya lo dice el dicho: No somos nadie, y menos en calzoncillos".
Diapositiva a diapositiva, mes a mes, se iba mostrando el calendario: el mes de Enero era para Antonio de "El Albergue"; el de Febrero para José y Alfonso de "La Cueva de la Cerveza"; el de Marzo para Jonás de "El Chaflán" (qué bien se divertían su madre y el fotógrafo Juan Crespo); el de Abril para Silvia del "Black Crow" (como cantaba el Sabina, quién me ha robado el mes de abril) el Mayo para Encarna del "Madre de Dios"; el de Junio para José Ángel y José Antonio de "Cosa de dos"; el de julio para Antonio de "La Sidrería Escondida"; el de Agosto para José Luis de "El Garrampón", que ciertamente está solemne; el de septiembre para J.R, Rafa y José; el de octubre para Roxana y Mayka del "Picaro Bar"; el de noviembre para Pedro de "Casa Portillo"; y por último el de diciembre para Nuria de "La Buena Vida", que quiso aclarar que el diseño de su fotografía era de ella, basado en el cuadro de Caravaggio "El sátiro de las uvas", y que había jugado con las luces y las sombras del maestro del tenebrismo.
La causa, como decía no puede ser más noble; los calendarios al precio de 7 euros y medio se venderán en los bares y restaurantes y los beneficios irán destinados a la entidad Jesús Abandonado. Lo del sentido del erotismo que cada cual lo aplique según su mirada, a veces la frontera entre lo pornográfico y lo erótico es una sutil veladura. En todo caso en este calendario prima el buen gusto estético sobre los cuerpos gentiles. Ya lo canta el Javier Krahe: "que este cuerpo gentil, visto así en cueritatis, por dinero está bien y molesta si es gratis".
Para concluir el evento, como no sólo de arte vive el hombre ni tampoco la mujer, Antonio Rueda de "La Sidrería Escondida", que cumplía años, nos obsequió con las maravillosas viandas asturianas, con esa sidra escanciada automáticamente en esos aparatos llamados manolitos. Pues nada, Antonio, échame otro culín, de sidra, naturalmente.
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13 Diciembre 2009
La vida de cualquiera de nosotros en alguna ocasión se nos puede asemejar a los capítulos de una novela, en la que los minutos pueden parecernos horas en el sufrir o las horas minutos en el gozo, cuando de pronto, por ejemplo, nos encontramos inmersos en un acontecer que nos sorprende y quedamos atrapados en una tela de araña, mientras vemos pasar la vida en la intimidad de la alcoba como las páginas de esa novela. Es, pues, en esos momentos cuando uno puede exclamar aquello, de lo que a mí me está pasando es digno de ser escrito, parece de novela
En esas ocasiones la vida puede ser pura literatura y en otras la literatura se transforma en vida. Esta última sensación es que la tengo como lector, después de acabar de leer El relámpago inmóvil de Pedro García Montalvo. Una sutil y hermosa obra literaria.
Así comienza la novela: "El amor no tiene origen, era antes del principio. El odio, en cambio, siempre tiene una causa. Esas palabras habían vuelto a la conciencia de Adrián la noche anterior, pero no pudo recordar en qué momento de su vida las había escuchado, ni quién las había dicho".
Los personajes principales Adrián e Inma, de pronto, sacudidos por la desgracia de un accidente, se verán privados de la presencia de sus dos hijas y abocados al vacío. La desgracia de las dos nietas del senador Mateo Salazar, no saciaran el hambre de venganza que el financiero Cecilio Toval tiene contra los Salazar, y a toda costa querrá arruinar al matrimonio formado por Adrián Salazar e Inma, aprovechándose de la irrupción de una fotografía que los compromete. Con la tragedia, el rencor, la venganza, la culpabilidad, la fragilidad del amor y su fuerza reparadora, entre luces y sombras, se desatara un mar bravío de sentimientos con apenas seis personajes principales y unos pocos secundarios, que nos tendrá en vilo hasta concluir la última página, mientras deambulamos de un extremo a otro del Madrid actual. Madrid no solamente es el marco de esta novela, también es el lienzo en la que el autor con precisas pinceladas la recrea como un personaje central. A comienzos del capítulo segundo, podemos leer: "Tres semanas después, el anochecer iba cayendo en una zona céntrica y residencial de Madrid, en una calle arbolada del Viso, que descendía desde su parte alta hacia el Paseo de la Castellana, una calle enhebrada por hilos de alegría, de dolor, de vida, con el resto de la novela de la ciudad".
La ciudad en la que transcurre El relámpago inmóvil, una extraordinaria y hermosa novela, es la ciudad literaria de Pedro García Montalvo, en la que anda cervantinamente como Perico por su calle, ya desde su primera novela El intermediario que publicó 1983. Su segunda obra es más explicita al respecto: Una historia madrileña publicada en 1988 fue llevada al cine con el título La viuda del capitán Estrada por José Luis Cuerda. Sin embargo, Murcia es la ciudad en la nació, vive y escribe. Desde luego que no nada baladí escribir en provincias, desde la periferia, y llegar al cogollito literario de Madrid o Barcelona, y más siendo reacio a los eventos y a la vida literaria de la corte y el reino, en la que se cuecen y se reparten los cánones. Y Pedro, ya lo ha conseguido. Garcia Montalvo es un escritor de escritores, un novelista de culto para letraheridos que siempre esperan sus libros; a los que cada vez más se suman nuevos lectores.
A mí parecer, uno de los mayores aciertos de García Montalvo, es el saber captar y plasmar los recónditos lugares del alma femenina, como Flaubert lo hace con Madame Bovary, mientras narra con la precisión poética de Proust los avatares de los personajes. Retomando el hilo de El Relámpago inmóvil, veamos como nos sitúa a los padres que han perdido a las niñas y a su familia, después de la tragedia: "No es que las personas afectadas sigan viviendo en ese pasado más o menos reciente. Es que para ellas el presente no termina de presentarse del todo, no acaba de ser, para poder pasar. Tal presente es casi más un espacio que un tiempo hecho de instantes. Y lo habitan a la espera del definitivo tránsito de ese presente, esperando que cese el fulgor de ese relámpago inmóvil que los atenaza, un relámpago quieto que los ciega para otra cosa que no sea su terrible luz, y en cuyo interior su vida parece detenida, pasmada".
Ese pasmo, ese gozo del vivir y de la lectura, es también lo que nos ocurre después de concluir esta gran novela, en la que la literatura es vida y la vida puede ser literatura.
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1 Diciembre 2009
A cada cerdo o puerco le llega su san Martín, nos indica el refrán, advirtiéndonos de que tarde o temprano a todos nos esperan las lúgubres Parcas. En otras ocasiones el dicho se utiliza para ofender, no es éste el caso. Por San Martín se han iniciado siempre la matanzas de cerdos, llámenle chinos sin ofender, gorrinos o marranos o cochinos, gochus por Asturias o chanchos por Latinoamérica, que la cosa y el refrán lo mismo da.
Acudir a una matanza no deja de ser una ofrenda, un canto a la vida del buen yantar, un ritual por estas fechas. El pasado sábado, día de San Honesto, nos invitaba el pintor Manolo Belzunce, que por cierto cumplía 65 años, a su multitudinaria y particular matanza de cada año. La declaración de intenciones ya estaba explicita en la invitación del artista, que nos mostraba una imagen de una cerda con un cartel en el que se leía: "Tipical", y nos decía: "¡Chicos y Chicas ha llegado el día! Este año estoy obligado a matar dos marranas, y vosotros: artistas, músicos, poetas, escritores, vividores, gamberros y demás sois los culpables, pues nunca tenéis suficiente. La Manuela, el Pablito, y yo mismo os esperamos para pasar juntos el día. Vendrán los chicos del grupo Acequia, El Juli, y nuestros amigos Los Gitanos; cantautores tímidos y tímidas, y también tendremos el fuego que todo lo purifica.
Y llegó el momento de la sensación verdadera y ya estaban los troncos echando chispas y las parrillas prestas. Más de doscientos ochenta kilos de carne comenzaron, que sí lomos, que sí costillares, jamones, pellejos; más de de ser dos marranas, que eran dos y media, al decir de José López Guirao, que tiene que ver mucho con esta movida gastronómica, y lo corroboraba el artífice de la cosa: el matachín Paco Galera. Sin matachín no hay matanza.
El día había amanecido bueno y los primeros madrugadores, un grupo de señores llegados de Aljúcer, ya estaban en el lugar de los hechos, que no era otro que el carril de los Bartolejos de Los Dolores de Murcia. A esa hora picaba el sol y un huertano de los de entonces me dijo: "ves esas forma de palmera que forman esas nubes, pues anuncia lluvia". Dicho y hecho, al día siguiente llovía. A lo que íbamos, comenzaban a salir las primeras morcillas calientes y el personal en un goteo sin cesar llegaba, como si llegara a una performance, a esa especie de bancal. Llegaban los artistas, juntos pero no revueltos, allí estaban los pintores: José Luis Cacho, Manuel Pérez, Torregar, Buendía Martínez, Ángel Haro, Antonio Ballester, Rubén Zambudio, Miguel Fructuoso, Nicolás de Maya; la pintora cartagenera Dora Catarineau y la polaca Kartarzyna, o los escultores Pepe González Marcos o Ángel Haro, el padre del pintor del mismo nombre; que hablaban de lo divino y de lo humano, y mucho más de los restos arqueológicos hallados en San Esteban. Y en esas, Paco "El Bala", de Barriomar, felizmente jubilado de su bar, me presentaba a su novia, que no era otra que su señora, con la que comparten el calor de once nietos. Más allá los galeristas Ángel Meca, Fermín Serrano y Emilio Morales comentaban como iba lo suyo, que anda también muy movido.
Y más tranquilos en días de asueto, andaban el infógrafo de esta casa Paco Hernández y Tere González; así como la periodista Pepa García y los fotógrafos Guillermo Carrión y Joaquín Clares, con Anna Souza, ambas parejas, acompañadas de sus retoños. O el fotógrafo José Manuel Cortés, del 4º Oscuro. O el productor cinematográfico Carlos Belmonte. O Anthon-lo, director de cortometrajes y músico del grupo Remembrances
A esas horas de la tarde ya habían pasado más de doscientas personas, y al caer la noche comenzaba la fiesta musical con Emilio Chicheri y su grupo Acequia y la anunciada actuación de Julián López Páez, "El Juli" por la parte flamenca. La perfomance continuaba, la exuberante matanza tipical proseguía.
Y yo, mientras tanto, al ver otra fuente llena de morcillas calientes, me acordaba del poeta Góngora, que decía: Coma en dorada vajilla/ el Príncipe mil cuidados/como píldoras dorados, /que yo en mi pobre mesilla/ quiero más una morcilla/ que en asador reviente/ Y rijiji y rijija/ Y Ríase la gente
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24 Noviembre 2009
Después de leer las páginas de esta extraordinaria obra que principia cuestionando los principios bíblicos del antiguo testamento, desde Adán y Eva y que redime a Caín del crimen sobre Abel, desde una heterodoxa interpretación de los textos sagrados: subyugante provocadora y atrevida; Saramago nos coloca otra vez, con un punto de vista histórico y teológico, ante la antesala de la reflexión activa, desde la ficción narrativa. Ya lo hizo con otra obra El Evangelio según Jesucristo, entonces sobre textos del nuevo testamento. Después de terminar esta narración apasionante, que no deja de ser un irónico viaje literario audaz y humorístico en su tono y estilo, una vez concluida su última página, arrajatabla podemos afirmar que estamos ante una gran novela, que se nos asemeja corta, y que no dejará impávidos ni a tirios ni a troyanos.
Decía José Saramago: "Yo no escribo para agradar ni para desagradar: yo escribo para desasosegar". Que cada lector interprete esa manera de estar en la literatura del premio Nobel como le plazca, que cada uno o una lea Caín, con prejuicios religiosos o sin ellos, al final de la lectura, no vamos a encontrar simplemente con una estupenda ficción narrativa, pura y dura.
Desde la ucronía, el autor nos sumerge en una nueva utopía histórica en torno a esos textos bíblicos en los que nosotros ya sabemos, desde Adán y Eva, su principio y su final, y partiendo desde el jardín del edén la voz de Caín se irá erigiendo en el personaje principal que hablará con Dios para responsabilizarlo de su crimen fratricida y de sus actos injustos y autoritarios. En ese dialogo permanente Caín le dirá: "Entonces, no seré castigado por mi crimen, preguntó Caín, Mi parte de culpa no absuelve la tuya, tendrás tu castigo, Cuál, Andarás errante y perdido por el mundo".
En esa ausencia de tiempo, Saramago juega a placer con el presente el pasado y el futuro haciendo que Caín vagabundee por los episodios más revelantes del Génesis como un personaje que más que conocer el futuro, ya ha habitado en él. En ese errar permanente se encontrará con Lilith, la primera mujer de Adán, con Abraham y la petición del sacrificio de Isaac, con Moisés en el monte Sinaí y la adoración del becerro de oro, con los acontecimientos de Sodoma, hasta llegar a la barca de Noé y el diluvio universal, en el que Caín se resarcirá del desagravio sufrido.
Al final pura literatura, que nos da que pensar y no hace esbozar sonrisas, sorprendente narrativa la de un maestro que sigue escribiendo con el músculo literario, poético y filosófico, y la avidez y el atrevimiento de un joven, Al final pura literatura moderna y contemporánea desde el albor de la palabra.
Caín
José Saramago
Editorial Alfagura
Páginas 189
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13 Noviembre 2009
Por decreto-ley estatal o por orden de la consejería autonómica que correspondan debería estar prohibido morirse en Murcia en el mes de agosto, entre otras razones de índole práctica porque como asevera el vulgo, para aclarar las cosas pronto: de tu muerte no se entera ni Dios. Tampoco es que el mes de julio sea manco, por julio se murió el pintor Pepe Pastor y por su funeral estuvimos los cuatros que nos enteramos a tiempo. Por agosto se nos fue el pintor Lolo y me enteré por septiembre. Así que visto lo visto, a título personal, lo único que puedo sugerirles a las Parcas, es que si vienen a buscarme por esos meses estivales, a mí que nací en el Mediterráneo, aplacen la cosa funesta como mínimo para después de la feria de septiembre.
A cuento viene este preámbulo porque tal día como el pasado 29 se le tributó al pintor Lolo, en el pub Musik, un pedazo de homenaje como la copa de un pino, que reunió a toda la cofradía de los días de vino y rosas, a todos los integrantes de la movida artística y musical de los años 80, y a otras más jóvenes; en las que se podía contar sus hijos y los amigos de sus hijos que eran amigos del Lolo. El homenaje que surgió en torno a la galería de Ángel Meca, pretendía recordar al pintor en un ambiente festivo y reunir en un gran alboroque a todos los amigos para tomar unas copas y oír a muchos de los grupos musicales que eran amigos de Lolo. Y vaya que sí, menudo pedazo de fiesta, allí solo faltaba el homenajeado; aunque su espíritu alegre y cordial, y su manera de ser amigo de sus amigos, se respiraban por doquier en el ambiente. Como yo me enteré a destiempo de su muerte, y obviamente no pude ir a su funeral, tenía la sensación de que el Lolo de pronto o podía aparecer o estaba por ahí mezclado entre el numeroso gentío que ocupaba las barras del lugar. Había allí tanta gente y duró la fiesta tanto, que por donde empezar; o yo llegué tarde o creo que comenzaron a tocar Los Music Men; después vi a Alfonso Lozano El Zurdo con su banda y a Emilio Chicheri con su grupo Acequia, más tarde a los hijos del Lolo que le querían tocar un tema de Extremoduro; y al final una pléyade de músicos que improvisaban sobre la marcha en reunión. Y muchos artistas: Ángel Fernández Saura, Esteban Linares, Arturo, Angel Haro, Cacho, Ramón Garza, Flyppy, Dora Catarineau, Pepe Marcos, Manuel Muñoz Zielinski, Manolo Belzunce, entre otros. Y mucha gente importante, José Angel Navarro El Janini, Roberto Martínez con su saxo, Manolo el cartagenero o Marisú la mujer del escultor Perico Pardo y hasta Antonio Rubio, Antoñico el de El Sur. Con mucho de los pintores y escultores, y con Lolo, me eché por montera mucha noches de la movida artística de los 80, tantas como para llenar bastantes páginas de este periódico. Incluso un tal Cacho va diciendo por ahí que soy su biógrafo oficial, a lo que yo respondo que apócrifo porque después de más 30 años, apenas llevamos unas páginas. Más de 150 entrevistas sobre personajes de esos tiempos: toreros, pintores, escultores, arquitectos, taberneros, que entonces publiqué en Diario-16, allá por los 90, conforman las páginas de un libro que hasta el momento no ha tenido el beneplácito de las autoridades culturales, o de una que otra caja murciana, a la hora de aportar unos cientos de euros para su publicación. Tampoco tengo ninguna prisa, esas entrevistas son atemporales, aunque como se trata de personajes murcianos, a lo mejor sería más conveniente mostrarle la cosa, a los de la Caixa o a los de CajaMar, a veces la cosa murciana se ve de otra manera, a lo lejos. Viene esto a cuento, porque el otro día me preguntaba otro por los apellidos del Lolo, y tuve que echar mano de una de estas entrevistas. Entonces Lolo, o sea Manuel Antonio López Ruiz, me decía: "Lo más importante para mí, en los últimos años, es convivir con mis compañeros, y sin embargo amigos, de los cuáles he aprendido mucho: los pintores Párraga, Cacho y Ramón Garza, con los sigo aprendiendo y colaborando. A estos pintores los envidio tanto como artistas, y como personas". En una serie de preguntas sucintas, le planteaba los siguientes planteamientos: ¿Los pintores murcianos pintan? Y decía: "Yo sí pinto. En Murcia hay pintores y artistas"volvía a repreguntar ¿Qué representa la pintura para usted? Y respondía: "La pintura es mi conciencia". Y la última interrogante era: ¿Qué le gustaría ser de mayor? Y Lolo, afirmaba: Persona. Pues vaya, mi humilde homenaje, al pintor Lolo, a su persona y a la pintura que era su conciencia.
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20 Octubre 2009
De manera azarosa, no deja de ser un hecho propio de cronopios que en la casa de Cortázar del distrito XV parisino, su viuda y albacea Aurora Bernárdez descubriera un puñado de hojas de hojas de varios tamaños y colores en un cajón barrigudo de la cómoda en la que Cortázar escribió su magna obra: Rayuela, y decidiera enseñárselos a Carles Álvarez Garriga por navidad de 2008, que ha pergeñado esta maravilla misceláneas de cuatrocientos y pico páginas inéditas, tras dos décadas y media de la muerte de Julio, que ahora como un maná podemos saborear en estos Papeles Inesperados. Al azar, de sopetón, estos papeles no tienen precio para los cronopios, quizá un poco para los esperanzas y mucho más para los famas.
En estos Papeles Inesperados nos encontramos con poemas, artículos, prólogos, autoentrevistas y con fragmentos narrativos de sus libros Un tal Lucas o Historia de cronopios y famas, o con un capítulo desgajado de Libro de Manuel. Supongo que para un lector, joven o no, que nunca haya leído a Cortázar, y, por azar, de pronto se encuentren con estos textos de iniciación, la sorpresa debe de ser morrocutada. Pues, tanto o más, lo sigue siendo para los más versados en sus interminables juegos de lenguajes. Cortázar sigue imitando al mejor Cortázar, como un alquimista de historias, como un inventor de otras maneras de decir que todo lo que ya se presupone escrito, se puede volver a relatar de otras maneras. Con algunas de las narraciones más discretas de estos Papeles Inesperados ya deja en mantillas a algunos actuales popes de la cosa literaria actual. El tiempo siempre pone a las obras literarias en su lugar. A cuento viene recordar que Julio escribió Rayuela para una generación que no supo entenderla, y que tuvo que esperar pacientemente, ante muchos críticos literarios famas, a la siguiente generación más joven que lo encumbró. Desde entonces, la obra de Cortázar va ganando en sabor como los buenos vinos. Ya para muchos lectores, con Rayuela, hubo un antes y después en la literatura del pasado siglo XX. Lo sorprendente es que en esta década del nuevo siglo, su literatura sigue pareciendo más actual que hoy y menos que mañana. ¿O no? Me quedó con este fragmento titulado Secuencias: "Dejo de leer el relato en el punto donde un personaje dejaba de leer el relato en el lugar donde un personaje dejaba de leer y se encaminaba a la casa donde alguien que lo esperaba se había puesto a leer un relato para matar el tiempo y llegaba al lugar donde un personaje dejaba de leer y se encaminaba a la casa donde alguien que lo esperaba se había puesto a leer un relato para matar el tiempo".
Papeles Inesperados
Julio Cortázar
Editorial Alfaguara
Páginas 486/
servido por Patricio
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18 Octubre 2009
Como el poeta Pablo Neruda confesaba en sus memorias todo lo que había vivido, yo también confieso que durante los últimos cuarenta años he escuchado más de cuatrocientas y picos conversaciones, que en ocasiones se mutaban en discusiones, acerca de las bondades y los defectos entre los murcianos y cartageneros, que se piropeaban con los adjetivos de barrigasverdes y aladroques, en su versión más fina y educada, y no he llegado nunca a ninguna conclusión concluyente.
Nunca he entrado en esa dialéctica pintoresca, que no deja de divertirme, ni siquiera después de haber visto, el otro día en un partido de fútbol entre el Cartagena y el Betis, una pancarta en la que se señalaba: "Los cartageneros no somos murcianos". Por supuesto que no, ni los murcianos son cartageneros, ni los caravaqueños son de Cehegín ni los yeclanos de Jumilla ni los de La Unión de Cartagena, y ya hasta un suponer ni los mismos de Espinardo, que hasta por ser, podemos ser república independiente. Aunque supongo que los aficionados del Betis, que leyeran esa pancarta entenderían su enunciado, tampoco ellos son del Sevilla; muchos son de Triana. Como ya hablan observado, quiero hablar en clave futbolística y me estoy yendo por las ramas sociológicas.
El otro día le oí decir a un murciano y murcianista de pro que se estaba pensando el cambiar de equipo y hacerse del Cartagena, no sé sí lo estaba diciendo con retranca huertana o coña marinera. Sin embargo, razones no le faltaban viendo el juego que hace un equipo y otro y la clasificación en la tabla de la segunda división; sí, vaya, hasta los jugadores que nos funcionaban el año pasado en el Murcia y que este año juegan en el Cartagena lo hacen fetén. Esta afirmación no me resultó a priori baladí, teniendo en cuenta que cada uno puede ser del equipo que le venga en gana, faltaría más. Sin embargo, no sé porqué asociación de ideas me acordé del primer partido del Cartagena en Girona. Estaba yo viendo este partido por televisión en el hotelspa de Torre Pacheco y de pronto surgió un momento de platica con el encargado de mantenimiento técnico del hotel, siempre atento y cordial, que me decía que él solía ir unas veces a los partidos del Cartagena y otras a los del Murcia; aunque ahora le costara más tiempo llegar al nuevo estadio con el lío de tráfico. Supongo que a esta altura del partido ya se habrá decantado por un equipo. No sé que tiene que pasar para que algo cambie en el Real Murcia, lo que sí tengo claro es que este equipo no ilusiona a la gran mayoría de aficionados, todo lo contrario que ocurre en la ciudad departamental; aunque la liga acaba de comenzar, y la vida como el balón da muchas vueltas, ya se adivina por donde va ir la cosa. Así que habrá que prepararse para el derby regional, ése si que va a ser el partido del siglo en la segunda división. Y también para el otro partido del siglo, otro más, siempre es el mismo: El Barsa contra el Madrid, con el añadido de este año de Messi contra el Ronaldo, sí el mago ése con sus conjuros deja ya de joder con la pelota al portugués.
De manera que ya oigo por ahí, de vez en cuando, en la espera de ese derby entre murcianos y cartageneros, la misma cantinela de tópicos típicos, aunque en un tono mucho más distendido y divertido que otrora. Aunque de todo hay donde elegir en la viña del señor, los hay que se toman el fútbol como un juego y por haberlo haylos que se toman la vida como sí se les fuera en un partido.
Así que volviendo al partido del Betis-Cartagena que me ha suscitado los tópicos ya aludidos y otras menudencias, a vuelapluma he recordado que, tal vez, al último partido al que yo asistí en el viejo estadio de la Condomina fue un Real Murcia-Betis. Tenía yo, por entonces unas simpatías enormes al equipo trianero por su juego y especialmente por dos jugadores: Cristo y el melenudo García Soriano al que apodaban El Flaco, que era mí preferido por sus galopadas. En unas de esas galopadas se internó por la banda, se escoró hacia el centro y marcó un soberano gol que ponía el 1-3 en el marcador. Yo me levanté y grité goool. Un señor de Archena me recriminó mi acción pensando que yo era de Sevilla. Y yo le respondí que no era de esa parte, que era de la parte de Espinardo y que me gustaba el Betis. Y este señor, tras unos instantes dubitativos, dijo: pues bueno, ¡Viva el Betis manque pierda! En fin, señores aficionados albinegros y pimentoneros, en ese proceloso mar de tópicos típicos, que gane siempre el mejor: Fútbol es Fútbol.
servido por Patricio
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